La Palabra de Dios en tiempos difíciles

Rosario y café

Francisco Castro, Diácono Permanente | En el momento de escribir esta colaboración, la humanidad se enfrenta a una pandemia mundial provocada por un nuevo virus, conocido como coronavirus o COVIT19. Una pandemia que a millones de personas nos tiene confinadas en nuestros hogares como medida de prevención y de contención contra la expansión de dicho virus. Esta prevención nos impide el poder desplazarnos con la libertad de la que gozábamos antes de esta situación. Está claro que hoy todos somos conscientes de lo duro que es perder la bendita rutina diaria, con actos tan cotidianos como ir al trabajo, que los niños vayan al cole, hacer la compra diaria, pasear, quedar con los amigos y familiares. Es duro tener que estar todo el día encerrados en casa, pero es absolutamente necesario.

Y en medio de todas estas medidas preventivas que tenemos que soportar por el bien de todos, a los cristianos se nos añade una más: el cierre de las Iglesias en muchos lugares. Una medida que ha traído como consecuencia la ausencia de la celebración de la Eucaristía en los templos. Una falta que ha sido suplida por la trasmisión de la Santa Misa a través de otros medios de comunicación como la TV o internet. Ante esta dificultad son muchos los sacerdotes que han tomado la iniciativa a través de las redes sociales retransmitiendo la celebración de la Santa Misa y sobre todo han animado a los cristianos a orar en sus hogares. Incluso hay un joven párroco responsable de tres pueblos en la Provincia de Valladolid, quien a través de la red social y bajo el lema “Hagamos de nuestro hogar un lugar de oración”, nos animó a los cristianos a que preparásemos un rincón en nuestros hogares dedicado a la oración con alguna imagen del Señor, de la Virgen y los Santos y que hiciéramos una foto para poder difundirla después. Puedo aseguraros que ha sido todo un éxito de participación.

Efectivamente, son días de necesidad de oración y no me refiero sólo a la oración vocacional o de memoria, si no a la necesidad de recibir de primera mano el consuelo del Señor, sentir que Dios está entre nosotros y esta es la razón por lo que me ha parecido oportuno reflexionar sobre la importancia que debe tener para el cristiano acudir al origen de la oración, al origen de nuestra fe. Me refiero a “la Palabra de Dios”, contenida en la Sagrada Escritura.

Estamos acostumbrados a oír la Palabra de Dios cuando vamos a misa y el sacerdote o el diácono en la homilía reflexiona sobre la misma. Pero ¿abrimos la Biblia habitualmente y la leemos con fe?

La Constitución Dogmática sobre la Divina Revelación: “Dei Verbum”, nos recuerda la importancia de la lectura asidua de la Sagrada Escritura y que ésta debe acompañar la oración para que se realice el diálogo de Dios con el hombre, pues como dijo San Ambrosio: “a Dios hablamos cuando oramos, a Dios escuchamos cuando leemos sus palabras”.

No podemos negar la importancia que tiene para nosotros la Palabra de Dios a través de la Sagrada Escritura, porque tal y como nos lo recuerda San Jerónimo “desconocer la Escritura es desconocer a Cristo”.

La Palabra de Dios es vital para la comunidad cristiana: “La Iglesia se edifica y crece escuchando la Palabra de Dios” (Ordenación de las Lecturas de la Misa 7). Por eso la Iglesia siempre ha venerado las Sagradas Escrituras como lo ha hecho con el Cuerpo de Cristo.

El Papa Francisco publicó el pasado 30 de septiembre de 2019, la Carta Apostólica en forma de “motu proprio” titulada “Aperuit Illis”, una carta por la que instituye el tercer domingo del Tiempo Ordinario, como el “Domingo de la Palabra de Dios”, un domingo completamente dedicado a la Palabra de Dios, para comprender la riqueza inagotable que proviene de ese diálogo constante de Dios con su pueblo. La intención del Papa es que toda la Iglesia pueda celebrar con un mismo propósito el Domingo de la Palabra.

Pero el Papa Francisco va más allá y afirma que es profundo el vínculo entre la Sagrada Escritura y la fe de los creyentes. Porque como dice San Pablo en su Carta a los Romanos, “la fe proviene de la escucha y la escucha está centrada en la palabra de Cristo”, de ahí deriva la importancia que los creyentes tenemos que dar a la escucha de la Palabra del Señor tanto en la acción litúrgica como en la oración y en la reflexión personal.

El Papa nos advierte que en el camino de la escucha de la Palabra de Dios, siempre nos acompaña la Madre del Señor, reconocida como bienaventurada porque creyó en el cumplimento de lo que el Señor le había dicho.

Para terminar no se me ocurre otra frase que la expresada en la carta a los Hebreos, cuando nos afirma que “La Palabra de Dios es viva y enérgica” (Heb 4,12).

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