Icono de San Blas

Icono de San Blas

José Bautista Galán, Director del Taller de Iconos | Nació en la ciudad de Sebaste, Armenia (actual Sivas, Turquía), en la segunda mitad del siglo III. De padres nobles, fue educado cristianamente. Estudió medicina y el ejercicio de la misma le hizo reflexionar sobre los límites y la caducidad del hombre, retirándose eremíticamente a una cueva del Monte Argeus.

Su humildad, mansedumbre, paciencia, devoción, castidad, inocencia… en una palabra: su santidad, contribuyeron a que fuera elegido Obispo de su ciudad Sebaste por aclamación popular. Recibió las órdenes sagradas de presbítero y luego de obispo, cuando aún era muy joven.

Se entregó totalmente al pueblo cristiano repartiendo a manos llenas la palabra de Dios y el pan de la caridad. Su descanso era retirarse a su cueva en la montaña para leer la Sagrada Escritura y pasar horas interminables de oración y ayuno. Finalmente fue torturado y ejecutado en la época del emperador romano Licinio, durante las persecuciones a los cristianos de principios del siglo IV, siendo decapitado en el año 316.

San Blas, obispo y mártir, es uno de los santos más populares en las comunidades cristianas de Oriente y Occidente.

En el icono que contemplamos vemos a San Blas con vestiduras  episcopales de color verde, el “palium” blanco con las tres cruces; la cabeza con amplia frente, cabellos y barba blancos bien cuidados. La mano derecha en posición de bendecir, mientras con la izquierda sostiene el libro de las Sagradas Escrituras. Iconografía bien distinta a la que estamos acostumbrados aquí en occidente en la que se le representa con mitra, báculo, etc.

Se le invoca especialmente como abogado en las enfermedades de la garganta. Como tal lo reconoce el Ritual:

“Señor Jesús, que coronaste al obispo San Blas con la palma del martirio, te pedimos por su intercesión nos libres de las enfermedades de garganta y de toda otra dolencia de cuerpo y alma. Tu que vives y reinas por los siglos de los siglos.”

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