Sea el Señor alabado que me libró de mí

Imposición del collar y manto a Santa Teresa

Guillermo Camino Beazcua, Presbítero y Profesor de Historia del Arte

Veis aquí mi corazón,
yo le pongo en vuestra palma,
mi cuerpo, mi vida y alma,
mis entrañas y afición,
dulce Esposo y redención,
pues por vuestra me ofrecí:
¿qué mandáis hacer de mí?

Va culminando el año teresiano. Entre las manifestaciones culturales tan diversas por toda la geografía de nuestro país, vamos descubriendo las huellas de Teresa, tan visibles en sus fundaciones, y tan sensibles al barro de nuestra identidad; y es que si algo tiene santa Teresa, es que querida de todos, pues pocas personas han dicho cosas tan claras sobre lo que claramente a todos nos ocupa y preocupa. El mundo de la artes, la literatura, la espiritualidad, la vida consagrada, las comunidades cristianas tan diversas… miran a Teresa y en ella ven aspectos fundamentales del ser humano, casi diríamos universales y atemporales. Para nosotros como creyentes, miramos a Teresa como maestra en la conversión y cristificación. La conversión se expresa en ese pasar de vivir de estar centrado en las ocupaciones, preocupaciones del viejo yo, a cuando éste va dejando hueco para que Dios viva: “Yo me veía otra en todo… poníame en las manos de Dios, que Él sabía lo que me convenía, que cumpliese en mí lo que era su voluntad en todo” (V 27.1)

La lectura de su itinerario nos va descubriendo cómo fue librándose de cuanto la alejaba de Cristo, para poder exclamar “Ya del todo me entregué y di, y de tal suerte he trocado que mi Amado es para mí y yo soy para mi Amado”. Vamos a justificarlo conociendo la experiencia de las quintas moradas.

1. COMO ESTÁ ESCRITO EN TU LIBRO: HEME AQUÍ PARA HACER TU VOLUNTAD. HEB 10, 7.

Recuerdo una anécdota de un crío hace unas semanas. Repasando el padrenuestro llega el tal y dice: …venga a nosotros tu reino, hágase la voluntad… y suma y sigue. Reparo en la desaparición del posesivo y le pregunto con cierta sorpresa:

– ¿De quién es la voluntad? O sea que se haga la voluntad ¿de quién?

Los compañeros del grupo se me quedan mirando como extrañados por la pregunta… sus rostros delataban que tenían claro que la voluntad se debía cumplir era la de cada uno. Casi siempre hacemos como ellos, “Señor que se cumpla mi voluntad”…La voluntad… lo ha de ser de Dios, es suya, ¡HÁGASE TU VOLUNTAD, PADRE!

La cuestión no es tan ingenua, a la propia Teresa se ve que le preguntaban las monjas qué era hacer la voluntad de Dios: ¿Qué pensáis, hijas, que es su voluntad? Que seamos del todo perfectas, que para ser unos con él y con el Padre, como su Majestad le pidió, mirad que nos falta para llegar a esto” (M.5.3.7)

Con esta y otras expresiones, Teresa nos alienta a comprender que la perfección no es exclusivamente una cuestión moral, tanto un ejercicio de comunión e identificación con Dios, como diría Pablo, “ya no soy yo quien vivo es Cristo quien vive en mí”. Las quintas moradas nos llevan a descubrir la confianza de Jesús en el Padre al entregarle de todo su voluntad. Algo que no nace en nosotros de forma ingenua, sino que es expresión de una “conversión de madurez”, quizá como Teresa, bien expresada al llegar las crisis que los “diablos meridianos” nos procuran. Morar en estas quintas estancias, nos lleva a preguntarnos si nos hemos rendido del todo, o qué limites ponemos en la entrega.

La experiencia oración en las quintas moradas, nos lleva a orar para conocer, cumplir y vivir la voluntad de Dios. Discernir y descubrir la voluntad de Dios, conlleva un proceso de interiorización y de socialización de la experiencia de Dios. Por un lado para no caer en el subjetivismo y para huir, por otro lado, de la responsabilidad. Entregar la voluntad es dejar las riendas, para que Él las guíe por las manos de sencillos aurigas. Ese ejercicio de dejarse conducir es para Santa Teresa, uno de los mejores modos de identificarse con el propio proceso de Cristo, el Hijo que cumple la voluntad del Padre: “Pues quiéroos avisar y acordar qué es su voluntad. No hayáis miedo sea daros riquezas, ni deleites, no honras, no todas estas cosas de acá… ¿Queréis ver cómo se ha con los que de veras le dicen esto? Preguntadlo a su Hijo glorioso, que se lo dijo cuando la oración del Huerto. Como fue dicho con determinación y de toda voluntad, mirad si la cumplió bien Él en lo que le dio de trabajos y dolores e injurias y persecuciones; en fin, hasta que se le acabó la vida con muerte de cruz. Pues veis, aquí, hijas, a quien las amaba lo que dio, por donde se entiende cuál es su voluntad. Da conforme al amor que nos tiene: a los que ama más, da de estos dones más… a quien le amare mucho, verá que puede padecer mucho por Él… tengo yo para mí que la medida del poder llevar gran cruz o pequeña es la del amor”.

Y es aquí en donde descubrimos una clave teresiana, si cumplir la voluntad es cuestión de amor, y de un amor que es recibido pues hemos recibido en primer lugar una confianza tal, Dios en su amor nos capacita para ser fieles, y nuestra fidelidad es el mejor modo de amar a quien tanto confía. Es decir, cumplir la voluntad de Dios, es una relación de amor. Por eso las quintas moradas, nos devuelve la conciencia de esposos-esposas queridos, y tal experiencia nos guía para entender la Alianza de Amor, que Dios quiere establecer con nosotros, y cómo dar la espalda a este plan, amando otras voluntades, rompe maritalmente ese desposorio. Dios es fiel y está en quien le busca: “Está su Majestad tan junto y unido con la esencia del alma” “no se puede dudar que está Dios en ella”. (M 5.1.5 y 5.1.9). Un aspecto muy de Teresa es entender que quien entrega su libertad se hace esclavo; y es verdad, del mismo modo que quien siendo esclavo gana en libertad, acaba siendo libre. Pues bien, Teresa, en esta disposición del Hijo de vivir entregado a la voluntad del Padre, le lleva a considerarle esclavo. “Esto os enternezca el corazón, hijas mías, para amar a vuestro Esposo, que no hay esclavo que de buena gana diga que lo es, y que el buen Jesús parece se honra de ello” (C 33.4). Teresa nos invita a meditar cómo quien era libre, se hizo esclavo, para liberar por este trueque a quienes éramos esclavos. Cristo redime entregando su libertad. Un aspecto que nos invitará Teresa, asumir en las séptimas moradas, participar de la esclavitud de Cristo.

2. UNA IMAGEN PARA ORAR

Nos acompaña en esta ocasión uno de los temas iconográficos teresianos más interesantes: la imposición del collar por manos de la Virgen y del manto por manos de san José. Se trata de la representación de una singular experiencia que Teresa tuvo el día de la Asunción de 1561 en el convento dominicano de santo Tomás en Ávila. Esta experiencia que la propia Teresa redacta le dejó profundamente marcada “nunca he tenido duda que fue una visión que vino de Dios y me dejó en gran consolación y paz”. Podríamos decir que es una confirmación mística de su conversión en la plenitud de su madurez previa al proceso fundacional.

Santa Teresa

Ilustra esta experiencia de unión mística, el ejemplo conservado en Valladolid en el Monasterio de San Quirce, obra del artista Diego González de la Vega, de la escuela madrileña del XVII. Su referente puede ser el ejemplo conservado en Getxo, obra de Francisco Camilo y fechada en 1671. Siendo González de la Vega, amigo de éste, parece clara la vinculación. Como muchos conoceréis, este es el tema iconográfico que preside el retablo principal de la iglesia de la Casa de la Santa en Ávila, y que el insigne Gregorio Fernández culmina en el contexto de la canonización de la Santa. La composición de todos estos ejemplos se ciñe a la descripción que santa Teresa hace de este hecho en el Libro de la Vida. El autor ha dulcificado las formas, el canon de las figuras, el formato de los angelitos y la atmósfera atemporal que circunda la escena. Para el artista parece como si la escena fuese un rompimiento de gloria en la llegada de Teresa al Reino. Sin embargo para ella fue una visión que acontecía en esta vida, no un premio de fin de carrera, sino un don en su intimidad que manifestaba la comunión con el misterio trinitario, la trinidad en la Tierra es quien la Corona, a imagen de los desposorios místicos convencionales. “Parecíame haberme echado a el cuello un collar de oro muy hermoso, asida una cruz a él.” (Vida 33, 14)

Posiblemente, amigo lector, conozcas en tu ciudad otros ejemplos de este mismo tema, un tema iconográfico que como siempre en estas páginas y ayudarnos a orar. Orar con esta imagen guía nuestra lectura de algunas páginas bíblicas, tomo una cita: “Ya llegan días, oráculo del Señor, en qué haré con la casa de Israel y la casa de Judá una alianza nueva… Pondré mi ley en su interior y las escribiré en sus corazones; yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo.” (Jer 31, 31. 33b)

Teresa escuchó en numerosas ocasiones “Ya eres mía y Yo soy tuyo”. Estas palabras sin duda, si las sintiéramos cada uno de nosotros, podríamos decir como ella que no somos dignos de tal amor. “Son para mí estas palabras y regalos tan grandísima confusión, cuando me acuerdo la que soy, que, como he dicho creo otras veces… más ánimo me parece es menester para recibir estas mercedes, que para pasar grandísimos trabajos.” (V 39, 21)

Como en un abrazo, sin confusión y en distinción, nos unimos con Dios. Siente en qué y cómo Dios te invita a vaciarte, siente cómo Dios se te entrega, cada día tan lleno de tantos dones, en momentos íntimos de comunión, quizá más en prosa que los de Teresa, pero el Amado y Amante es el mismo.

La conocida imagen que nos ofrece las quintas moradas, de la conversión personal, a imagen del calor que hace mutarse a la crisálida en mariposilla, nos recuerda en este final de la primavera, que es tiempo de volar. Ánimo. Vuelvo a la pluma de Teresa para recordar algunos de los versos menos citados del “Vuestra soy”…

Esté callando o hablando
haga fruto o no lo haga,
muéstreme la ley mi llaga,
goce del Evangelio blando;
esté penando o gozando,
SÓLO VOS EN MÍ VIVID:
¿Qué mandáis hacer de mí?

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