Los siete dolores de la Virgen María

, Diácono permanente | Si hay una imagen que representa el sufrimiento que se vive durante la Semana Santa, son las tallas que a lo largo de toda la geografía española existen de la Virgen de los Dolores, cuya fiesta se celebra el 15 de septiembre. Existe en la tradición católica una devoción muy antigua dedicada a los siete dolores de la Virgen María. Esta devoción contempla los momentos más dolorosos que vivió la Virgen María, madre de Jesús, a lo largo de la vida de su hijo. A menudo se la representa con siete espadas atravesando su corazón, un símbolo éste, que expresa el profundo sufrimiento que experimentó como madre, ante los acontecimientos de la vida y muerte de Jesús. Esta tradición invita a los fieles a reflexionar sobre el sufrimiento, la fe y la fortaleza de María frente al dolor.
El misterio de la participación de la Virgen madre dolorosa en la pasión y muerte de su Hijo es probablemente el acontecimiento evangélico que ha encontrado un eco más amplio y más extenso en la religiosidad popular. Uno de esos ejercicios de piedad son el simbolismo de la imagen de la Virgen con siete espadas clavadas en el corazón, que proviene de la profecía del anciano Simón, quien al ver al niño en el templo anunció a María: “Y a ti misma, una espada te atravesará el alma” (Lc 2,33-35). Con el paso del tiempo, la tradición cristiana identificó siete momentos concretos de dolor en la vida de la Virgen, representados por esas siete espadas. Este símbolo no pretende mostrar un sufrimiento físico, sino un dolor espiritual profundo, que no es otro que el dolor de una madre que ve sufrir a su hijo inocente.
Pero el dolor de la Virgen, aunque encuentra en el misterio de la cruz, su primera y última significación captada por la piedad mariana, también en otros acontecimientos de la vida de su Hijo el fervor mariano ha encontrado hechos en los que la madre participó personalmente. En general se suele considerar el dolor de la Virgen, no sólo en la pasión de Jesús, sino también en su infancia.
Veamos estos siete momentos concretos de dolor:
LA PROFECÍA DE SIMÓN. Cuando José y María presentaron al niño en el templo de Jerusalén, Simeón los bendijo y luego bajo el impulso del espíritu profético, se dirigió a la Virgen con estas breves palabras: “Este niño está destinado para ser caída y resurgimiento de muchos en Israel; será signo de contradicción, para que sean descubiertos los pensamientos de muchos corazones. Y una espada te atravesará el alma” (Lc 2,34-35). Este momento marca el comienzo del sufrimiento de la Virgen, pues anticipa el destino trágico que su hijo tendrá que afrontar.
LA HUIDA A EGIPTO: El segundo dolor sucede cuando el rey Herodes el Grande ordena matar a todos los niños menores de dos años nacidos en Belén y toda su comarca, pensando que con ello eliminaría al recién nacido que podría convertirse en rey. José fue advertido por un ángel que le dijo: “Levántate, toma al niño y a su madre y huye a Egipto; y estate allí hasta que yo te lo diga. Porque Herodes va a buscar al niño para matarle”. Él cogió al niño y a su madre y se retiró a Egipto, y estuvo allí hasta la muerte de Herodes (Mt 2,13-15). Este episodio muestra el miedo y la incertidumbre de una familia que debe abandonar su hogar y convertirse en una familia refugiada para proteger la vida del Niño.
EL NIÑO PERDIDO EN EL TEMPLO: El tercer dolor ocurre cuando Jesús, con tan solo doce años, se queda en el templo de Jerusalén sin que sus padres lo sepan. «Sus padres iban todos los años a Jerusalén a la fiesta de la Pascua. Cuando Jesús tenía los doce años, subieron como de costumbre a la fiesta. Al volverse pasados los días, el niño Jesús se quedó en Jerusalén, sin saberlo los padres. Creyendo que estaba en la caravana hicieron un día de camino, y le buscaron entre los parientes y los amigos, pero al no encontrarle, se volvieron a Jerusalén a buscarle. Al cabo de tres días, le encontraron en el templo sentado en medio de los maestros, escuchándoles y haciéndoles preguntas; todos los que le oían, estaban asombrados por su inteligencia y sus respuestas. Cuando le vieron quedaron sorprendidos y su madre le dijo: ‘Hijo ¿por qué nos has hecho esto? Mira, tu padre y yo, angustiados, te andábamos buscando.’ Él les dijo: ‘Y ¿por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debía estar en la casa de mi Padre?’ Pero ellos no comprendieron la respuesta que les dio. Bajó con ellos, vino a Nazaret y vivía sujeto a ellos. Su madre conservaba cuidadosamente todas las cosas en su corazón» (Lc 2,41-51).
Aunque Jesús explica a su madre que debía ocuparse de las cosas de su Padre, la angustia vivida por la desaparición durante tres días de su Hijo, refleja la preocupación y el sufrimiento de una madre ante la pérdida de un hijo.
MARÍA ENCUENTRA A JESÚS CAMINO DEL CALVARIO: El cuarto dolor se sitúa durante la pasión de Cristo. María se encuentra con su Hijo mientras éste carga con la cruz camino del Calvario. Este encuentro no está explícitamente registrado por ninguno de los evangelistas, es una escena tradicionalmente meditada que forma parte de la piedad popular, concretamente en la cuarta estación de la Vía Crucis. Es fácil imaginar la escena: una madre ve a su hijo golpeado, humillado y condena a la peor muerte. ¿A qué madre no se le partiría el corazón? De nuevo la Virgen vio atravesado por el dolor su corazón.
LA CRUCIFIXIÓN Y MUERTE DE JESÚS: El quinto dolor es el momento culminante del sufrimiento de María: la muerte de su Hijo en la cruz. Los Evangelios narran que María estuvo presente en el lugar de la crucifixión, junto a algunas mujeres y el discípulo amado del Señor: Junto a la cruz de Jesús estaban su madre, María, mujer de Cleofás, y María Magdalena. Jesús, viendo a su madre y junto a ella al discípulo a quien amaba, dice a su madre: “Mujer ahí tienes a tu hijo”. Luego dice al discípulo: “Ahí tienes a tu madre”. María contemplo la agonía y muerte de Jesucristo, quien antes de morir como nos narra el evangelista San Juan (19,25-27) confió a su madre al discípulo amado. Este momento simboliza el sacrificio supremo y la fidelidad de María, que permanece junto a su Hijo incluso en el momento más doloroso.
JESÚS ES BAJADO DE LA CRUZ: El sexto dolor ocurre cuando el cuerpo de Jesús es bajado de la cruz y colocado en los brazos de su Madre. Esta escena ha sido representada innumerables veces en el arte cristiano, especialmente es famosa a escultura de la Piedad de Miguel Ángel. La imagen muestra a María sosteniendo en brazos el cuerpo sin vida de su Hijo, una representación poderosa del dolo materno y de la compasión.
JESÚS ES COLOCADO EN EL SEPULCRO: Este es el último dolor, sucede cuando el cuerpo de Jesús es llevado al sepulcro. María debe separarse definitivamente en este mundo de su Hijo, y ver cómo le dan sepultura tal y como nos lo narran los evangelistas: “Al atardecer, vino un hombre rico de Arimatea, llamado José, que se había hecho también discípulo de Jesús… José tomó el cuerpo de Jesús, lo envolvió en una sabana limpia y lo puso en el sepulcro nuevo que había hecho escavar en la roca… allí estaban María Magdalena y la otra María, sentadas frente al sepulcro” (Mt 27,57-61).
Los siete dolores de María tienen un significado espiritual profundo para los creyentes. Representan la capacidad de mantener la fe incluso en medio de los sufrimientos. La Virgen María aparece como ejemplo de fortaleza, paciencia y fe en dios.
Más allá de su dimensión religiosa, esta imagen de la Virgen también transmite un mensaje universal; “el amor de una madre capaz de permanecer fiel incluso en medio del dolor más grande”. Por ello la Virgen de los Dolores continúa siendo un símbolo de consuelo, esperanza y fortaleza para millones de personas en todo el mundo.