Esperanza de cielo

Fr. , OCD | Volar. Volar alto. Volar hasta llegar al cielo. Cuando vemos un águila o cualquier ave que con majestuosidad, atraviesa un valle en pocos segundos, o baja en picado para atrapar una presa, o vuelta hasta lo más alto y se pierde entre las nubes que nos hacen mirar al cielo, nos maravillamos y soñamos con poder volar dejando abajo la tierra. Es algo que no es posible para los hombres. Está reservado para las aves y algunos otros animales. Ensancha el alma contemplar el vuelo de los pájaros cuando uno pasea por el campo, la montaña o el mar. Es una experiencia que llena de paz, esperanza y regocijo.
Si damos un paso más, podemos llegar a lo que parece imposible para un hombre: ¡volar! Con el cuerpo no podemos, pero con el corazón puesto en oración sí. Así lo vive y lo pone por escrito San Juan de la Cruz en uno de sus poemas, Tras un amoroso lance. Es sublime lo que el místico doctor nos deja por escrito en su cuerpo poético. Por algo ha sido nombrado Doctor de la Iglesia. Y antes Santo. Son dos realidades que nos ayudan a elevar la mirada al cielo; y más si en un año como este celebraos su 300º aniversario de la Canonización y su 100º de Doctor de la Iglesia. Así, con esta noticia y sorpresa por ser además año jubilar, comenzamos el 2026. El maestro espiritual que nace en Fontiveros (Ávila) y muere en Úbeda (Jaén) nos ha dejado un legado que no podemos desaprovechar y menos en este año de gracia.
¡Leamos sus libros y poemas! ¡Entremos en oración! ¡Volemos alto! ¡Demósle a la caza alcance! ¿Cómo? Pues como lo hace él, estando muy unidos a Cristo. Sin Cristo no podemos volar al cielo en oración. Es él quien nos hace volar hasta alcanzarle…
San Juan de la Cruz nos muestra en sus escritos de muchas maneras, a cual más bella e intensa, que Jesúcristo termina su vida en este mundo y entrega todo al Padre. Reza y se ofrece por la salvación de los hombres. Todo ofrecido hasta la consumación de los siglos… Nos anima a volar con él con su Tras un amoroso lance: “Para que yo alcance diese/ a este lance divino,/ tanto volar me convino/ que de vista me perdiese;/ y con todo, en este trance/ en el vuelo quedé falto;/ mas el amor fue tan alto,/ que le di a la caza alcance”.
Todo queda consumado en el árbol de la cruz, ha recibido todo del Padre y entrega todo al Padre. Es la unión plena que ha quedado descrita en el evangelio de Juan capítulo 17… Siguiendo el poema de fray Juan podemos decir con él: “Cuanto más alto subía/ deslumbróseme la vista,/ y las más fuerte conquista/ en oscuro se hacía;/ más, por ser de amor el lance,/ di un ciego y oscuro salto,/ y fui tan alto, tan alto,/ que le di a la caza alcance”.
Cristo es libre para darlo todo. Ahí está nuestra salvación, en la ofrenda de Cristo al Padre. Subimos y subimos cada vez más alto gracias a la libertad que tenemos como hijos de Dios… Unidos al místico doctor podemos clamar: “Cuanto más alto llegaba/ de este lance tan subido,/ tanto más bajo y rendido/ y abatido me hallaba:/ dije: ¡No habrá quien alcance!/ Y abatíme tanto, tanto/ que fui tan alto, tan alto,/ que le di a la caza alcance”.
Llegamos al culmen, a la unión, al vuelo imperial del águila que nos lleva hasta Cristo, sumo sacerdote que intercede por nosotros ante el Padre, ora en nosotros y es Dios mismo que escucha y acoge nuestra oración para que lleguemos al cielo con San Juan de la Cruz: “Por una extraña manera/ mil vuelos pasé de un vuelo,/ porque esperanza de cielo/ tanto alcanza cuanto espera;/ esperé solo este lance,/ y en esperar no fui falto,/ pues fui tan alto, tan alto,/ que le di a la caza alcance”.
¿Tenemos suficiente esperanza? ¿Dónde ponemos nuestra esperanza, en la tierra o en el cielo? ¿Queremos alcanzar la caza? Si seguimos los pasos de San Juan de la Cruz llegaremos a nuestra meta, a la unión con Dios de una manera maravillosa, fastuosa, majestuosa, volando con fray Juan para darle a la caza alcance. ¿Empezamos?
Él nos lleva la delantera: “Tras un amoroso lance,/ y no de esperanza falto,/ volé tan alto, tan alto,/ que le di a la caza alcance”.