San Daniel Comboni, mil vidas para la misión

Estatua de Daniel Comboni en Verona
Fotografía: Giacomo Augusto 2 (Wikipedia)

César Ruiz, Misionero comboniano

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San Daniel Comboni, mil vidas para la misión

Mil vidas para la misión

San Daniel Comboni nace en Limone sul Garda (Italia) el 15 de marzo de 1831, en una familia de campesinos al servicio de un hacendado. Sus padres Luigi y Doménica tuvieron ocho hijos, pero la mayoría fallecieron a temprana edad, Daniel era el cuarto y estaba muy unido a su familia que era rica de fe y de valores humanos, pero pobre de medios materiales.

Cuando tiene 12 años, sus padres deciden llevarlo a Verona, al Instituto de don Nicolás Mazza, para jóvenes sin recursos, pero con talento. Estos pueden elegir entre vida religiosa o laical. Durante su etapa de estudiante, Comboni, manifiesta el deseo de hacerse sacerdote y, atraído por el testimonio de los primeros misioneros del Instituto, descubre también su vocación misionera. Al terminar sus estudios, el 31 de diciembre de 1854, es ordenado sacerdote y, tres años después, el 10 de septiembre de 1857, de acuerdo con sus superiores, decide marchar a África junto a otros cinco misioneros del Instituto Mazza.

Al llegar a Korosco, en Nubia, escribe a su madre: “Si vieras la miseria que hay en estas regiones, aunque hubieras tenido cien hijos, los cien se los habrías dado a Dios para que viniesen a traer un consuelo a estas pobres almas. Agradece, por tanto, al Señor que te haya concedido la gracia de darle todo lo que tenías”. Finalmente, después de cuatro meses de fatigoso viaje, llegan a Jartum, la capital de Sudán. Comboni empieza a comprender las dificultades de la nueva misión sobre todo por el clima, las enfermedades, la muerte de jóvenes misioneros y la pobreza de la gente.

Después de dos años, a finales de 1859, la expedición regresa a Italia, pero de los seis que salieron sólo quedan Daniel Comboni y otros dos, los demás han muerto. A pesar de las adversidades, Comboni está decidido a seguir adelante; para él “la misión de África Central es una obra divina” que lleva el sello de la cruz.

El 15 de septiembre de 1864, mientras hace oración ante la tumba de San Pedro, en Roma, tiene una inspiración que lo lleva a elaborar su famoso “Plan para la regeneración de África”, fundado sobre la idea de “salvar África por medio de África”. En este plan manifiesta su confianza en las capacidades del africano como protagonista de su propia evangelización y lo ve como futuro artesano, maestro, sacerdote, etc., al mismo nivel que cualquier europeo. Pero el Instituto de don Mazza, viendo las enormes dificultades de la misión africana, decide dejar esta empresa. Comboni queda fuera del Instituto y prácticamente solo en la obra que Dios le ha confiado.

Para llevar a cabo el Plan, funda los Misioneros Combonianos en 1867 y las Misioneras Combonianas en 1872, y recorre Europa pidiendo ayuda para la misión africana a reyes y señores, obispos y sacerdotes, religiosos y religiosas, y gentes de toda clase y condición. Pero quiere que la empresa sea “católica”, es decir, de toda la Iglesia, y no sólo de un determinado país.

En 1872 es nombrado Provicario Apostólico de África Central. Cuando regresa a Jartum, dice a su gente: “El día y la noche, el sol y la lluvia me encontrarán igualmente y siempre dispuesto a atender vuestras necesidades espirituales; el rico y el pobre, el sano y el enfermo, el joven y el viejo, el amo y el siervo tendrán siempre igual acceso a mi corazón. Vuestro bien será el mío, y vuestras penas serán también las mías… Y el día más feliz de mi existencia será aquél en que pueda dar la vida por vosotros”.

El 2 de julio de 1877 recibe el nombramiento de Vicario Apostólico, y el 12 de agosto, del mismo año, es consagrado obispo con sede en Jartum. El Vicariato Apostólico de África Central, que la Santa Sede le confía es muy extenso, tiene unos cinco millones de kilómetros cuadrados, y pertenecen a su jurisdicción: Nigeria, Chad, República Centroafricana, Sudán, Uganda, Kenia, Tanzania y parte de la Rep. Democ. del Congo.

Durante los años 1877-1878, Sudán sufre una gran sequía que diezma a la población y a los misioneros. Mucha gente está hambrienta y desesperada y come hierba para sobrevivir. También mueren los animales. Cuando finaliza la sequía, comienza a llover torrencialmente y las aguas estancadas traen consigo enfermedades.

En 1880 Comboni vuelve a África por octava y última vez para continuar la actividad misionera y la lucha contra la esclavitud. Un año después, agotado por las fiebres y afectado por las incomprensiones y la muerte de varios compañeros, fallece en Jartum (Sudán) el 10 de octubre de 1881, a los 50 años de edad. Antes de dejar este mundo, les hace prometer a los suyos que serán fieles a su vocación misionera, y lleno de fe y esperanza dice: “Yo muero, pero mi obra no morirá”.

El papa san Juan Pablo II lo beatifica el 17 de marzo de 1996 y, unos años después, el 5 de octubre de 2003, lo canoniza en la Basílica de San Pedro de Roma.

La obra evangelizadora de Comboni no ha muerto. Y la familia comboniana, formada por misioneros, misioneras y laicos, sigue el camino del Fundador y continúa trabajando en la evangelización del mundo.

Frases de San Daniel Comboni

– Si el Papa, Propaganda Fide y todos los obispos del mundo me fuesen contrarios, bajaría la cabeza por un año y luego presentaría un nuevo Plan; pero desistir de pensar en África, jamás, jamás.

– He vendido mi voluntad, la vida y a mí mismo por entero… al Vicario de Cristo… y rehusaría incluso convertir, si lo pudiese con la gracia de Dios, a todo el mundo, si no fuese por mandato y autoridad de la Santa Sede y sus representantes.

– El misionero debe estar dispuesto a todo: a la alegría y a la tristeza, a la vida y a la muerte, al abrazo y al abandono… Nuestra vida es una mezcla de dolor y gozo, angustias y esperanzas, sufrimientos y consuelos.

– Tendremos que fatigarnos, sudar, morir; pero al pensar que se suda y se muere por amor a Jesucristo y la salvación de las almas más abandonadas de este mundo, encuentro el consuelo necesario para no desistir en esta gran empresa.

– El camino que Dios me ha trazado es la cruz… soy feliz en la cruz, que llevada con gusto por amor de Dios engendra el triunfo y la vida eterna.

– Yo sólo tengo una vida. Quisiera tener mil vidas para consagrarlas a la salvación de las almas.

Oración por las misiones y las vocaciones

¡Oh Padre!, Tú quieres que todos los pueblos alcancen la salvación; despierta, pues, en todo creyente un nuevo fervor misionero, para que Cristo sea testimoniado y anunciado a los que aún no le conocen.

Por intercesión de san Daniel Comboni sostén y alienta a los misioneros en su obra evangelizadora y sigue suscitando nuevas vocaciones para las misiones.

Virgen María, Reina de los Apóstoles, que has ofrecido el Verbo encarnado al mundo, dirige la humanidad hacia Aquél que es la luz verdadera que ilumina a todo viviente, y haz de nosotros unos fervientes colaboradores suyos. Por Cristo nuestro Señor. Amén.

Oración de la Familia Comboniana

Padre, que has manifestado en san Daniel Comboni un ejemplo admirable de amor a Ti y a los pueblos de África, concédenos por su intercesión ser transformados por la caridad que brota del Corazón traspasado de Cristo, Buen Pastor.

Haz que, imitando su santidad y su celo misionero, nos consagremos enteramente como comunidad de apóstoles a la regeneración de los más pobres y abandonados para alabanza de tu gloria. Por Cristo nuestro Señor. Amén.


Id al mundo entero y proclamad el Evangelio (Mc 16,15)

San Daniel Comboni
1831-1881

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