Orar como quiere el Niño Jesús

Sagrada Familia del pajarito
Sagrada Familia del pajarito (Murillo)

Fr. Rafael Pascual Elías, OCD | Llega la Navidad, tiempo de encuentro con la Sagrada Familia, con la Virgen, el Niño y San José. No podemos dejar pasar ni un día sin visitarles, hablar con ellos, escucharles, dejarles que nos hablen al corazón. Luego vendrá nuestra palabra, pero primero son ellos, los tres que dan vida y sentido a las fiestas de Navidad. Así es mucho más fácil que un corazón orante se llene de la presencia de Dios en unión a los que lo ven nacer, lo cuidan y gozan cuando empieza a hablar y a caminar. Acercarnos al Niño con los ojos de María y San José es una manera muy provechosa de oración. Pero tenemos que tener en cuenta que podemos sentirnos no escuchados. Da igual, lo importante es estar junto a los tres. Ahora y en cualquier época del año.

Orar ante el Niño Jesús, la Virgen y San José tiene que hacernos ver que todo está puesto en Dios. No podemos exigir nada. Todo es gracia. Además hay que saber pedir, no podemos pedir algo para echarlo a perder con nuestros caprichos mundanos. Todo ha de ir dirigido a crecer en el amor a Dios. El corazón no puede estar sucio, ha de estar lo más parecido posible al Sagrado Corazón, al Inmaculado Corazón y al Purísimo Corazón. No puede tener la mirada en otros corazones, porque entonces pierde su origen y meta y se divide. Dios quiere todo para Él, como Él mismo se ha dado del todo al ser humano.

Cuando nos damos del todo a Dios custodiado por su Madre María y su Padre San José entramos en la vida del Espíritu. Entonces la oración será escuchada. No es bueno correr en la vida espiritual. Dios marca el paso para nuestro bien y nos da lo que precisamos. Y muchas veces no coincide lo que pedimos con lo que realmente necesitamos. No queda todo aquí, sino que también quiere ver la fidelidad, la perseverancia, la confianza que brota de un día y otro y otro en la oración. Es lo que hacen José y María. Todos los días están con su Hijo desde que nace. Y antes preparan su nacimiento. Nuestro corazón ha de vivir del mismo modo: siempre con el Niño. El Niño nos dará todo, desea contentarnos ¿y nosotros?… ¿Cuál es nuestro deseo verdadero? ¡Orar! ¡Callar! ¡Acoger la Palabra en nuestro corazón! Es la disposición perfecta para que Dios nos regale aquello que tiene pensado desde hace tanto tiempo y ha llegado el momento de entregarlo por el bien del alma que le busca en oración. Es algo parecido a lo que les pasa a la Virgen y San José. El Niño se pierde y lo buscan sin descanso. ¿Rezamos sin descanso buscando a Dios en nuestra vida? ¿Sabemos esperar? ¿Estamos dispuestos a recibir todo lo que nos quiere dar el Niño?

Sólo así, aprendiendo de los padres del Niño cómo buscarlo, mirarlo y estar con Él, es como nuestra vida de orantes dará un paso más, cuando pongamos la mirada en el cielo mientras contemplamos, adoramos y suplicamos al que ha venido del cielo. Es tan fácil como abrir el corazón y dejarle hablar. ¿Cuesta? Pidamos ayuda. Alguien saldrá en nuestro camino. Santa Teresita es la que nos puede ayudar en esta tarea. Su año se acaba y ¿qué mejor manera que terminar su 150 aniversario de nacimiento que orando como ella se dirige al Niño Jesús en plena unión a la Virgen y a San José? Llamar a Dios por su nombre, saber que es nuestro único tesoro, abandonarnos a su voluntad y vivir con alegría para que pueda darnos lo que quiere, su mayor don, su gracia envuelta en virtudes que, trabajadas en este mundo, nos abren las puertas del cielo donde nos espera el Niño Jesús:

“¡Niñito Jesús!, mi único tesoro, yo me abandono a tus divinos caprichos, y no quiero otra alegría que la de hacerte sonreír. Imprime en mí tu gracia y tus virtudes infantiles, para que en el día de mi nacimiento para el cielo los ángeles y los santos reconozcan en mí a tu pequeña esposa,

Teresa del Niño Jesús” (Oración 14).

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