La Santa Faz

La Santa Faz
Imagen: La Santa Faz (Wikipedia)

Fr. Rafael Pascual Elías, OCD | En pleno verano, pasado el mes del Sagrado Corazón y el de la Virgen del Carmen, llega agosto que llena de fiestas nuestros pueblos con la gran solemnidad de la Asunción de la Virgen María. A ella se suman santos como San Roque o San Bartolomé que alegran festivamente nuestros lugares de descanso y reencuentro familiar y de amistades. Son momentos donde nos podemos alejar un poco de la oración. Por eso es bueno tener de fondo cómo rezamos para fortalecer nuestra vida de oración de verano.

Hemos de tener en cuenta que muchas veces alabamos y damos gracias a Dios con gran alegría y gozo sin costarnos nada este modo orante. ¿Pero nos paramos a recapacitar si es esta la oración que quiere Dios de nuestros corazones y si realmente es agradable a su divina majestad? Por el contrario cuando pedimos algo, nos importa mucho que Dios nos responda pronto y bien, como nosotros queremos. La vida de oración tiene que tener en cuenta estas dos actitudes para que sea todo gracia de Dios y vida cada vez más llena del amor de Dios.

Por eso es bueno que nos presentemos realmente ante el mismo Dios, ante su Sagrada Faz, y seamos sinceros. Podemos aprovechar la fiesta de la Transfiguración, el 6 de agosto, para poner todo esto en práctica. Ese día la Iglesia difunde el rostro transfigurado de Nuestro Señor Jesucristo. Algunos pueblos lo celebran, no muchos, pero si tenemos la suerte de tener algún pueblo cercano al nuestro que viva las fiestas en torno a Jesús transfigurado vayamos a misa, recemos y pongamos nuestro corazón ante ese Dios hecho carne que nos muestra el camino para llegar hasta el Padre.

Es muy fácil, pidamos Espíritu Santo y sigamos los pasos de Santa Teresita y sus hermanas que oran y se consagran a la Santa Faz el 6 de agosto de 1896. Aquí nos quedan estas líneas que nos sirven para rezar de corazón, ir directamente hasta el mismo Jesús y dejarle todo ante Él, abandonarnos en su amor y consagrarnos a su Santa Faz:

«¡Oh Faz adorable de Jesús!, ya que has querido elegir nuestras almas de manera especial para entregarte a ellas, venimos a consagrarlas a ti… Nos parece, Jesús, oír que nos dices: ‘Abridme, hermanas mías, esposas mías queridísimas, que tengo la Faz cubierta de rocío y los cabellos del relente de la noche’. Nuestras almas comprenden tu lenguaje de amor, nosotras queremos enjugar tu dulce Faz y consolarte del olvido de los malvados. A sus ojos, tú estás todavía escondido, te consideran como objeto de desprecio…

¡Oh Faz más bella que los lirios y las rosas de primavera, tú no estás escondida a nuestros ojos… Las lágrimas que velan tu mirada divina nos parecen diamantes preciosos que queremos recoger para con su valor infinito comprar las almas de nuestros hermanos.

De tu boca adorada hemos escuchado la amorosa queja. Y sabiendo que la sed que te consume es una sed de amor, quisiéramos, para poder apagártela, poseer un amor infinito… Esposo amadísimo de nuestras almas, si tuviésemos el amor de todos los corazones, todo ese amor sería para ti… Pues bien, danos tu ese amor y ven a apagar tu sed en tus pobres esposas…

Almas, Señor, tenemos necesidad de almas…, sobre todo de almas de apóstoles y de mártires, para que gracias a ellas podamos iluminar con tu Amor a la multitud de los pobres pecadores.

¡Oh Faz adorable, lograremos alcanzar de ti esta gracia!

Olvidándonos de que estamos desterradas junto a los canales de Babilonia, te cantaremos al oído las más dulces melodías, y como tú eres la verdadera, la única Patria de nuestros corazones, esos nuestros cantos no serán cantados en tierra extranjera.

¡Oh Faz adorada de Jesús!, mientras esperamos en día eterno en que contemplaremos tu gloria infinita, nuestro único deseo es hechizar tus divinos ojos escondiendo también nosotras nuestro rostro para nadie aquí en la tierra pueda reconocernos…

Tu mirada velada: he ahí nuestro cielo, Jesús.

Firmado:

Teresa del Niño Jesús y de la Santa Faz
María de la Trinidad y de la Santa Faz
Genoveva de Santa Teresa María de la Santa Faz»
(Oración 12).

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