La empatía, un valor en el mundo de la salud

Médico sostiene la mano de un paciente

César Ruiz, Misionero comboniano

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La empatía, un valor en el mundo de la salud

Jesús, el amigo de todo enfermo

La mayor parte de los milagros que narran los evangelios son en favor de personas enfermas; podemos decir que Jesús es el amigo de todo enfermo. La gente viene de las aldeas, pueblos y ciudades para pedirle la ansiada curación. Él siempre se la concede, basta que tengan fe.

La tarea de curar enfermos también forma parte de la misión de los Apóstoles, cuando Jesús los envía al mundo entero a anunciar el Evangelio (cf. Mc 16,15-20).

La Iglesia continúa la misión de Jesús en el mundo y, siguiendo el ejemplo del buen samaritano (cf. Lc 10,25-37), ha mostrado siempre una solicitud particular por los enfermos.

Que la Virgen María, nuestra Madre, conforte a los enfermos y sostenga a los que, con su profesionalidad y entrega, se dedican a curar las heridas físicas y espirituales de los que sufren.

El enfermo y la enfermedad

Desde el punto cristiano, el enfermo siempre es más importante que la enfermedad y, de acuerdo con el mandamiento bíblico del amor al prójimo, debemos tratarlo con empatía. Y, cuando no sea posible la curación, siempre se le puede escuchar y consolar.

La empatía y la escucha activa

El término empatía viene del griego empátheia, y significa «apreciación de los sentimientos de otra persona». En el mundo de la salud, la empatía consiste en ponerse en lugar del paciente para comprender su situación y tratar de ayudarle.

La actitud empática nos lleva a prestar atención, no sólo a lo que dice el enfermo, sino también a su lenguaje corporal, la expresión facial y el tono de su voz. Estas consideraciones son de sentido común, y nos ayudan a comprender mejor cómo afecta la enfermedad a su vida, a su trabajo y a sus relaciones sociales.

La buena relación entre médico y paciente siempre tiene un efecto positivo; sin embargo, en la práctica, la escucha activa se ve condicionada por la falta de tiempo, las diferencias culturales, la presencia de familiares y las dificultades del profesional sanitario a la hora de poner en práctica la atención empática.

La sobrecarga laboral

Muchas veces, los profesionales de la salud se sienten sobrepasados por la cantidad de enfermos que tienen que atender en un tiempo limitado. En esas circunstancias, el personal médico se centra más en los síntomas, en las medicinas y en lo que el paciente tiene que hacer, y menos en escucharle con empatía.

La paciencia, una virtud necesaria

Afrontar con paciencia y buen ánimo las dificultades, que aparecen en la atención a los enfermos, es algo necesario.

En algunos casos, el agradecimiento del paciente, hacia los médicos y enfermeras que le han atendido, es escaso, y, cuando se marcha, sale sin dar las gracias o mostrar gratitud. Cuando esto ocurre, creo que lo mejor es pasar página y, con buen ánimo, seguir adelante.

También puede ocurrir que nos toque atender a un enfermo indignado. En esas circunstancias, es un reto para el profesional de la salud reconducir la situación a la normalidad con un enfoque comprensivo.

Beneficios de la empatía

La práctica de la empatía mejora la atención al paciente y contribuye al bienestar emocional de los profesionales de la salud. Por ejemplo:

– Ayuda al enfermo en su proceso de recuperación, reduciendo su estrés y ansiedad.
– Hace que el paciente, al sentirse apoyado y comprendido, acepte mejor el tratamiento.
– Ofrece al profesional de la salud una oportunidad para conocer al enfermo, darle ánimo y, si lo cree conveniente, decirle: «Estamos aquí para ayudarte».

La distancia emotiva

Algunas veces, el profesional de la salud se deja llevar por la empatía y, al ponerse en lugar del paciente, vive su sufrimiento. Después, al terminar la consulta, en algunos casos, se lleva a su casa al enfermo y la enfermedad y esto perturba notablemente su descanso.

El deseo de ayudar al paciente, con respeto y dignidad, lleva consigo un desgaste que, si no se corrige a tiempo, pasa factura. Por eso es necesario establecer unos límites personales para desconectar a tiempo y recuperar la distancia emotiva y evitar así el agotamiento emocional.

En la vida, todo es cuestión de equilibrio, por eso dice el refrán: «En el justo medio está la virtud».

El paciente está de paso

Es conveniente tener presente que el paciente, normalmente, no es ni un familiar, ni un amigo, es una persona que está de paso y ha venido al centro de salud para curarse de su enfermedad.

Al final, si es agradecido, dará las gracias por la atención recibida y luego seguirá su camino; en la mayoría de los casos, no lo veremos más.

La satisfacción del paciente

En los centros de salud es una prioridad la satisfacción del paciente. De ahí la importancia del buen trato de los profesionales de la salud. Para transmitir confianza y cercanía, puede ayudar:

– Llamar al paciente por su nombre, con amabilidad.
– Hablar con él sobre su estado de salud y su tratamiento.
– Si va acompañado de familiares, valorar su apoyo en el proceso de curación.

La salud en la tercera edad

La mayoría de los que peinamos canas tenemos achaques y enfermedades que requieren una atención médica frecuente. Para nosotros es consolador encontrar personal médico que nos escuche y nos recete algo para ir adelante. También, a veces, aparecen llagas rebeldes que necesitan una atención de enfermería prolongada.

Los que acudimos a centros de salud debemos estar agradecidos al personal sanitario que nos atiende para curar nuestras enfermedades, cuando es posible, y mejorar nuestra calidad de vida.

Un día, una doctora me dijo: «He notado que las personas que tienen fe llevan mejor las enfermedades que aquellas que no son creyentes». Esto es una gran verdad, pues la fe da sentido a nuestra vida; los que somos creyentes tenemos presente que Dios nos ama, y lo que nos ocurre o nos pueda ocurrir entra dentro del plan de Dios para nuestra salvación.

Para terminar, doy gracias a Dios por los médicos y enfermeras que, poniendo su ciencia y buen hacer al servicio de los enfermos, rozan la excelencia. También agradezco y admiro a los que, con su formación médica especializada y su investigación, consiguen que muchos enfermos se curen, y, para los que no es posible la curación, que, durante los cuidados paliativos, encuentren la debida preparación para el encuentro definitivo con el Creador.

Frases motivadoras

«Cuando la gente habla, escúchala atentamente. La mayoría de la gente nunca escucha». (Ernest Hemingway)

«La empatía es ver con los ojos de otro, escuchar con los oídos de otro y sentir con el corazón de otro». (Alfred Adler)

«La empatía reside en la habilidad de estar presente sin opinión». (Marshall Rosenberg)

«Lo más difícil del mundo es ser consciente del dolor de otra persona». (Pat Barker)

«Hay que cuidar a los enfermos con el mismo amor con el que una madre cuida a su único hijo enfermo». (San Camilo de Lelis).

«Deseo animar a los enfermos y a los que sufren a encontrar siempre en la fe un ancla segura, alimentada por la escucha de la palabra de Dios, la oración personal y los sacramentos». (Benedicto XVI).

«La vida siempre debe cuidarse y ser amada desde el momento de la concepción hasta el ocaso natural». (Papa Francisco).

La empatía, un valor en el mundo de la salud

«Tratad a los demás como queréis que ellos os traten» (Jesús de Nazaret)

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