Sagrado Corazón en Málaga, Villa Nazaret

Sagrado Corazón de Villa Nazaret en Málaga

Federico Jiménez de Cisneros, Profesor de Historia | El nombre de san Manuel González García está unido principalmente a Sevilla, donde nació; a Huelva, de donde fue arcipreste; a Málaga, donde fue obispo; y a Palencia, donde sus restos mortales esperan la resurrección a los pies del sagrario de la Catedral.

En Málaga dejó una huella imborrable unida al Seminario Diocesano con la presencia del Corazón Eucarístico de Jesús. Precisamente a los pies del Seminario edificaron Villa Nazaret, la casa de las Misioneras Eucarísticas de Nazaret. Antes de entrar en la Casa, un busto de san Manuel González nos da la bienvenida con un azulejo en el que leemos: «San Manuel González, Obispo de La Eucaristía, 1877-1940». Posiblemente sea la mejor definición que se pueda hacer de este admirable santo español.

Villa Nazaret es la primera casa de la congregación de las Misioneras Eucarísticas de Nazaret y fue fundada por el mismo san Manuel González y bendecida el 3 de mayo de 1921. En la entrada encontramos una imagen singular del Sagrado Corazón de Jesús, una imagen que representa a Jesús joven, un muchacho, en el que vemos el corazón en el centro del pecho, cargado con un cordero sobre el hombro derecho y acompañado por otro cordero y portando con la mano derecha unos racimos de uvas y unas espigas.

Sagrado Corazón de Jesús

Es una hermosa imagen en la que apreciamos la figura del Buen Pastor y los símbolos eucarísticos, además del Corazón de Jesús. A su lado, enmarcado un texto explicativo de la historia de la imagen, escrito en el año 1935 por el santo obispo, titulado «Mi pastorcito eucarístico» de su obra «Un sueño pastoral». Leemos:

«Al Seminario le ha venido, como llovido del Cielo y hecho por manos de ángeles, una imagen de un Jesús adolescente, como de catorce o quince años, con traje y postura de pastor. Sobre el hombro izquierdo lleva una ovejita que bien a las claras dice lo a gusto que va y el placer que le produce la proximidad del Corazón que el pastorcito le descubre con su mano izquierda; y recostada sobre la pierna derecha y con la cabeza levantada en actitud de exclamar ¡quién fuera allí arriba! lleva otra oveja.

Mi pastorcico, que mide la estatura de los muchachos bien desarrollados de su edad, un metro y medio, tiene unos ojos que, sin dejar de mirar hacia arriba, hacia el Cielo, parece que miran hasta penetrar en lo más hondo de los corazones de los que están a su alrededor; tienen esos ojos una mirada tan penetrante como atrayente…

No sé lo que ocurre a cuantos lo miran: comienzan en la curiosidad de verlo y acaban en la emoción de sentirse aprisionados. ¡No aciertan a dejarlo!

Es delgado sin estar macilento; la tez tostada como acostumbrado a soles y nieves; está alegre e infunde alegría y su boca y su cara están tocadas por una dulce tristeza; no está sentado sobre trono ni pisa nubes de gloria, está en ademán de andar, o mejor dicho, de bajar de un risco, que esa es su peana; su actitud no es de decir “Venid a Mí que os espero”; sino más bien “Esperad, que ya voy…”; su mano derecha no empuña cayado ni honda, sino que oprime contra su muslo racimos de uvas y haces de espigas de la Eucaristía con la que quiere atraer, alimentar y guiar a su ganado hacia los montes eternos…; sobre sus blancos pies levemente cubiertos por pobres sandalias y sobre sus piernas desnudas, destacándose del rocoso y negro pedestal, parece que ya apuntan las gotas de sangre que le van a hacer saltar las espinas del camino…

Para camino tan largo y distante de su casa mi Pastorcico lleva sus provisiones… En un zurrón henchido que del hombro derecho al muslo izquierdo lleva terciado, y que seguramente le hizo y colgó su Madre antes de salir, lleva su comida, que como Él mismo declarará, es la voluntad del Padre celestial que lo envía.

Qué bien dice el aire gentil sin arrogancia, varonil sin desplante, decidido y franco de mi Pastorcico que, sostenido con esa comida, está dispuesto a ir a donde su Padre quiera y a dar lo que sus ovejas necesiten sin cejar aunque lo hieran o lo desprecien y sin parar hasta que puedan cantar con Él:

“Y al cabo de un gran rato se ha encumbrado
Sobre un árbol do abrió sus brazos bellos
Y muerto se ha quedado asido de ellos,
El pecho del amor muy lastimado”.

+ Manuel González, Obispo de Málaga».

Mi pastorcito eucarístico

Hermosa, profunda y completa explicación de esta bellísima imagen del Sagrado Corazón de Jesús, de iconografía singular y ciertamente original, que encontramos en la malagueña Villa Nazaret, donde la comunidad de hermanas nazarenas mantiene el espíritu de san Manuel González, esencialmente eucarístico y arraigado en el amor misericordioso del Corazón de Jesús.

Anterior

La Asunción de la Virgen María

Siguiente

Decálogo de la amistad