El corazón de San José y de su Hijo

La Sagrada Familia en el taller de carpintería
Fotografía: Lawrence OP (Flickr)

Fr. Rafael Pascual Elías, OCD | 25 años… 25 años son muchos o pocos, según se mire. Para el que escribe estas líneas 25 años son más de media vida, pero para muchos sólo el inicio. Si vamos más allá, son nada ante la eternidad que nos espera cuando el Corazón del Hijo nos llame a estar junto a Él. Acercarse al Corazón de Cristo es algo que renueva, reconforta y religa. Uno queda nuevo cuando se abre al Sagrado Corazón, se llena de fuerza ante la fuente de la gracia y queda unido para siempre a Jesucristo si de verdad dice sí al que nos ama sin medida y entrega su Cuerpo y su Sangre en la Cruz…

Amar al Sagrado Corazón… Entrar en el Sagrado Corazón… Vivir en el Sagrado Corazón… ¿Quién no quiere conjugar en primera persona estos verbos y lo que va unido a ellos? ¿Podemos vivir sin corazón? ¿Dónde está puesta nuestra mirada?

Cuando uno se pone de rodillas ante Jesús Eucaristía y adora al mismo Cristo, Dios y hombre verdadero, todo lo dicho hasta ahora se entiende mejor y se ve como algo esencial en la vida personal. Pero si seguimos de rodillas y nos vamos muy atrás en la historia, hasta llegar a la época en que vive Jesucristo y trabaja con su padre en el taller cuando tiene 25 años, cambia por completo la perspectiva.

Callar ante la escena de un joven de 25 años que ayuda a su padre a cortar un tablón después de rematar juntos el arado que les han pedido hace una semana, nos enciende el corazón. Nuestro corazón descubre algo nuevo, un corazón de Hijo que pocas veces se ha parado uno a contemplar y el corazón de un padre que siempre ha estado escondido. Nazaret. Una calle. Una casa. Un taller. Unos instrumentos. Unos maderos. Unos hombres. Un padre y un Hijo… sigamos entrando en la escena…

¡Lleguemos hasta el Corazón del Hijo de San José cuando tiene 25 años! ¿Alguna vez hemos orado teniendo de fondo a Cristo con esos años? Seguro que no porque siempre nos vamos a la Infancia, la Vida pública, la Pasión o la Resurrección. Son los momentos narrados en los Evangelios. Esos otros años de la adolescencia y juventud quedan en lo secreto. ¿A quién acudimos sino San José, el que mejor conoce la vida oculta de Jesús de Nazaret, para que nos diga cómo es su Hijo cuando comienza a ser un hombre maduro, a trabajar para ganarse el pan de cada día, a rezar los salmos de corazón, a cuidar de su padre y de su madre, a buscar la soledad de la noche para orar al Padre, a aprender cómo se ama cuando pone su Corazón junto al corazón de su padre y de su madre?

¿Cuántas veces el Sagrado Corazón de Jesús descansaría en el corazón de San José? ¿Cómo sería el sueño de San José junto a su Hijo tras una larga jornada de trabajo porque tienen un encargo urgente y se han comprometido los dos a entregarlo cuanto antes? ¿Cuánto amor de padre manaría de un corazón casto, puro y bendito sobre el Corazón de todo un Dios hecho carne?

¿Cómo sería la mirada de Jesús con 25 años? ¿Y la de San José con 45? ¿Qué dirían los dos corazones cuando ven a María llegar con el agua de la fuente para refrescar sus cuerpos empapados en sudor por el trabajo entre maderas?

¿Hemos orado alguna vez de corazón al Sagrado Corazón en unión con el corazón de San José? ¿Somos conscientes de la singular intercesión del único padre que ha escuchado los latidos del Corazón de Dios? ¿Sabemos callar como el Carpintero de Nazaret para que sólo hable su Hijo?

Acercarse a San José ayuda a amar de otro modo al Corazón que arde por amor a todas las almas. San José es guía, maestro y padre que nos quita con sumo cuidado las virutas o vigas de madera que nos impiden contemplar lo que él admira, ¡la majestuosidad del Corazón de su Hijo!

¡Caminemos con San José en silencio! ¡Oremos con San José en silencio! ¡Dejemos obrar a San José en silencio! Nuestra vida será otra. Lo dice uno que se ha dejado llevar por este corazón de padre hacia el Corazón del Hijo de San José. Abrir el corazón a San José es algo muy intenso, muy desconcertante, muy estremecedor… ¡San José nunca falla! ¡San José siempre está a nuestro lado! ¡San José trabaja en silencio y escondido! San José es ese padre que busca lo mejor para sus hijos, va con ellos a Egipto y vuelve, ayuda a comenzar una vida nueva cuando su Hijo pone palabras en el corazón para que miremos al cielo y digamos que sí a todo lo que pide el otro Padre, el Padre de la gloria que envía a su Hijo al mundo para que todos se salven y aprendan que todo es posible. Hay que tener fe, orar, hacer silencio y trabajar. Es la vida de San José. Es la vida de todo aquel que busca el cielo. Es el regalo que no esperábamos… Un corazón de padre que está deseando que vayamos a su taller para hablar con su Hijo de 25 años y darle gracias por tantos regalos recibidos en estos 25 años de Agua Viva que no se entienden bien si no ponemos nuestro corazón ante el corazón de San José y de su Hijo.

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