¿De qué sirve rezar?

Chica rezando

Francisco J. García | Nuestra mentalidad operativa, de resultados concretos, puede jugarnos esta mala pasada. Puede lograr convencernos de que orar no es algo efectivo, que consiga resultados visibles, y que, por lo tanto, es algo perfectamente prescindible.

¿Qué consigues con rezar?, oímos a veces. Pero esta no es manera de enfocar la cuestión. Igual que no utilizas un metro para pesar la fruta; o no utilizas un termómetro para medir la velocidad del tiempo, tampoco se puede juzgar a la oración por sus inmediatos resultados, por su utilidad. En el fondo de este planteamiento hay algo de verdad, pero no al modo como se suele entender; pues servir, servir, lo que se dice servir, la oración no sirve para nada. Es lo mismo que preguntar ¿para qué te sirve tu madre? En las cosas de Dios no sirve preguntarse por lo útil o lo aprovechable. Dios no ha obrado así con nosotros, porque, en ese caso, ¿de qué le sirve a Dios querer a quienes no le quieren o le rechazan? Los cálculos humanos son la cosa más alejada de Dios que pueda haber.

Desde luego, quien ora, está siendo un eslabón en la gran cadena, un peldaño de la gran escalera con la que todos esperamos la venida del Señor. Mientras vivimos alentamos, cada uno a su manera, la próxima venida del Señor. Y así ponemos nuestro ladrillo en la construcción del Reino. Nuestra oración de cada día nos hace exclamar: ¡Venga a nosotros tu Reino! ¿Qué hace, entonces, el que ora? Primeramente, está siendo testigo de la esperanza que recorre el mundo, esperando la salvación -en nuestro caso, el SALVADOR-. Segundo, alienta su propia esperanza, dedicándose a algo que el mismo valora y quiere. Tercero, da gloria a Dios y traba amistad con él. Cuarto, sale fortalecido en la fe, la esperanza y el amor.

Bien, ¿y Dios? ¿Qué hay de Dios en todo esto? Para esta cuestión ya hay que tener cierto abandono en la fe o si no, nada se entiende. ¿Crees que puedes mover a Dios a la acción con tu oración insistente? Si eres capaz de creerlo entenderás muy bien lo que digo. La oración mueve montañas, sí, pero, todavía más impresionante: la oración mueve a Dios. Y esto es algo que solo se le puede demostrar a alguien que ya lo crea, lo que hace inútil toda demostración, como inútil es preguntarse si la oración sirve para algo.

Corazón de Jesús, ¡Venga tu Reino!

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