María, Mujer Nueva

La Concepción Ovalle
La Concepción “Ovalle”. Capilla Ovalle, iglesia de san Vicente, Toledo.
Actualmente Museo del Hospital de Santa Cruz, Toledo.

Guillermo Camino Beazcua, Presbítero y Profesor de Historia del Arte

En ti brilla la vocación de los discípulos de Cristo,
llamados a convertirse, con su gracia,
santos e inmaculados en el amor (cfr Ef 1,4).
En ti brilla la dignidad de todo ser humano,
que es siempre precioso a los ojos del Creador.
Quien a ti dirige la mirada, oh Madre Toda Santa,
no pierde la serenidad, por más duras que sean las pruebas de la vida.
A pesar de la triste experiencia del pecado,
que afea la dignidad de los hijos de Dios,
quien a ti recurre redescubre la belleza de la verdad y del amor,
y vuelve a encontrar el camino que conduce a la casa del Padre.

Benedicto XVI

 
Avanza el año de El Greco, entre fragores veraniegos. También entre las numerosas fiestas marianas de este tiempo, quizá el más popular en sus fiestas y manifestaciones populares en torno a la Virgen del Carmen, la Virgen de las Nieves, la Asunción de María y su Coronación.

La iconografía mariana encuentra en El Greco, a uno de sus mejores intérpretes, pudiendo encontrar hermosos ejemplos de todos los temas y tipos, desde la Anunciación a la Asunción, desde los pasajes marianos neotestamentarios hasta sus maravillosas interpretaciones del tema de la Inmaculada. Recorre igualmente, toda su producción, siendo la Asunción del retablo de santo Domingo el Antiguo, uno de sus primeros trabajos de tema mariano, recién llegado a Toledo, hasta la decoración de la capilla Ovalle, su último conjunto realizado. Para los visitantes de la Exposición El Griego de Toledo, a lo largo de esta última primavera en el Hospital de Santa Cruz, o a quienes lo hacen actualmente en el Prado, contemplando la exposición El Greco y la pintura moderna, no les resulta indiferente el modo cómo El Greco, aborda el tema mariano.

En primer lugar hay que reconocer que es un tema que conoce y desarrolla a partir de su presencia en los talleres venecianos y romanos. En su Creta natal, el tema mariano toma la forma de las clásicas representaciones de la iconografía oriental en sus diversos tipos: Hodyguitria, Lactofilousa… sin embargo, el conocimiento de la tradición occidental, latina, le aporta a El Greco, un sinfín de recursos compositivos, de planos y composiciones, de colorido y movimiento.

Cuando El Greco llega a Toledo, lo hace en una de las principales ciudades marianas de la Cristiandad. Acontece en el siglo inmaculadista de nuestra historia, más cálido en su fragor teológico que en el desbordamiento de imágenes e interpretaciones barrocas. Sí, es este siglo, en el que a la tradición medieval, se le añade la relectura teológica, fundamentalmente escriturística, que harán que se abra camino la doctrina de la Inmaculada. Un jalón importante en la historia toledana fue la presencia de la escuela teológica franciscana y posteriormente la jesuítica, tan promotoras de esta doctrina. Santa Beatriz de Silva había dado inicio a la forma de vida concepcionista, y de modo singular, por los territorios cercanos se había difundido su carisma en forma de numerosas fundaciones. Toledo solicitará de El Greco numerosos encargos de tema mariano.

El Greco aborda el tema de la Inmaculada dentro de los límites iconográficos que la doctrina tenía en aquel momento. Las interpretaciones del tipo “Inmaculada franciscana” en la que la Virgen portaba al Niño que hería a la serpiente, daban paso a otras interpretaciones más alegóricas, en el marco de las clásicas representaciones con las letanías laurentinas, o las versiones basadas en el texto del Apocalipsis.

Hay que recordar que por entonces sin que la fiesta de la Concepción formase parte del calendario de la Iglesia Universal, sin que se hubiesen proclamado los dos dogmas marianos de la Iglesia Contemporánea, la interpretación iconográfica de ambos temas no estaba muy delimitada. De hecho, aún encontramos versiones de esta obra tituladas como “Asunción de María”. Hoy la conocemos como “Inmaculada Ovalle”, por el nombre de la comitente que encargó la capilla que este lienzo presidía. Como siempre sugerimos, tomemos en primer lugar la Palabra de Dios que abra nuestra mirada.

DESDE LA PALABRA DE DIOS

“Se abrieron las puertas del templo celeste de Dios y dentro de él se vio el Arca de la Alianza. Hubo rayos y truenos y un terremoto: una tormenta formidable. Después apareció una figura portentosa en el cielo: una mujer vestida del sol, la luna por pedestal, coronada con doce estrellas. Estaba encinta, le llegó la hora, y gritaba entre los espasmos del parto”.

Los escritos de Qumran, los apócrifos y los apocalipsis extrabíblicos nos ayudan a comprender el sustrato hebreo y el mundo simbólico del Apocalipsis y en concreto este texto que nos acompaña como primera lectura en el día de la Asunción de María. Una figura portentosa apareció en el cielo. No podemos precisar si el autor para describir la figura portentosa, se sirvió de elementos de la astrología babilónica o de escritos del judaísmo tardío.

El sol, símbolo de la divinidad, envuelve a la mujer como un manto para indicar que está totalmente inmersa en el plan y actuación de Dios. Las doce estrellas pueden interpretarse, leídas desde el AT, como el símbolo de las doce tribus de Israel. Leído el símbolo a la luz del NT es la comunidad cristiana que ve en los doce apóstoles un reflejo de sí misma como nuevo y verdadero Israel. La luna por sus fases creciente y menguante se relaciona con los hechos demoníacos y el mal.

El dragón es la imagen típica del Apocalipsis para describir a Satanás. Podemos descubrir en el fondo de esta descripción una alusión a la lucha entre Satanás y los ángeles en el cielo; la serpiente y el hombre en el paraíso; el dragón y el Mesías en la historia y la serpiente y sus aliados con la mujer y sus hijos en la vida de la Iglesia.

El arca de la alianza, lugar de la presencia oficial de Dios en medio de Israel, se guardaba celosamente en el templo de Jerusalén y se ocultaba así a los ojos del pueblo. Pero ese templo construido por los hombres no era más que un símbolo en la tierra del verdadero templo de Dios, el santuario de Dios en el cielo. La aparición de este verdadero santuario abierto de par en par es una señal en la que se manifiesta la voluntad de Dios de no permanecer en adelante oculto a los ojos del pueblo, es un símbolo de la nueva presencia que quiere inaugurar en su Hijo Jesucristo.

Los comentaristas han creído que esta mujer del Apocalipsis es la Virgen María, pues su hijo es efectivamente el Emmanuel, el mesías anunciado (v. 5; cf. Sal 2, 9). Pero ya San Agustín pensó que se trataba de todo el pueblo de Dios, en cuyo caso las doce estrellas de su diadema serían el símbolo de las doce tribus de Israel (cf. Gn 37, 9; Ap 7, 4ss; 21, 12). También los profetas del AT compararon al pueblo de Israel con una mujer encinta, pues de este pueblo había de nacer el descendiente de Abrahán y el salvador (cf. Is 26; 17; 66, 7s; Miq 4, 92). Desde otro punto de efecto, la mujer del Apocalipsis es también la madre de los creyentes, que lo mismo que ella son perseguidos por el «dragón» o la «serpiente roja» (v. 17). Bien podemos entender que esta mujer simboliza a la iglesia como nuevo Israel de Dios y a la Virgen María en tanto es madre y figura de la iglesia.

DESDE NUESTRA CULTURA

Todo este mensaje era bien conocido en los círculos teológicos y pastoralistas de Toledo con quienes El Greco mantenía una buena relación. Pero el maestro candiota supo hacer su propia síntesis en la realización de este encargo. Le fue hecho por el regidor de la ciudad en noviembre de 1607, puesto que la Capilla de la Inmaculada, de la iglesia de san Vicente, estaba bajo su gestión. El Greco, aceptó el encargo de los tres temas propuestos, sugiriendo un tema nuevo (la Visitación, en honor al nombre de la fundadora de la Capilla, y la propia técnica, no sería al fresco, sino lienzos. Las obras en la capilla se demoraron seis años, por lo que El Greco esperó a que estuviesen concluidas, para finalizar su obra, si bien la muerte le sorprendió en el empeño, por lo que fue su hijo quién perfiló finalmente el encargo, con los lógicos matices.

La impronta ascensional que dio al lienzo de la Concepción venía condicionado por el espacio que ocupa en la capilla. Una ventana cenital iluminaba el conjunto, en el centro de la misma, se hallaba el lienzo de la Visitación, que actuaba como foco difusor lumínico. La imagen del Espíritu Santo, parecía como recién venida de dicha luz. La impronta veía reforzada la ascensionalidad por la propia forma serpentina del cuerpo de María, el escorzo del ángel inferior, y el juego de colores cálidos y fríos que se suceden en las vestimentas de los ángeles. La teatralidad era tal que sólo si nos situamos en el espacio y su luz natural, podemos comprenderlo. Ha sido sin duda, un acierto de las últimas investigaciones en torno a esta obra. Demostraba así, la interrelación entre el tema y el espectador, entre el arte pictórico y la realidad de la contemplación, convirtiendo a la pintura en parte de la realidad, o a ésta, en parte de la pintura.

UNA IMAGEN PARA ORAR

Sin duda, pues para ese contexto nació, y desde esa perspectiva nos llama a formar parte. De las alabanzas laurentinas representadas en la base del lienzo, como Arma Mariae, expresión de su belleza bíblica. O quizá como ángeles cantores de su bondad, o bien intérpretes de su propio canto: el Magnificat. Qué no salmodiar junto a la Madre, de este hermoso canto.

Orar desde la alabanza. Como lo hace la multitud de los testigos del rompimiento de Gloria, al contemplar a la Plena Gratiae en su expresión magna. Si la “llena de gracia” se alegró al escuchar el saludo del Ángel, cómo no alegrarnos en su plenitud. Llena de gracia, para colmarnos con sus gracias. Hacemos nuestra esta invocación del Papa Emérito Benedicto, pronunciada en la Pza. España de Roma, con ocasión de la fiesta solemne, en el año 2007.

Llena de gracia eres tú, María,
que acogiendo con tu sí los proyectos del Creador,
nos has abierto el camino de la salvación.
Enséñanos a pronunciar también nuestro sí a la voluntad del Señor.
Un sí que se une a tu sí sin reservas y sin sombras,
que el Padre celeste ha querido tener necesidad
para generar al hombre nuevo, el Cristo,
único Salvador del mundo y de la historia.
Danos el valor de decir no, a los engaños del poder,
No, al Maligno, príncipe de la mentira en este mundo.
Sí a Cristo, que destruye la potencia del mal
con la omnipotencia del amor.

Benedicto XVI

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