Santa Beatriz de Silva

Santa Beatriz de Silva

Jesús García Gañán, Presbítero | La vida de Santa Beatriz de Silva, fundadora de la Orden de la Inmaculada Concepción, es realmente interpeladora para todos nosotros, como lo es la vida de todos los santos. Ellos supieron, como nadie, ser amigos de Dios, y vivir en radicalidad su fe, poniendo en primer lugar a Dios y sus cosas, y haciendo después patente ese amor a Dios en cada uno de los hermanos.

Algunas pinceladas de su vida

Beatriz, que nació en el seno de una familia noble y bien situada, en el año 1424, fue educada, junto con sus muchos hermanos, por los Franciscanos, quienes inculcaron en ellos el amor y la devoción a la Virgen María, y en concreto, a su concepción Inmaculada. Años más tarde, cuando Juan II de Castilla contrajo matrimonio con Isabel, princesa de Portugal, Beatriz fue llevada con ellos a la corte, como primera dama, muy querida por la nueva reina. Tenía ya entonces 23 años, y se decía de ella que era la mujer más hermosa de España. Fue pedida en matrimonio por grandes nobles, y festejada por todos, pero ella nunca accedió a ninguno. Este tiempo en la Corte, fue uno de los más dolorosos de su vida, pero también aquel que fructificaría después, dando como fruto principal la fundación de la Orden de la Inmaculada Concepción.

Allí, en la Corte, o bien por intrigas de algún caballero resentido ante la negativa de Beatriz a sus pretensiones, o bien por celos de la reina, que llegó a ver en ella a un rival, Beatriz empezó a ser mirada con desprecio por la reina. Así se nos cuenta este suceso: Viendo la gran estimación que todos hacían de la sierva de Dios, la reina tuvo grandes celos de ella y del rey, su marido, y fueron tan grandes que, por quitarla de delante de los ojos, la encerró en un cofre, donde la tuvo tres días, sin que en ellos se le diera de comer y de beber. He aquí la primera prueba que el Señor concede vivir a santa Beatriz, y de la que nuestra santa, salió victoriosa, pues fijaos lo que pasó: estando encerrada en este cofre, la Virgen María se le apareció con hábito blanco y manto azul y el Niño Jesús en brazos, y, después de haberla confortado con cariño maternal, le pidió que fundara en su honor la Orden de la Purísima Concepción, con el mismo hábito blanco y azul que Ella llevaba. Ante tan señalada merced de su Reina y Señora, Beatriz se ofreció por su esclava y le consagró, rebosante de gratitud, el voto de su virginidad y le rogó confiadamente que la librara de aquella prisión. La Reina celestial accedió sonriente y desapareció. Cuando don Juan Meneses, tío de Beatriz, hizo que la reina Isabel abriese el cofre pasados los tres días, la sorpresa de todos no pudo ser mayor. Beatriz apareció con más belleza que antes de ser encerrada. Todos adivinaron que esta bella dama portuguesa había sido favorecida con alguna luz especial del cielo. Y efectivamente, así había sido. La Santísima Virgen la había escogido para ser dama suya. ¡Mucho mejor que ser dama de la reina Isabel, sin ninguna duda!

La Fórmula de consagración

Beatriz fundó la Orden de la Inmaculada Concepción que sigue vigente en la Iglesia, dando frutos de esperanza en cada uno de los lugares en donde se encuentra. Hermanas llamadas a desposarse cada día con Cristo Redentor, en una relación de alianza eterna y de comunión permanente. Como bien dice la regla, se comprometen a vivir sin propio, en continua solidaridad, en desapego interior, en fidelidad permanente y desde un amor profundamente limpio y gratuito. Santa Beatriz supo hacerlo muy bien, y como se dejó guiar por el Espíritu de Dios, hoy sus frutos los vemos en esta Orden que lleva el nombre de la Virgen María.

Precisamente querría detenerme brevemente en la fórmula de profesión que las hermanas concepcionistas, pronuncian ante el Señor y la Virgen María al ingresar en esta Orden, porque nos permite conocer lo que Santa Beatriz vivió y quería hacer vivir: Yo, por amor y en servicio de Nuestro Señor y de la Inmaculada Concepción de su Madre, ofrezco y prometo a Dios, y a la Bienaventurada Virgen María, y al Bienaventurado San Francisco, y a todos los santos, y a ti, Madre, vivir durante todo el tiempo de mi vida en obediencia, sin propio y en castidad, y en clausura perpetua, según la Regla por su Santidad el Papa Julio II para nuestra Orden concedida y confirmada.

Sus últimos días en la tierra

El día 16 de agosto de 1491, Santa Beatriz de Silva entregaba su vida a Dios. Justamente era el día en el que ella había fijado la toma de hábitos. La Virgen María días antes, se le apareció y la dijo: Hija, de hoy en diez días has de ir conmigo, que no es nuestra voluntad que goces acá en la tierra de esto que deseas”. Hoy, la fidelidad y entrega de Beatriz al Señor, se sigue mostrando y haciendo realidad en cada una de las hermanas que viven de su carisma y en todos los que de alguna u otra forma participamos de él en la vida de la Iglesia. Que el ejemplo de esta santa y su amor a la Virgen María en su advocación de la Inmaculada Concepción nos ayude a todos en el camino de nuestra vida cristiana.

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