“Yo estaré con vosotros todos los días hasta el fin del mundo” (Mt. 28,20)

Sol

Julio A. de Pablos, Director de Agua Viva | Bien sabemos como el joven Bernardo de Hoyos suspiraba por habitar en el Corazón de su Señor. Su mayor anhelo era encontrar su morada cierta ya en esta tierra. No un puerto inseguro sino un lugar firme de consuelo y verdadero descanso. Pero el Señor que no escatima en generosidad para aquellos que lo buscan, no solo se ofrece como refugio en las noches de oscuridad sino que también quiere habitar en medio de su pueblo, para que su manifestación misericordiosa siga impregnando cualquier situación de pobreza humana.

Sus palabras: “Yo estaré con vosotros todos los días hasta el fin del mundo” (Mt. 28,20) se ratifican a cada paso eucarístico; en cada toque de su benevolencia; en cada instante donde la eternidad de Dios toca la finitud del hombre y la va transformando paulatinamente hasta revestirla de su propia divinidad. Sí, Dios ha querido plantar su tienda en el valle de la humanidad para que el hombre ascienda hasta el monte de la eternidad. Y no ha querido dejarlo solo en su indigencia sino que sigue recorriendo los pasos de las historia humana para impregnar con sus huellas la tierra que habitamos.

Él es y está en medio de nosotros para que sintamos como su mano se hace cercana y nos levanta de las postraciones a las cuales nos somete, en tantas circunstancias, la propia vida. Su Corazón palpitante y su presencia viva irradian de una luz gozosa e inusitada nuestros días y nuestras noches, porque él ha querido quedarse con todos, y cada uno de nosotros, hasta el fin de nuestro tiempo.

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