Icono de San Policarpo de Esmirna

San Policarpo de Esmirna

José Bautista Galán, Director del Taller de Iconos | Policarpo significa: el que produce muchos frutos de buenas obras (poli = mucho, carpo = fruto). Nacido de padres cristianos hacia el año 68-69, griego de origen, o por lo menos de educación, instruido por los apóstoles y en contacto “con muchos que habían visto al Señor”, recibió el bautismo en su infancia.

Fue  uno de los discípulos del apóstol san Juan Evangelista, por eso tuvo el privilegio de oír en boca de un testigo presencial las descripciones de la vida de Jesús. Probablemente el mismo san Juan le encomendó el cuidado episcopal de la grey cristiana de Esmirna, hoy importante ciudad y puerto situado en la costa occidental de Turquía.

Provenía de una generación de importantes cristianos. Ya desde el principio, se hizo notar por su fuerte personalidad y por su implacable valentía para confesar la fe cristiana. Venerado por todas las comunidades de Asia Menor, fue a su vez maestro de san Ireneo, el famoso obispo de Lyon, y estuvo en relación con san Ignacio de Antioquía, a quien confortó y del que recibió una misiva que ha llegado hasta nosotros.

El día de su martirio fue el 23 de febrero del año 155. Existe una carta, escrita en el momento en que sucedió el martirio, es una narración verdaderamente hermosa y provechosa. San Policarpo vivió 86 años, y su fiesta se celebra el 23 de febrero, siendo venerado en la Iglesia Católica, Ortodoxa y Luterana.

En este Icono vemos a san Policarpo, escrito (pintado) sobre fondo de pan de oro, con vestiduras episcopales ricamente decoradas, en tonos granates. El palium con las tres cruces, la mano derecha en posición de bendecir, mientas con la izquierda sujeta el libro de las Sagradas Escrituras, también profusamente decorado. La barba y el cabello, con tonsura, muy cuidados en color castaño. El rostro un tanto serio. Llama la atención en este icono los colores tan vivos que le dan una gran luminosidad.

Concédanos el Dios Todopoderoso poder también nosotros como San Policarpo ser fieles a Nuestro Señor Jesucristo hasta el último momento de nuestra vida.

Anterior

Corazón de Jesús en ti confío

Siguiente

En comunión con la Santa Madre de Dios (XII)