Corazón de Jesús, Templo Santo de Dios

Cristo
Ilustración: Marko I. Rupnik – Cristo en cruz
Catedral de la Almudena (Madrid)

Pablo Cervera Barranco | La lanzada en el Costado perforó en Cristo lo que él llamó «su Templo». Recordemos que en Jn 2 hay una escena, la purificación del Templo, en la que Cristo entra en el Templo y arroja a los cambistas y vendedores. Nosotros solemos descubrir ciertamente el celo de Jesucristo por la casa de Dios, su carácter, pero en realidad ahí sucede algo más profundo. El profeta Miqueas (cap. 5) había anunciado que «el Mesías vendría con lejía de lavandero a purificar el templo», a purificar la tribu sacerdotal, los levitas. Cuando Cristo hace esto en el Templo, los judíos saben lo que está detrás de ese gesto, de esa acción, y por lo tanto, están pensando: este hombre se está arrogando unas prerrogativas que son propias del Mesías. Por eso, le preguntan: ¿qué señal nos muestras para obrar así? ¿Pretendes ser el Mesías? ¿Cuáles son tus signos de credibilidad? Jesús les responde: «Destruid este Templo y en tres días lo levantaré».

San Juan siempre habla en dos niveles: aquellos judíos creen que está hablando del templo material de Jerusalén: «¿O sea que este templo que se ha tardado cuarenta y seis años en construir, tú lo vas a levantar en tres días?». «Pero él hablaba del Templo de su Cuerpo», del Santuario de su Cuerpo. Una de las cosas impresionantes cuando se va a Jerusalén es ver el Templo destruido. Para los judíos ahí está el drama: el drama del Templo destruido (que es el centro de su religión), pisoteado, invadido por las mezquitas musulmanas, los perros, los paganos que han invadido el lugar santo de Dios. Cristo se va a poner en el lugar de ese Templo.

El Nuevo Templo es el Cuerpo de Cristo, el Cuerpo de Cristo muerto y resucitado, en definitiva es la Eucaristía: por eso ese es el centro de la vida de la nueva religión. «Él hablaba del Templo de su Cuerpo. Cuando resucitó de entre los muertos se acordaron sus discípulos que había dicho esto». San Juan en esta escena tiene en cuenta eso que Cristo había dicho de sí mismo. Los sinópticos hablan, y es uno de esos pasajes enigmáticos, de que en el momento de la muerte de Cristo el velo del templo se rasgó, que es decir, todo lo anterior queda cancelado y queda abierto el espacio para entrar en el Sancta Sanctorum. «Cristo entró con su Cuerpo, —leíamos en Hebreos—, en el santuario del cielo con su propia sangre», con su propio cuerpo. Hay un paralelismo: el velo del templo se rasga, en los sinópticos; ahí no se habla del Cuerpo de Cristo, con este Templo que es el Cuerpo de Cristo rasgado de par en par: es el corazón, el costado, el lado derecho, el templo.

Se rasga el velo del Templo, es decir, lo que era el centro en la religión judía queda ahora reemplazado por Cristo, por su Cuerpo entregado y glorificado, por su Corazón. Ahí está el centro del cristianismo porque es lo medular en el Señor.

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