En el desierto, una luz

Desierto

Mercedes Luján Díaz, Coordinadora de redacción | Con este número de Agua Viva nos adentramos en el tiempo de Cuaresma, tiempo de conversión, de mirar nuestra pequeñez ante la gran misericordia y asombrosa majestuosidad de Dios. Y para que esto se nos haga más manifiesto, más fácilmente reconocible en el ajetreo de la vida, nuestra Madre la Iglesia siempre nos ha propuesto tres caminos: la oración, el ayuno y la limosna.

Oración para poder entrar en intimidad con Aquel que nos ama con locura, y que nos ha entregado toda su vida por amor en una Cruz, y en ello reconocer quienes somos, nuestra verdadera identidad. El ayuno para poder hacernos conscientes de nuestra debilidad y desde ella clamar a Dios para que venga en nuestra ayuda, porque toda gracia y todo don nos vienen de El. Y la limosna para estar desprendidos y libres, así será Dios quien lo llene todo en nosotros, a la vez que abrimos nuestro amor a los demás que es donde encontramos el verdadero sentido de la vida.

Pues en este luminoso itinerario nos queremos poner en disposición para poder acoger esa Agua Viva que brotará del costado de nuestro Salvador. Desde estas páginas os ofrecemos nuestra pequeña colaboración para poder seguir preparando nuestro espíritu durante la travesía de este desierto. Caminamos en la esperanza de que al final del camino nos espera la Luz que no conoce ocaso, al mismo Jesús que nos da su propio Corazón.

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