Pablo VI: un nuevo Beato para la Iglesia

Pablo VI

Jesús García Gañán, Presbítero | El día 19 de Octubre del pasado año 2014 fue beatificado un Papa: Pablo VI. Ha sido un año marcado por la canonización de Juan XXIII y Juan Pablo II y también por la beatificación de Pablo VI. Tres Papas que se conocieron, que convivieron y a quienes la Iglesia ha reconocido su santidad y su buen hacer. Desarrollaremos algunos aspectos de la vida y el ministerio de Pablo VI, que ojalá nos ayuden en nuestra vida cristiana.

 
Un hombre capaz de guiar a la Iglesia

José Luis Martin Descalzo, sacerdote ya fallecido de nuestra diócesis vallisoletana, señaló las siguientes palabras sobre Pablo VI: Si con Pío XII subió a la silla de Pedro la clase aristocrática y con Juan XXIII el mundo de los campesinos, con Pablo VI hemos podido ver en la silla de Pedro a la clase media, periodistas, médicos y abogados; el Papa que no supimos amar en España. Su nombre era Giovanni Battista Montini, natural de Concesio, a pocos kilómetros de Brescia, en Italia, y era gran admirador de los montes y montañas de su tierra. A los 20 años escribió una carta al hogar familiar de su madre, en la que demuestra con sus palabras el gran cariño que derrochaba hacia su tierra y su familia: Querría que la abuela viniese aquí abajo, a disfrutar del sol del otoño. La vendimia ha concluido, pero todavía queda uva para que la abuela y tía María hagan una de sus bebidas medicinales preferidas.

Fue elegido como sucesor de Pedro con 66 años, el 21 de junio de 1963, en pleno desarrollo del Concilio Vaticano II, y siempre le describieron como un hombre dubitativo. Sin embargo, se caracterizó por tener un carácter moderado, equilibrado, afrontaba decididamente los problemas, de talante abierto, conciliador, de inteligencia despierta y corazón sensible y deseoso de abrir puertas y ventanas a una Iglesia que estaba buscando, con el Concilio Vaticano II, cómo adaptarse a los nuevos tiempos y dar respuesta a los retos y desafíos que se la planteaban. Tenía un estilo propio, que solía consistir en formular preguntas para que el oyente se sintiera interpelado y se contestara a sí mismo. Un ejemplo de ello lo tenemos a los pocos meses de haber sido elegido Papa, cuando lanzó unos interrogantes a la propia Iglesia en el discurso de apertura de una de las sesiones del Concilio: Iglesia, ¿qué dices de ti misma? Recuerda, Iglesia, ¿de dónde vienes? ¿Dónde estuvo tu origen? ¿Cuál es tu misión?

Papa Pablo VI

 
El Papa del Concilio y el Postconcilio

Fue elegido Papa, como dijimos antes, en pleno Concilio Vaticano II, pero supo tomar las riendas de la Iglesia rápidamente, en tiempos difíciles y de cambios. Muchos son los aspectos que tuvo que impulsar o a los que dar respuesta: la renovación litúrgica, conjugando la Tradición con las nuevas exigencias del Pueblo de Dios. A él se debe la reforma del misal, que hoy todavía recibe el nombre de “Misal de Pablo VI”, y la reforma de los sacramentos y celebraciones, facilitando la participación del Pueblo de Dios y autorizando la utilización de las lenguas vernáculas; la colegialidad de los obispos, con su clara intención de instituir un Sínodo de los Obispos para hacer operativa la colegialidad entre ellos, entendiendo la Iglesia como un misterio de comunión; el problema del ecumenismo, para lo cual se reunió con ortodoxos y anglicanos y promovió encuentros con representantes judíos e islámicos así como con sintoístas y budistas; y por último, el impulso fuerte del laicado, con la creación de organismos autónomos y reconociendo el papel de los laicos, necesario e imprescindible, en la labor conjunta de todos los que formamos la Iglesia. Le correspondió pastorear la Iglesia en un cambio de época y en un momento particularmente difícil para el mundo.

Su beatificación ha sido para todos los católicos un estímulo para ser santos, vocación a la que todos estamos llamados por nuestro bautismo, pero también un reconocimiento a todas sus virtudes que quizá, en su momento, no fueron valoradas. Las palabras escritas en su testamento, también nos demuestran cómo Pablo VI quiso vivir entregado plenamente a la Iglesia, para guiarla siempre con impulso enérgico y buscando dar respuesta a las exigencias del momento: Siento que la Iglesia me rodea, ¡Santa Iglesia, una, católica y apostólica, recibe con mi bendición y saludo, mi supremo acto de amor! Ruego que el Concilio se lleve a término felizmente y se trate de cumplir con fidelidad sus prescripciones. Cierro los ojos sobre esta tierra doliente, dramática y magnífica, implorando una vez más sobre ella la bondad divina.

Anterior

La Casa de Jesús y María

Siguiente

Renovar la consagración en el Espíritu que ha suscitado la Vida Consagrada (II)