El papa León XIV, 267 sucesor de Pedro

, Misionero comboniano
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El primado de Pedro
Jesús concedió a Pedro una posición de primacía sobre los demás apóstoles. La misión de Pedro como cabeza de la Iglesia se ha ido sucediendo a lo largo de los siglos en el obispo de Roma.
Jesús, el Hijo de Dios, desde el principio de su ministerio, llamó a los que quiso y «designó a Doce para que estuvieran con él y para enviarlos a predicar» (Mc 3,14).
Un día, Jesús preguntó a los Doce: «“Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?”. Simón Pedro tomó la palabra y dijo: “Tú eres el Mesías, el Hijo del Dios vivo”. Jesús le respondió: “¡Bienaventurado tú, Simón, hijo de Jonás!, porque eso no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos. Ahora yo te digo: tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará. Te daré las llaves del reino de los cielos; lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos”». (Mt 16,15-19).
En este texto, Jesús comienza elogiando la respuesta de Pedro y luego le hace la promesa del primado empleando las metáforas de la «piedra», la «entrega de llaves» y la de «atar y desatar».
a) La metáfora de la «piedra»
«Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia».
En la Sagrada Escritura notamos cómo Dios a algunas personas les cambia el nombre cuando les encomienda una misión; en este caso, Jesús da a Simón el nombre de «Pedro», que significa «piedra» y su misión será la de servir de sólido fundamento para edificar la Iglesia; una Iglesia que no será vencida por los poderes del mal.
b) La metáfora de la «entrega de llaves»
«Te daré las llaves del Reino de los Cielos».
En Israel y en los pueblos vecinos las llaves eran símbolo del poder para desempeñar un cargo (cf. Is 22,22). Jesús, con la expresión de la «entrega de llaves», promete a Pedro el cargo de mayordomo en el Reino de los Cielos, para permitir o no permitir la entrada en él.
c) La metáfora de «atar y desatar»
«Lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos».
«Atar» y «desatar» son dos términos rabínicos que se empleaban en el campo doctrinal y jurídico: «atar» para prohibir, y «desatar» para permitir. Jesús, con estas expresiones, promete a Pedro la facultad de dar leyes e interpretarlas y, personalmente, se compromete a dar por bueno lo que él haga.
Por tanto, de acuerdo con Mt 16,15-19, podemos afirmar que Jesús prometió a Pedro el primado en su Iglesia. Pero esto no es todo, pues al acercarse la fiesta de la Pascua, Jesús subió a Jerusalén con los Doce para celebrarla. Después de cenar fueron al Huerto de los Olivos donde tuvo lugar el prendimiento del Maestro, y más tarde las tres negaciones de Pedro (cf. Mt 26,69-75). Ahora nos podemos preguntar: «¿En qué quedó la promesa de Jesús después de estas negaciones?» Como respuesta vamos a leer el siguiente pasaje que corresponde a una de las apariciones de Cristo resucitado:
«“Después de comer, dice Jesús a Simón Pedro: “Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que estos?”. Él le contestó: “Sí, Señor, tú sabes que te quiero”. Jesús le dice: “Apacienta mis corderos”. Por segunda vez le pregunta: “Simón, hijo de Juan, ¿me amas?”. Él le contesta: “Sí, Señor, tú sabes que te quiero”. Él le dice: “Pastorea mis ovejas”. Por tercera vez le pregunta: “Simón, hijo de Juan, ¿me quieres?”. Se entristeció Pedro de que le preguntara por tercera vez: “¿Me quieres?” y le contestó: “Señor, tú conoces todo, tú sabes que te quiero”. Jesús le dice: “Apacienta mis ovejas”» (Jn 21,15-17).
En este pasaje notamos cómo Jesús pregunta a Pedro tres veces «¿Me quieres?», en correspondencia a las tres veces que le había negado. Y, a sus respuestas, le responde: «Apacienta mis corderos», «apacienta mis ovejas», es decir, apacienta la totalidad del rebaño, compuesto de corderos y ovejas. De esta forma, Jesús confirma a Pedro en la misión de gobernar su rebaño, la Iglesia, según le había prometido en Mt 16,18-19.
También es importante señalar que Pedro, durante la vida terrena de Jesús, ocupó siempre un lugar preferente entre los Apóstoles. Por ejemplo: en todas las listas donde aparecen los nombres de los Doce, el de Pedro va siempre en primer lugar (cf. Mt 10,24; Mc 3,16-19; Lc 6,13-16; Hch 1,13). Y en la última cena notamos cómo Jesús ruega particularmente por él, para que su fe no decaiga, y le confiere la misión de fortalecer la fe de los demás (Lc 22,32). Pero esto no es todo, ya que este lugar de privilegio también lo siguió ocupando en la primera Iglesia. Por ejemplo:
– Cuando hay que elegir a uno que ocupe el puesto de Judas, es Pedro el que se pone en pie en medio de los creyentes y toma la palabra (cf. Hch 1,15-26).
– Después de Pentecostés es Pedro el que se presenta ante la gente acompañado de los «Once» y hace su anuncio de la fe (cf. Hch 2,14-36).
– Más tarde, cuando las autoridades reaccionan contra la enseñanza de los Apóstoles, Pedro aparece como el protagonista para defender el derecho de predicar el Evangelio (cf. Hch 4,8; 5,29).
– En el caso de Ananías y Safira, es Pedro quien descubre el engaño y con su autoridad pronuncia la sentencia (cf. Hch 5,1-11).
– También es Pedro quien manifiesta la voluntad de Dios con hechos concretos, al apoyar la admisión de los gentiles (paganos) en la Iglesia (cf. Hch 10,1 ss.; 11,2 ss. y 15,7 ss.).
– Por su parte, el apóstol Pablo reconoce la autoridad de Pedro, junto con la de Santiago y Juan, considerados columnas de la Iglesia, y trabaja en comunión con ellos (cf. Gál 1,18-19; 2,1-10).
Pedro vivió totalmente entregado a su misión de anunciar el Evangelio; primero predicó en Palestina y después pasó a Roma; allí murió mártir, probablemente el año 67 de nuestra era, durante la persecución del emperador Nerón. En la Basílica de San Pedro de Roma se venera su tumba.
Al faltar Pedro, primer obispo de Roma, la Iglesia eligió un sucesor para ejercer en ella el ministerio del primado que el Señor le había confiado. Y desde entonces, hasta nuestros días, cuando «la sede de Roma» ha quedado vacante, la Iglesia ha elegido siempre un nuevo Pastor Universal que continúe el ministerio de Pedro.
Los primeros papas fueron: san Pedro (32-67), san Lino (67-76), san Anacleto (76-88), san Clemente (88-97), san Evaristo (97-105) y los últimos: Juan Pablo I (1978), san Juan Pablo II (1978-2005), Benedicto XVI (2005-2013), Francisco (2013-2025) y León XIV (2025-…)
Desde el punto de vista histórico, León XIV es el Papa 267 desde Pedro hasta nuestros días.
La Iglesia católica es la única que, siguiendo la línea de continuidad de los sucesores de Pedro, puede remontarse desde el Papa actual hasta el mismo Jesús.
Frases de León XIV
“Queremos ser una Iglesia sinodal, una Iglesia que camina, una Iglesia que busca siempre la paz, busca siempre la caridad, busca siempre ser cercana, especialmente de quienes sufren”. (León XIV)
“Debemos buscar juntos cómo ser una Iglesia misionera, una Iglesia que construye puentes de diálogo, siempre abierta a recibir con los brazos abiertos a todos”. (León XIV)
“Esta es la paz de Cristo resucitado, una paz desarmada y desarmante, humilde y perseverante, que proviene de Dios, que nos ama a todos incondicionalmente”. (León XIV)
“Caminemos juntos, unidos, buscando la paz, la justicia, trabajando juntos, fieles a Jesús y sin miedo para proclamar el Evangelio”. (León XIV)
«Juntos, como un solo pueblo, todos hermanos, caminemos al encuentro de Dios y amémonos los unos a los otros». (León XIV)
El papa León XIV, 267 sucesor de Pedro
«Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia».
(Mt 16,18)
