Año Jubilar franciscano

, Diácono permanente | El pasado día 10 de enero, la Penitenciaria Apostólica, mediante un Decreto emitido de conformidad con la voluntad del Sumo Pontífice León XIV, estableció un Año Jubilar especial en conmemoración del octavo centenario del tránsito de San Francisco de Asís. El Papa León XIV ha dispuesto que, desde el 10 de enero de 2026 hasta el 10 de enero de 2027, se celebre este Año de San Francisco, durante el cual todos los fieles cristianos están invitados a seguir el ejemplo del Santo de Asís, convirtiéndose en modelos de santidad de vida y testigos constantes de paz. Concediendo la indulgencia plenaria bajo las condiciones habituales a quienes participen devotamente en este jubileo extraordinario, que representa una continuación ideal del Jubileo Ordinario de 2025.
Acercarse a la figura de San Francisco siempre resulta reconfortante y un motivo para profundizar en su vida, obra, encuentros y viajes, puede ser esta conmemoración.
San Francisco de Asís conocido como el “il poverello d´Assisi” (el pobrecillo de Asís) por su amor a los pobres, es una de las figuras más influyentes y queridas de la historia del cristianismo. Su vida marcó un punto de inflexión en la espiritualidad medieval y su mensaje de pobreza, humildad, paz y amor por la creación continúa vigente en la actualidad. Fue fundador de la Orden de los Frailes Menores, inspirador de diversas ramas religiosas y modelo de fraternidad universal. San Francisco transcendió su tiempo y su contexto histórico para convertirse en un símbolo universal de sencillez y de compromiso con los más pobres.
San Francisco nació en la ciudad de Asís, en Italia, en el año 1181 ó 1182 (según su biógrafo Tomás de Celano). Su nombre de nacimiento fue Giovanni di Pietro di Bernardone. Era hijo de Prieto Bernardone, un próspero comerciante de telas y de Pica Bourlemont, una mujer profundamente religiosa. Su padre, debido a sus constantes viajes comerciales por Francia, le dio el sobrenombre de “Francesco”, que significa “el francés”, nombre con el que pasaría a la historia.
Desde su juventud, Francisco llevó una vida acomodada y despreocupada. Disfrutaba de las fiestas, la música y los placeres propios de su edad y de la posición social a la que pertenecía. Soñaba con convertirse en caballero y alcanzar gloria y prestigio. Sin embargo, estos ideales comenzaron a desmoronarse tras participar en una guerra entre Asís y Perugia, en la cual fue hecho prisionero, pasando un año en la cárcel. Esta experiencia, junto con una grave enfermedad posterior, lo llevó a una profunda crisis interior. Pero Francisco ignoraba todavía los designios de Dios sobre su persona, pues animado por su padre pensó en volver a alistarse para combatir de nuevo. San Buenaventura en su Leyenda mayor, nos dice: “una vez recobradas las fuerzas y cuando iba adornado con preciosos vestidos, le salió al encuentro un caballero noble, pero pobre y mal vestido. A la vista de aquella pobreza, se sintió conmovido su compasivo corazón, y despojándose inmediatamente de sus atavíos, vistió con ellos al pobre, cumpliendo así, a la vez, una doble obra de misericordia: cubrir la vergüenza del noble caballero y remediar la necesidad de un pobre.
Desde entonces buscaba soledad, dedicado por completo a la oración y sucedió que se le apareció Cristo Jesús en la figura del crucificado. A su vista quedó su alma derretida al modo se le grabó en lo más íntimo de su corazón la memoria de la pasión de Cristo. Comprendió con esto el varón de Dios que se le dirigían a él particularmente aquellas palabras del Evangelio: “Si quiere venir en pos de mí, niégate a ti mismo, toma tu cruz y sígueme” (Mt 16,24)
A partir de ese momento, Francisco inició un proceso de conversión espiritual. Comenzó a cuestionarse el sentido de su vida y a buscar a Dios de una manera más intensa. Uno de los episodios más importantes de su conversión sucedió cuando, al rezar en la iglesia de San Damián, escuchó una voz que le decía: “Francisco, repara mi casa, que como ves está en ruinas”. Al principio interpretó estas palabras de forma literal y se dedicó a reparar iglesias abandonadas, vendiendo incluso telas de su padre para obtener dinero. Este comportamiento provocó un fuerte conflicto con su padre, quién lo acusó públicamente. En un gesto radical, renunció a toda herencia y posesión, incluso devolvió a su padre la ropa que vestía y declaró que desde ese momento sólo reconocía a Dios como su Padre. A partir de entonces, abrazó una vida de pobreza absoluta.
La obra espiritual y religiosa de San Francisco de Asís se caracteriza principalmente por su radical vivencia del Evangelio. Su ideal era seguir a Cristo pobre y crucificado, sin posesiones materiales, confiando plenamente en la Providencia. Esta forma de vida llamó la atención de otros jóvenes que comenzaron a unirse a él.
En 1209, Francisco redactó una forma de vida basada en pasajes del Evangelio y viajó a Roma para presentarla al papa Inocencio III. Y aunque al principio hubo dudas, el papa aprobó oralmente la regla, dando origen oficial a la Orden de los Frailes Menores (Ordo Fratrum Minorum, O.F.M.). Esta orden se expandió rápidamente por Europa y se convirtió en una de las más importantes de la Iglesia.
Además de la orden masculina, Francisco inspiró la fundación de la Orden de las Clarisas junto a Santa Clara de Asís, quien siguió un ideal similar de pobreza y contemplación. También impulsó la creación de la Tercera Orden Franciscana, destinada a los laicos que deseaban vivir el espíritu franciscano, sin abandonar sus responsabilidades familiares y sociales.
San Francisco dejó una importante obra escrita, aunque breve y sencilla. Entre sus escritos destacan el Cántico de las Criaturas o Cántico del Hermano Sol, considerado como uno de los primeros textos poéticos en la lengua italiana. En él, Francisco expresa su profunda fraternidad con toda la creación, llamando hermanos y hermanas al sol, la luna, el agua, el fuego y la tierra.
Durante su vida Francisco efectuó varios viajes motivados principalmente por su deseo de predicar el Evangelio y promover la paz. Junto con sus primeros compañeros, recorrió diversas regiones de Italia predicando a la gente sencilla, invitando a la conversión, a la reconciliación y al amor fraterno. Uno de los viajes más significativos fue el que realizó a Roma, donde como he comentado anteriormente, buscó el reconocimiento oficial de la orden. Este viaje fue crucial para la consolidación del movimiento franciscano dentro de la Iglesia.
Francisco también mostró un fuerte impulso misionero. Intentó viajar a Siria para predicar entre los musulmanes, pero se lo impidió una enfermedad. Más tarde, durante la 5ª cruzada fue a Tierra Santa, en 1212 llegó a Egipto, donde tuvo lugar uno de los encuentros más famosos de su vida: la reunión con el sultán Malik al-Kamil. Este encuentro fue excepcional para la época, ya que Francisco se presentó desarmado y con una actitud pacífica ante un líder musulmán en medio de un contexto de guerra. Según las fuentes, ambos dialogaron con respeto y el sultán quedó impresionado por la sencillez y valentía de Francisco. Y aunque no logró la conversión del sultán, este episodio es considerado un símbolo del diálogo inter-religioso y de la búsqueda de la paz.
A lo largo de su vida, San Francisco tuvo encuentros que marcaron profundamente su camino espiritual. Uno de los primeros y más importantes fue su encuentro con los leprosos. Inicialmente sentía repulsión y miedo hacia ellos, pero decidió acercarse, abrazarlos y servirlos. Este gesto simboliza su transformación interior y su identificación con los más excluidos. Otro encuentro fundamental fue con el crucifijo de San Damián, que marcó el inicio de su misión. Asimismo, su relación con Santa Clara de Asís fue decisiva. Clara, inspirada por el ejemplo de Francisco, abandonó su vida acomodada para seguir el mismo ideal evangélico, convirtiéndose en una de las grandes santas de la Iglesia. Otro de los encuentros claves, fue el que protagonizó con el papa Inocencio III, ya que permitió la aprobación de la orden. Según la tradición, el papa tuvo un sueño en el que veía a Francisco sosteniendo la Iglesia para que no se derrumbara, lo que influyó en su decisión. Finalmente, uno de los encuentros más profundos de su vida, fue el retiro en el monte Alvernia el año 1224, donde recibió los estigmas, es decir, las marcas de la pasión de Cristo en su cuerpo. Este hecho reforzó la imagen de Francisco como hombre profundamente unido a Cristo.
San Francisco falleció el 3 de octubre de 1226, a los 44 ó 45 años, tras una vida marcada por la enfermedad, el sacrificio y la entrega total. Fue canonizado apenas dos años después de su muerte por el papa Gregorio IX.
El legado de San Francisco es inmenso. El espíritu franciscano ha influido en la Iglesia, en la cultura, en la literatura y en la ecología. San Francisco fue proclamado patrono de los animales y del medio ambiente, y su mensaje de cuidado de la creación cobra hoy una relevancia especial.
En conclusión, la vida de San Francisco de Asís, es un testimonio de coherencia entre fe y acción. Su renuncia a las riquezas, su amor a los pobres, su respeto por la naturaleza y la búsqueda incansable de la paz, lo convierten en una figura universal. A través de su vida, obra, viajes y encuentros, San Francisco ha dejado una huella profunda que sigue inspirando a creyentes y no creyentes de todo el mundo. Su mensaje invita a vivir con sencillez, fraternidad y compromiso con los demás, recordando que la verdadera riqueza no está en poseer, sino en amar y servir.