Icono de Santa María Magdalena

Icono de Santa María Magdalena

José Bautista Galán, Director del Taller de Iconos | Su nombre era Miryam = María en hebreo; y Magdalena se deriva de Magdala, población situada en la orilla occidental del mar de Galilea, al norte de la ciudad de Tiberíades y cerca de Cafarnaún.

La historia de María Magdalena es una de las más conmovedoras del Evangelio y también de las más enigmáticas. Se debate si la mujer que relatan varios pasajes del Evangelio es una o tres mujeres. La liturgia griega, siguiendo a los Padres griegos, las reconocen como tres mujeres distintas. Sin embargo la liturgia romana, siguiendo la tradición de los Padres Latinos (incluyendo a Gregorio Magno), identifican los tres pasajes del Evangelio como referentes a la misma mujer. La pecadora que unge los pies del Señor (Lc 7, 37-50). María Magdalena, la posesa liberada por Jesús, que se integró a las mujeres que le asistían (Lc 8; Jn 20, 10-18) hasta la crucifixión y resurrección; y María de Betania, la hermana de Lázaro y Marta (Lc 10, 38-42).

María Magdalena es un gran ejemplo para todos. No se dejó paralizar ni por sus pecados del pasado ni por las opiniones humanas. Creyó de todo corazón en las promesas del Señor y alcanzó la meta. En la hora del Calvario, cuando todos abandonan a Jesús, allí estaba ella: «Junto a la cruz de Jesús estaban su madre y la hermana de su madre, María, mujer de Cleofás, y María Magdalena».

Da testimonio de Cristo Resucitado pues María Magdalena, con la otra María fueron las primeras en ir al sepulcro el domingo de Resurrección: «Pasado el sábado, al alborear el primer día de la semana, María Magdalena y la otra María fueron a ver el sepulcro» (Mateo 28, 1); y fue la primera que vio, saludó y reconoció a Cristo resucitado: Jesús la llamó: «¡María!» Y ella, al volverse, exclamó: «¡Maestro!». Fue escogida para ser testigo de la Resurrección ante los apóstoles.

En el icono que nos ocupa vemos, sobre fondo de pan de oro, a la Santa, con el rostro un tanto serio, viste túnica roja con bocamangas y cuello dorado. El manto de color azul grisáceo. Porta en su mano derecha la Cruz, mientras con la izquierda sujeta con la mano cubierta por el manto, un frasco con ungüento o perfume.

Santa María Magdalena, ruega por nosotros.

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