¡Vuestra soy, para Vos nací!

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Francisco Castro, Diácono Permanente | El pasado 8 de agosto en el Encuentro Europeo de Jóvenes, celebrado en Ávila, durante la Vigilia de Oración presidida por Mons. Xavier Novell, obispo responsable del Departamento de Juventud de la Conferencia Episcopal Española, hubo tres testimonios de varias personas que compartieron con los seis mil jóvenes asistentes al evento su propia experiencia de la llamada que el Señor les había hecho personalmente.

Primero intervino un matrimonio joven que llevaban muy pocos meses casados, ellos explicaban que insertar a Jesús en su vida les daba fuerzas y les llenaba de esperanza ante un futuro desconocido pero lleno de ilusión y proyectos. Ellos habían dicho al Señor sí cuando los llamó para el matrimonio, y lo hacían conscientes de que al injertar a Jesús en su proyecto de vida en común, habían respondido como lo hizo Santa Teresa: “Vuestra soy, para Vos nací”. Porque los carismas cristianos son muchos y también desde el matrimonio podemos ser del Señor, servirle a través del amor de los esposos, educando y amado a los hijos que el Señor tenga a bien regalarnos.

En segundo lugar intervino el padre Antonio Jiménez, un joven sacerdote de 26 años, que había sido ordenado apenas unas semanas antes en Ávila. Estaba agradecido al Señor por su vocación, reconoció que en su camino hacia el sacerdocio tuvo el apoyo inestimable de sus padres, de los formadores del seminario y de más personas que le acompañaron en su decisión de entregarse al Dios de la vida a través del sacerdocio con el fin de servir a los demás, porque su entrega de servicio al Señor de nada vale si no se dirige hacia los hermanos en Cristo. El padre Antonio es un ejemplo más de respuesta clara y comprometida a la llamada del Señor. Él al igual que la Santa respondió: “Vuestra soy, para Vos nací”.

El último testimonio fue el de una joven gallega, que recibió la llamada de Jesús en un retiro con unas monjas. Contó que al principio se resistió un poco, de hecho cuando esto ocurrió estaba estudiando en la universidad, había montado su propio negocio, y andaba saliendo con un chico. Pero la llamada a la vida consagrada fue más fuerte que sus dudas. Se preguntó más de una vez cómo era posible que el Señor la llamara a ella una joven que tenía un futuro profesional prometedor, pero disipó sus vacilaciones cuando volvió de nuevo a un retiro con sus futuras hermanas de convento. Ella también ha dicho al Señor “Vuestra soy, para Vos nací” y lo hace como Santa Teresa consagrando su vida al servicio del Señor y a los demás hermanos.

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Pero el bello poema de Santa Teresa, continua con una pregunta: “¿Qué mandáis hacer de mí?” Esta pregunta tan esencial nos la deberíamos hacer cada uno de nosotros hasta encontrar la respuesta. Lo que implica esta cuestión es plantearnos el para qué hemos venido a este mundo, ¿qué nos tiene deparado el Señor para cada uno de nosotros? Santa Teresa con este poema expresa una vida que se comprende como don del amor de Dios y ofrenda para él. Ella encontró su razón de vivir mirando las iniciativas de ternura que Dios tomó en su vida. Con este poema Santa Teresa refleja de forma magistral el sentir teresiano, la total entrega del alma enamorada, como dúctil barro en las manos del Amado.

En el Libro de su Vida, existe un párrafo en el que Santa Teresa desvela el ansia que sentía por ponerse plenamente al servicio del Señor, y en el que describe textualmente las palabras Vuestra soy, para Vos nací:

“Ordenad Vos, Señor, cómo fuereis servido, cómo esta vuestra sierva os sirva en algo. Mujeres eran otras y han hecho cosas heroicas por amor de Vos. Yo no soy para más de parlar. Y así no queréis Vos, Dios mío, ponerme en obras. Todo se va en palabras y deseos cuanto he de servir; y aún para esto no tengo libertad, porque por ventura faltara en todo. Fortaleced Vos mi alma y disponedla primero. Bien de todos los bienes y Jesús mío, y ordenad luego modos cómo haga algo por Vos, que no hay ya quien sufra recibir tanto y no pagar nada. Cueste lo que costare, Señor, no queráis que vaya delante de Vos tan vacías las manos, pues conforme a las obras se ha de dar el premio. Aquí está mi vida, aquí está mi honra y mi voluntad. Todo os lo he dado, vuestra soy, disponed de mí conforme a la vuestra. Bien veo yo, mi Señor, lo poco que puedo; más, llegada a Vos, subida a esta atalaya adonde se ven verdades, no os apartando de mí, todo lo podré; porque si os apartáis, por poco que sea, iré adonde estaba, que será el infierno. (Vida 21,5)

Santa Teresa encontró su misión, su sitio en la vida poniéndose plenamente al servicio del Señor. Lo mismo que los tres testimonios de las personas que he mencionado al comienzo, cada uno debemos encontrar nuestra misión en este mundo, y existen multitud de maneras de servir al Señor: desde el matrimonio, el sacerdocio, la vida consagrada, el diaconado permanente y tantos otros carismas cristianos. Lo realmente importante es preguntar el Señor qué quiere mandar hacer de nosotros y como Santa Teresa darle una respuesta comprometida y entregada: “Ordenad vos, Señor, cómo fuereis servido, cómo esta vuestra sierva os sirva en algo”.

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