San José, un buen padre y esposo

San José con el Niño Jesús

Jesús García Gañán, Presbítero | La fiesta de San José, esposo de la Virgen María y padre adoptivo de nuestro Señor Jesucristo, se celebra siempre el 19 de marzo, y en ese día solemos felicitar a todos los que son padres de familia, precisamente porque San José es modelo de padre y esposo. Pocas cosas sabemos acerca de la vida de este gran santo, que es patrón de la iglesia universal desde 1870, y por eso, algunos le han llamado el santo del silencio, porque en los Evangelios se nos recogen muy pocos datos sobre él. Sin embargo, sobre todo de los textos de Mateo y Lucas podemos extraer algunas virtudes que adornaron la vida del carpintero de Nazaret, intentaremos reseñarlas a continuación, a modo de pinceladas.

 
Esposo de María, padre de Jesús y varón justo (Mt 1, 18-21)

El evangelista Mateo, contándonos cómo fue la generación de Jesucristo, nos señala que María, la madre de Jesús, estaba desposada con José y antes de vivir juntos resultó que Ella esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo. José, su esposo, como era justo y no quería difamarla, decidió repudiarla en privado. He aquí dos características de la vida de José: era esposo de María y hombre justo. ¡Qué gran privilegio ser esposo de la Madre de Dios! Imaginémonos por un momento con qué respeto y cariño trataría José a la Virgen María. Él había sido escogido por Dios solamente para acompañar y ayudar a María en la educación del niño Jesús; debía mantener intacta la virginidad de la Madre; hacer las veces de padre de Jesús en la tierra y enseñarle a vivir en humildad y sencillez en la vida oculta del taller de Nazaret. Pero además de esposo y padre de Jesús, José era un hombre justo. San Pedro Crisólogo señalaba: José fue un hombre perfecto, poseía todo género de virtudes. Seguramente, fue muy costoso para él comprender el embarazo de María, pues estando ya desposados, resultó que Ella concibió un hijo. Sin embargo, no quiso difamarla, y… ¡qué alivio sentiría nuestro santo cuándo aquel ángel, en sueños, le animó a acoger a María como su mujer y al niño de su vientre como fruto nacido del Espíritu Santo!

 
Obediente y humilde (Mt 2, 13-23)

En varios textos se nos dice que un ángel del Señor se aparece en sueños a José y le indica lo que debe hacer ante determinadas situaciones. Y la actitud de José es siempre la obediencia. No duda en hacer siempre la voluntad de Dios, expresada por medio del ángel. San José nos enseña a ser obedientes y dóciles a todo aquello que el Señor nos pide. La Sagrada Familia de Nazaret, formada por Jesús, María y José, debe ser un paradigma a seguir por todos los que nos confesamos cristianos. Los tres fueron en todo obedientes, disponibles, humildes y generosos. María fue aquella que respondió con el sí total de su persona y de su vida para que en Ella se hiciera posible la encarnación del Señor; como esclava, implora al Señor que se cumpla en Ella todo lo que Él la propone, y gracias a su generosidad, la contemplamos hoy como modelo de Madre, Maestra, y Sierva fiel y obediente al Padre. José es el hombre callado y humilde que pasa desapercibido en el taller de Nazaret. Tiene claro que ha sido llamado por Dios para ser tutor de Jesús, esposo de María, ejemplo de padre y esposo. Por ello, permanece en la sombra, pero nunca descuida el tesoro valioso puesto en sus manos. Jesús, el niño que crecía en sabiduría, en estatura y en gracia delante de Dios, es el que más tarde, ya en su vida pública, fue obediente hasta la muerte, y una muerte de cruz. ¡Qué gran familia la de Nazaret! Algunos lo han expresado, y nunca mejor dicho: la Trinidad en la tierra.

 
Admiración y preocupación (Lc 2, 33-52)

También Lucas, en varias ocasiones, nos señala que su padre y su madre estaban admirados por lo que se decía del niño. Ambos son padres, pero no lo son de un niño cualquiera. Jesús era el Mesías esperado, el Salvador, aquel que iba a predicar por las calles de Jerusalén y a sanar a tantas personas de sus males. José y María lo sabían; el ángel se lo había dicho, y su nacimiento había sido especial. Sin embargo, ellos tuvieron su proceso; no era fácil comprenderlo. Se admiraban de todo lo que decían del niño y también quedaban atónitos ante sus enseñanzas y respuestas, sobre todo después de la preocupación ante su pérdida y posterior hallazgo en el templo: ¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debía estar en las cosas de mi Padre? ¡Bendita admiración la de José y María! ¡Ojalá también nosotros, cristianos, nos asombráramos cada día por la grandeza de Jesús en la Eucaristía; por su entrega sin límites en la cruz; por su poder sanador en el sacramento de la reconciliación, o simplemente por la fraternidad entre nosotros, fruto de su misericordia y amor por la humanidad.

 
Buen patrón e intercesor

San José es patrón de la iglesia universal, patrón de los seminarios, y también abogado de la buena muerte. Santa Teresa de Jesús nos dice algunas cosas sobre él: Tomé por abogado y señor al glorioso San José. No me acuerdo hasta ahora haberle suplicado cosa que la haya dejado de hacer. Es cosa que espanta las grandes mercedes que me ha hecho Dios por medio de este bienaventurado santo. No he conocido persona que de veras le sea devota que no la vea más aprovechada en virtud, porque aprovecha en gran manera a las almas que a él se encomiendan.

Anterior

¡Qué de santos tenemos en el cielo!

Siguiente

Encuentro y exposición de iconos