Si le dais posada

Políptico de las Obras de Misericordia
Retablo de las Obras de Misericordia -fragmento- (Maestro de Alkmaar)

Guillermo Camino Beazcua, Presbítero y Profesor de Historia del Arte

La ruta de Emaús sigue los pasos
de un hombre que camina:
¡qué bueno si llegara y fuera el Otro
que dos tristes amigos necesitan!

Y el Hombre aquel que todo lo escuchaba
y amándoles ardía,
pidió el mismo camino amablemente,
y fueron tres andando en compañía.

Cuando se acerca el verano, los caminos que llevan a Compostela nos recuerdan que otros tantos peregrinos, por otras rutas, también discurren buscando acogida. Jesús proclama como posada singular: Venid a mí los cansados y hallaréis vuestro descanso. Jesús peregrino y posada nos enseñan a dar sentido a esta obra de misericordia: “Dar posada al peregrino”.

Pensemos en el primer huésped, el más importante de todos, Jesús, que quiere a diario, a través de la Eucaristía, ser recibido en el hogar de nuestro corazón, para así llevarlo a nuestras familias, trabajos, lugares de estudio… Y Dios es aquel peregrino que al alojarse en nuestras vidas también nos aloja en su paz, pero sin tener en cuenta nuestras miserias, porque no viene a condenarnos sino a salvarnos. Camina peregrino a Emaús, deseando ser escuchado y descubierto cuando al llegar a la posada, se le invita a pasar. Pero la posada es El. ¿Te atreverás a alojarte en mi Corazón? nos interroga Jesús.

La hospitalidad es un valor fundamental en los seres humanos, algo que todos necesitamos cultivar y como obra de misericordia adquiere aún mucho más sentido. Esta cuarta obra corporal de misericordia consiste en dar alojamiento a quien está de paso y necesita un lugar donde quedarse. Jesús mismo dijo que se haría presente en el necesitado (Mateo 25, 31- 46), haciendo hincapié también en que uno de ellos sería El “peregrino” a quien debíamos hospedar. Alojar, hospedar, dar posada, significa, recibir a alguien temporalmente en nuestra casa… Pero, ¿Qué circunstancias pueden darse hoy en día para que podamos tener un gesto como este con los demás? ¿Estamos dispuestos a hacerlo si se presenta la necesidad? ¿Qué significa ser peregrino?

En la antigüedad el gesto de hospedar significaba mucho, en una cultura nómada y transeúnte en la que las personas se trasladaban largas distancias a pie, atravesando despoblados y zonas de aridez, era difícil sobrevivir sin la ayuda de los residentes que pudieran facilitar descanso y comida. Particularicemos la imagen en la Virgen María, peregrina a Ain Karem o junto a su esposo, en las últimas semanas de embarazo, caminando a Belén y no hallando posada en aquel lugar… Cristo, peregrino en el vientre de su madre sobresaltó a Juan al hallar posada y aún más se hizo peregrino al huir a Egipto.

Hoy en día existen diversidad de personas, que por diferentes motivos y necesidades deben recorrer largas distancias a pie, quienes lo hacen como refugiadas buscando la posada “Europa”, tantas veces con el cartel “al completo”. Otros caminan para conseguir agua, acarreando sus recipientes, o en el caso de quienes huyen de la guerra, que no solo deben transitar larguísimas distancias a pie, en medio del terror, sino también arriesgar sus vidas escapando por mar, y con la esperanza de que en algún otro país los puedan recibir y darles trato digno.

¿Quiénes son los peregrinos del día a día? ¿Cuáles son las posadas donde necesitan hospedarse para tomar fuerzas? y ¿Cuáles son las “pobrezas” que el Papa nos pide combatir con esta obra de misericordia tan actual en nuestro continente?

DESDE LA PALABRA DE DIOS

Una casa no es lo mismo que un hogar. La burbuja inmobiliaria ha creado un anillo que rodea nuestras ciudades de abundantes casas vacías. Una casa puede ser pequeña o grande, lujosa o precaria, pero lo importante es que cumpla su función principal: que reúna las condiciones materiales suficientes para que en su interior se pueda habitar, vivir. A diferencia de ella, un HOGAR viene a ser más bien el “ambiente” o “clima” afectivo que se desarrolla dentro de una casa, puede desarrollarse un ambiente armonioso, familiar, y de calidez humana.

Con frecuencias las personas llaman a las puertas de nuestra vida como el amigo inoportuno, podemos razones para seguir durmiendo… pero el amor es más que la educación, o la conveniencia de atender a quien con sus insistencia delata nuestra indiferencia. “Temo a Jesús que pasa”. Cristiano es quien acoge y recibe a los peregrinos sin medir, si son amigos o enemigos, o lo que han hecho o hacen, sino más bien brindarlo todo, y contribuir a sanar a través del perdón, que es la forma más eficaz de llevar el mensaje de Dios.

Si en nuestro corazón sabemos cultivar, desde Dios Trino, llevaremos esa presencia divina a donde quiera que vayamos, y cada encuentro humano, sea por el motivo que sea, se transformará en encuentro fraterno, con sabor a hogar y a familia, en el que intervendrán infinidad de gestos concretos de caridad que pueden dar a los demás un plus para continuar el peregrinaje de su propia rutina.

De los diversos textos que pueden iluminar esta obra de misericordia (Jesús acogido en casa de Marta y María…) propongo leer el Evangelio del peregrino y la posada Emaús. No en vano el maestro I de Silos, en la representación de este pasaje, viste a Jesús como peregrino. Emaús es el símbolo de la acogida del Resucitado en lo cotidiano de la vida. Lo que nos impide verlo son los ojos retenidos: «Pero sus ojos estaba retenidos para que lo reconocieran» (Lc 24,16).

Jesús es el Otro siempre a nuestra mano, el Otro que arde de amor por entrar en conversación. Si lo tenemos a El, su amistad es cual liturgia que alumbra y purifica. Como diría san Juan De La Cruz… si le damos posada. Sí, le damos posada y desde la acogida, entendemos la voz sentida de Dios. La palabra humana es palpitación de palabra divina, si previamente el Dios de nuestra creación y amor ha sido percibido.

Jesús en medio de nosotros es el Transparente. En El las Escritura trasparecen. La acogida en Emaús provocó dos experiencias: la aparición y la desaparición. Los dos discípulos iluminados por Cristo Resucitado, percibieron el sentido de la vida y tuvieron alegría de corazón; los acogedores, acogidos por el caminante, pudieron desandar los caminos y volver a la misión.

El calendario cristiano celebra la memoria de Santos peregrinos y hospitaleros que se atrevieron a dar posada: desde Domingo de La Calzada, Juan de Ortega, san Amaro, san Antón, san Guillermo… numerosos son los hospitaleros de quienes podríamos recordar su acogida en el desierto o en el camino, a desconocidos transeúntes acogidos en el amor de Cristo transeúnte.

UNA IMAGEN PARA ORAR

Nos acompaña en este artículo la cuarta tabla del Políptico de las Obras de Misericordia. El mensaje de la obra es sencillo: a una posada en el primer plano, llegan seis peregrinos. Cinco de ellos llevan calabaza, calzado y capelo; tres de ellos llevan las insignias de los jacobeos (bordón y vieiras en el sombrero), son los peregrinos oficiales; quienes tenían un reconocimiento como tal a lo largo de las rutas a Santiago. Pero el primero en acceder es un caminante “sin credencial”, no lleva hábito de peregrino y conforme a las normas actuales, debiera dejar preferencia a los peregrinos acreditados. Una mujer que espera en primera línea, dándonos también la espalda, aguarda ignota su turno. En el fondo de la tabla, a dos peregrinos se les indica el lugar del albergue. Como si fuese un personaje fuera de lugar, en medio de los peregrinos se encuentra Jesús, a quien descubrimos con igual rostro y vestido en todas las tablas de este políptico. Sólo asoma el rostro, pero está. Sin duda se cumple la promesa “A mí me lo hicisteis”, a aquella premisa de la Regla Benedictina: El huésped sea acogido como si se tratase de Cristo. Dos hospitaleros les reciben con gran afecto: abrazo de acogida y alimentos para recuperar fuerzas.

Ante esta diversidad de signos, deseemos ser la Iglesia samaritana que sale a los caminos y lleva a las posadas. Que el signo jacobeo que recorre nuestras tierras y que en este tiempo lleva a tantos hermanos a unirse a proyectos hospitaleros a lo largo del Camino, siga siendo una ocasión que promueva la evangelización en la acogida. Son numerosas las instituciones y comunidades que manifiestan este carisma en la vida de la Iglesia, quienes lo hacen como misión en su consagración y quienes lo viven como compromiso temporal. Muchas de ellas están siendo lugares significativos en la evangelización de caminantes y peregrinos, transeúntes, sin-techo. A buen seguro que todos conocemos lugares y experiencias a las que podemos aportar nuestra ayuda o compromiso. Al menos es lo que hizo el samaritano en la parábola, al llevar al herido a la posada para que allí fuese cuidado y pagó los gastos que éste fuese a generar.

Hablar en amistad es cual liturgia
que alumbra y purifica,
y Dios se desvelaba porque es nuestro,
tan fácil de acoger su voz sentida.

Cercana Trinidad, que eres la casa
en donde se respira,
¡oh Dios amor, presencia circundante,
a Ti la adoración agradecida! Amén.

Fray Rufino Grández

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