Amar a los heridos de la vida

Mujer de espaldas

Mons. Francisco Cerro Chaves, Obispo de Coria-Cáceres | La labor de la Iglesia es ser Jesús acogiendo y curando a los heridos de la vida. ¿Cuál será la misión de la Iglesia y que siempre tendrá necesidad la humanidad? Sin lugar a dudas ponerse de rodillas delante de todos los empobrecidos, de los que viven sin futuro, de los que se encuentran en todas las periferias. Es necesario acoger y ayudar a los heridos de la vida a que sus vidas que aparentemente no le interesa a nadie, es necesario demostrar que le interesa el Señor con su Iglesia.

Nos comentaba hace unos días, el Rector del Seminario de Plasencia que dando catequesis a chicos y chicas, descubría a muchos heridos en sus familias y en su futuro. Terminaba diciendo que sintonizar con los heridos es verdaderamente la nueva evangelización. No se evangeliza hasta que no se toca el corazón humano herido con la caricia de la Misericordia de Dios. En todas las realidades de la vida hoy nos encontramos con personas heridas, niños, adolescentes, jóvenes, familias, mayores. Sin sintonía con los heridos no llegaremos a evangelizar el corazón humano. Cuando nos ponemos en esta perspectiva probablemente volveremos a recuperar la esperanza y no tendremos la sensación que percibo en algunos sacerdotes, laicos, religiosos de que tenemos que “tirar la toalla” y retirarnos a los cuarteles de invierno, porque no tenemos nada que hacer.

Tenemos mucho futuro y mucho presente, sí, con ayuda del Señor, llegamos al corazón humano. Si no somos capaces de ir al corazón herido de la gente de nuestro tiempo, no seremos capaces de evangelizar y tendremos la experiencia una y otra vez de que somos portadores de un ideal que no llega a nadie y que cada vez interesa menos a todos.

Con esta clave que el Papa Francisco nos está continuamente ofreciendo, estoy seguro que habremos acertado en la nueva evangelización. ¿Acaso el futuro no será de quien transmite esperanza a los heridos de la vida? El sacerdote, el catequista, el que vive su vida en una comunidad eclesial tiene que saber que cambia su vida cuando sintoniza con los heridos de la vida, los empobrecidos, los sin nombre y sin papeles, los que viven en todos los vacíos y todas las intemperies.

Es necesario descubrir que no hay evangelización si falta la caridad de curar a los heridos que viven en todas las periferias las geográficas y los de corazón. Desde todas las realidades que estamos viviendo se puede anunciar a Cristo que es el camino de la Vida verdadera, que aún sin saberlo es lo que está gritando y llamando el corazón humano; cuando somos capaces de sintonizar con nuestros niños, jóvenes, familias, matrimonios y mayores, porque primero les amamos de verdad y llegamos a todos los heridos, a los que a veces se alejan porque no les ofrecemos lo que forma parte de sus vidas.

Por esto es muy necesario que nos dediquemos a no quedarnos encerrados en interminables teorías y no ir a los que sufren que son los destinatarios con los que sintoniza el Evangelio. Sin saber que esta es nuestra misión y que es más necesaria que nuestra labor porque la escasez de dar a Cristo, de transmitir la fe sería sin lugar a dudas empobrecer cada vez más a tantos que sólo Jesús da sentido y vida plena a la experiencia con Jesús todo tiene otro sabor y otro sentido. ¿Lo han descubierto los heridos de la vida? Este es siempre, hoy más que nunca, la misión de nuestra Iglesia.

Anterior

Decálogo del equilibrio

Siguiente

En la población almeriense de Vera