Don de Ciencia (III)

Pájaro

Mons. José Ignacio Munilla, Obispo de San Sebastián | Hay que decir que ocurre una cosa y es que la mentira de este mundo puede cegar y también envolver a los hombres. No me refiero a los hombres que están totalmente imbuidos y esclavizados por el pecado sino también a hombres buenos que sin embargo están demasiado condicionados por las circunstancias de su época y las circunstancias histórica en las que viven, pues es difícil que uno no se deje condicionar por lo que en tu época se lleva, se piensa… De repente está de moda determinada cosa, pasa el tiempo y ya no lo está. Ha habido épocas históricas en las que se le da mucha importancia a un aspecto de la vida y se olvida otros que quedan en penumbra y luego pasan 40 o 50 años y se aprecia mucho más. Por ejemplo, hace 40 o 50 años la virtud de la pureza se cuidaba mucho y ahora, sin embargo, esta todo tan erotizada y este tema de la pureza pasa totalmente en el olvido.

Existe también lo que se llama el ‘pecado de época’ que son insensibilidades en las que en un momento determinado existe complicidad del ambiente y de la cultura y que llega a no apreciarse ese pecado. Por eso pasan 40 o 50 años y se aprecia una cosa pero se olvida otra concreta, pues igual, en otra época social se valora mucho la virtud de la pureza y se olvida de la justicia social y, al revés, también es pecado de época que uno este muy preocupado de cuidar de la pureza y no esté preocupado de la justicia social del cuidado de los pobres, etc.

Quiero decir que solamente el que tiene el don de ciencia es capaz de sustraerse a esos condicionamientos de la historia que dependiendo en qué lugar y en qué época me ha tocado vivir pues estoy de alguna manera influenciado de valorar algunas cosas y olvidar otras; el que tiene el don de ciencia es capaz de ver las cosas sin el condicionamiento de la época histórica y del lugar en el que este viviendo porque es el Espíritu Santo el que le esta iluminando y le está haciendo ver las cosas desde los ojos de Dios y no desde los condicionamientos históricos en los que vemos con tan poca lucidez las cosas.

¿Cuáles son los vicios contrarios de este don? Sin duda alguna es la ignorancia de las cosas divinas pues decimos que el don de ciencia nos permite conocer con la luz de Dios todas las realidades creadas. Así podemos ser presa de una ignorancia divina porque ocupemos nuestro espíritu es cosas vanas o curiosas. El que alguien esté siempre ocupando su entendimiento en tonterías, en banalidades, eso es un vicio contrario porque en vez de ver las cosas con la luz de Dios uno esta enterándose de cotilleos y de bobadas. Esta tendencia tan grande que tenemos en nuestra sociedad al cotilleo o los comentarios de cosas frívolas o la atención a las frivolidades, es un vicio contrario. En vez de ver el mundo desde la luz de Dios, de lo que es importante para Dios, pues es desparramarse y estar gastando fuerzas en tonterías, curiosidades…

Otro vicio contrario es el de la presunción, el que uno confíe mucho en lo que puede conocer a nivel natural y confía demasiado en su propia ciencia humana. Y es que con la ciencia humana tenemos un grado limitado de conocimiento de la realidad. Por ejemplo, esa tendencia que tenemos de juzgar al prójimo según nuestros criterios. Cualquier juicio que hagamos del prójimo tiene que ser siempre muy relativo, pues yo conozco solo una pequeña parte de esa persona pero seguro que hay muchos aspectos que para mí son desconocidos. El juicio que yo hago de acontecimientos, o de cosas, es muy limitado. Yo no puedo ser un presuntuoso que me pienso que tengo la capacidad de conocer y hacer un juicio de la realidad. ¡Pues no! El conocimiento natural es limitado por eso el don de ciencia es únicamente el que puede permitir al hombre participar del conocimiento de Dios, de cómo Dios conoce la realidad.

Estos son los vicios contrarios a este don de ciencia, la ignorancia de no poseer esa luz divina, bien sea porque uno está desgastando su tiempo y sus capacidades en el conocimiento vano de las cosas, en la banalidad de la vida o bien sea por la presunción que uno piensa que puede conocer las cosas únicamente a un nivel natural.

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