En el monte Naranco, en Oviedo

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Federico Jiménez de Cisneros, Profesor de Historia | Es Oviedo la capital del Principado de Asturias, cuna de la Reconquista. Junto a la ciudad se alza monte Naranco, célebre nombre vinculado a la historia, al arte, al montañismo y al ciclismo, y en su cima se encuentra una monumental imagen de Jesucristo. Escultura gigante del Sagrado Corazón desde cuyos pies se puede contemplar la capital asturiana.

En 1950 se empezó a pensar en realizar un monumento al Corazón de Jesús. Se formó una comisión, en la cual se integraron personalidades de la época. El impulso definitivo lo dio el jesuita padre Vilariño, quien consiguió reunir gran parte del dinero a través de una colecta popular, donde se unieron el donativo del pudiente con el óbolo de la viuda.

El monumento es todo él de piedra y tiene una altura de treinta metros, por lo que se puede divisar desde lejos. La base la forma un pedestal piramidal truncado, delante del cual se encuentra una gran reproducción del mejor símbolo de la historia asturiana, la Cruz de la Victoria, de cinco metros de altura, que en sus orígenes se encontraba coronando la imagen, pero que fue retirada de ese lugar por razones de seguridad debido a los fuertes vientos de la zona.

Sobre el pedestal, la imagen del Corazón de Jesús de pie, con los brazos abiertos y ligeramente levantados, con las manos abiertas y extendidas, en actitud de bendecir y proteger no solo a Oviedo, sino a Asturias entera.

El rostro expresa la serenidad de quien sabemos que ama a todos y cada uno de los hombres. En su construcción hubo dificultades técnicas y materiales, que se subsanaron gracias a un magnífico trabajo en equipo entre escultor, arquitecto y técnicos.

Tiene Oviedo una magnífica iglesia dedicada al Sagrado Corazón, vinculada a las Salesas, a la Orden la Visitación, tan relacionada con esta devoción. También la fachada de la iglesia de las Esclavas del Sagrado Corazón está rematada con otra bella imagen. Para subir al monumento pasamos por las iglesias de Santa María del Naranco y San Miguel de Lillo, dos claras manifestaciones del arte asturiano y expresión de la secular presencia cristiana en estas tierras. Desde la cumbre podemos admirar un paisaje extraordinario, en el cual se unen los edificios de la ciudad con las maravillas de la naturaleza. Desde hace pocos años, una magnífica iluminación nocturna permite ver el monumento desde lejos.

Subir al Naranco, al monumento al Sagrado Corazón de Jesús, nos recuerda que la vida es camino, subida, ascenso… La figura de Jesús abraza y protege. Vamos hacia Él.

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