Diálogo del corazón del hombre con el Corazón de Dios

Vela

Pablo Cervera Barranco | Las letanías al Corazón de Jesús son una forma de oración vinculada al mes de junio. «El mes de junio está dedicado, de modo especial, a la veneración del Corazón divino. No sólo un día, la fiesta litúrgica que, de ordinario, cae en junio, sino todos los días» (SAN JUAN PABLO II, Angelus, 27 de junio de 1982). Pero no sólo: por eso son escuela de oración para todo tiempo.

Como escuela de oración se centra en lo nuclear: el trato con la persona de Jesucristo en su centro más hondo: su corazón. «Es la oración maravillosa, integralmente centrada en el misterio interior de Cristo: Dios-Hombre» (ibid).

Las letanías recogen expresiones de la revelación divina (así la oración no es puramente subjetiva ni pietista-devocional) pero responden a lo más hondo del espíritu de todo ser humano. «Las letanías del Corazón de Jesús se inspiran abundantemente en las fuentes bíblicas y, al mismo tiempo, reflejan las experiencias más profundas de los corazones humanos. Son, a la vez, oración de veneración y de dialogo auténtico» (ibid).

Se trata, pues, de un diálogo entre el Corazón de Dios, que se ha abierto al hombre en la revelación, y el corazón del hombre que acoge esa intimidad ofrecida, y la alaba y agradece. «Hablamos en ellas del corazón y, al mismo tiempo, dejamos a los corazones hablar con este único Corazón, que es «fuente de vida y de santidad» y «deseo de los collados eternos». Con el Corazón que es «paciente y lleno de misericordia» y «generoso para todos los que le invocan». Esta oración, rezada y meditada, se convierte en una verdadera escuela del hombre interior: la escuela del cristiano» (ibid).

La centralidad de esta oración no sólo hace referencia a los «dos corazones» que se ponen en juego (el de Dios y el del hombre), sino que se focaliza en el núcleo de la fe cristiana: la persona de Cristo y su obra redentora y la respuesta a que se nos llama: «¿Tú quien dices que soy yo? ¿Qué he hecho por ti… qué harás por mí? «Al rezar las letanías ―y en general al venerar al Corazón Divino― conocemos el misterio de la redención en toda su divina y, a la vez, humana profundidad. Simultáneamente, nos hacemos sensibles a la necesidad de reparación. Cristo nos abre su Corazón para que nos unamos con Él en su reparación por la salvación del mundo. Hablar del Corazón traspasado es decir toda la verdad de su Evangelio y de la Pascua» (ibid).

Es momento, pues, de aprender y aprovechar este lenguaje de oración y amor.

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