Dios es bondad

Manos

Francisco Castro, Diácono Permanente | Es posible que alguno de ustedes haya escuchado esta historia en relación con la bondad de Dios:

Cuentan que un día un profesor universitario retó a sus estudiantes con esta pregunta: ¿Dios ha creado todo lo que existe en el mundo? Uno de los estudiantes contestó sin dudarlo: “Si, por supuesto. Dios creó cuanto existe”. A lo que el profesor le contestó: “Si Dios ha creado todo lo que existe, entonces Dios creó la maldad y de acuerdo con el asunto que nos concierne y en relación a quienes somos, podemos decir entonces que Dios es maldad”. Hubo un silencio prolongado entre los estudiantes ante tal respuesta. El profesor se sonreía para sus adentros, pues de alguna forma había probado que la fe cristiana era un mito.

De pronto otro estudiante levantó la mano y dirigiéndose al profesor le dijo: ¿Señor profesor, puedo hacerle una pregunta? Adelante le dijo el profesor, pregunte. El estudiante se puso en pie y dijo: “Profesor…. ¿existe el frio? “Qué clase de pregunta es esa, por supuesto que existe el frío. O ¿acaso no has tenido frío alguna vez? Algunos de los compañeros del estudiante soltaron una sonrisa de burlona hacía su compañero. Pero el joven lejos de amedrentarse dijo: “En realidad el frío no existe… de acuerdo con las leyes de la física que usted mismo nos ha expuesto lo que consideramos frío es en realidad ausencia de calor. Todo cuerpo u objeto es susceptible de estudio cuando tiene o transmite energía, el calor es lo que hace que un cuerpo o cosa transmita energía. El cero absoluto (-273º C) es en realidad la total ausencia de calor, todo queda inerte e incapaz de reaccionar a esa temperatura. Por lo tanto el frío no existe. Hemos creado esa palabra para describir como nos sentimos si no tenemos calor.

El estudiante continuó y le hizo otra pregunta: Señor profesor ¿existe la oscuridad? El profesor algo perplejo le contestó con rotundidad: “por supuesto que existe la oscuridad”. A lo que el estudiante le contestó: “Lo siento, pero está usted equivocado, la oscuridad no existe tampoco”. La oscuridad es en realidad la ausencia de luz. Nosotros podemos estudiar la luz pero no la oscuridad. Podemos utilizar el prisma de Newton para separar la luz en varios colores y estudiar las múltiples ondas de cada color. Pero no podemos medir la oscuridad. Un simple rayo de luz puede entrar en un mundo oscuro e iluminarlo. ¿Cómo podemos saber cuan oscuro es un determinado espacio? Podemos medir la cantidad de luz presente en un espacio, pero la oscuridad es un término utilizado por el hombre para describir que pasa cuando no hay presencia de luz.

Finalmente el joven estudiante preguntó al profesor: “Señor, ¿existe la maldad? A lo que el profesor contestó: por supuesto que existe la maldad, ya lo he dicho anteriormente, podemos verlo todos los días, es un diario ejemplo en la inhumanidad del hombre para con sus semejantes. Está en la multitud de crímenes y violencia que el hombre provoca por todas partes del mundo. Todas esas manifestaciones no son más que la maldad. Ante esto el estudiante le contesta: la maldad no existe señor, o al menos no existe como sí misma. La maldad es simplemente la ausencia de Dios. Es como la oscuridad y la luz, como el calor y el frio. La maldad es una palabra que el hombre ha creado para describir la ausencia de Dios. Dios no ha creado la maldad. La maldad no es como la fe o el amor que existen al igual que la luz y el calor, la maldad es el resultado de lo que pasa cuando el hombre no tiene presente el amor de Dios en su corazón. Es como el frío que surge cuando no hay calor o la oscuridad cuando no hay luz.

Esta pequeña historia es atribuida a Albert Einstein cuando era alumno en la universidad.

Sea cierta o no esta narración, lo cierto es que los cristianos tenemos que estar defendiendo constantemente nuestra fe, frente a los ataques del nuevo laicismo. Un laicismo que pretende echar por tierra nuestras creencias, nuestra fe en Dios y el género humano. ¿Cómo Dios puede haber creado la maldad? Dios es bondad infinita y su amor por el hombre llegó a tal extremo que entregó voluntariamente a su Hijo en manos de la humanidad. Somos nosotros los hombres y el uso que hacemos de la libertad que el Creador nos ha concedido los que elegimos que camino tomamos en la vida. Somos nosotros y nadie más los que decidimos si aceptamos en nuestro corazón la presencia de Dios, o por el contrario no permitimos que su amor entre en nosotros. Y si elegimos esto último nos pasará como al profesor que se sentía tan seguro de haber demostrado algo tan falso como que Dios es maldad.

Son muchos los tópicos que debemos rebatir diariamente los cristianos, tópicos como: ¿Por qué vamos a Misa? ¿Para qué nos confesamos ante un cura? ¿Por qué la Iglesia no vende todo lo que tiene y se lo da a los pobres? ¿Por qué Dios permite ciertas muertes? Son acusaciones tan manidas, que no nos será difícil rebatirlas utilizando los mismos argumentos de los que se valen quienes nos quieren ver encerrados en las iglesias. En un mundo tan egoísta y cambiante debemos mantener nuestras convicciones cristianas y no amedrentarnos ante falsas acusaciones sobre nuestra fe, tal y como hizo el estudiante de esta historia.

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