Corazón de Jesús, Morada/Tabernáculo del Altísimo

Sagrario
Sagrario de la Capilla del Santísimo (M. I. Rupnik y Taller de Arte del Centro Aletti)
Catedral de la Almudena (Madrid)

Pablo Cervera Barranco | En la explicación de la letanía anterior veíamos que el Corazón de Jesús es templo santo de Dios. Al mismo tiempo, «es la verdadera “morada de Dios con los hombres” (Ap 21,3), porque el Corazón de Jesús, en su templo interior, abraza a todos los hombres. Todos habitan allí, abrazados por el eterno amor. A todos pueden dirigirse —en el Corazón de Jesús— las palabras del Profeta: “Con amor eterno te amé, por eso prolongué mi misericordia” (Jer 31,3)» Juan Pablo II, Ángelus, 9 de junio de 1985.

Desde muy pronto, en los comienzos de la revelación, Yahvé quiso manifestarse presente a su pueblo; una presencia y cercanía compatible con su absoluta trascendencia. Al mismo tiempo quería que esa presencia se concretase en un punto de encuentro: «Hazme un Santuario y moraré en medio de ellos» (Ex 25,8). Los textos podrían multiplicarse: «Pondré mi morada en medio de vosotros y no os rechazaré. Me pasearé en medio de vosotros y seré vuestro Dios, y vosotros seréis mi pueblo» (Lev 26,11-12); «Consagraré la Tienda del Encuentro y el altar, consagraré a Aarón y a sus hijos como sacerdotes míos. Moraré en medio de los israelitas, y seré su Dios. Y reconocerán que yo soy el Señor, su Dios, que los sacó de la tierra de Egipto para morar en medio de ellos. Yo soy el Señor su Dios» (Ex 29-44-46).

El anhelo por la cercanía de Dios, por su presencia recorre todo el libro del Salterio: «Un río y sus canales alegran la ciudad de Dios, el Altísimo consagra su morada» (Sal 46,5); «¡Qué deseables son tus moradas, Señor del universo!» (Sal 84,2); «Señor, ¿quién puede hospedarse en tu tienda y habitar en tu monte santo?» (Sal 15,1); «Tú eres mi refugio y mi bastión contra el enemigo. Habitaré siempre en tu morada, refugiado al amparo de tus alas» (Sal 61,4-5).

La carta a los Hebreos nos revela el tránsito y trasformación del tabernáculo/santuario/morada. En el Antiguo Testamento: «También la primera alianza tenía sus ritos para el culto y su santuario de este mundo. Se instaló una primera tienda, llamada el Santo, donde estaban el candelabro y la mesa de los panes presentados. Detrás de la segunda cortina estaba la tienda llamada Santo de los Santos» (Heb 9,1-3). En el nuevo Testamento, en cambio, «Cristo ha venido como sumo sacerdote de los bienes definitivos. Su tienda es más grande y más perfecta: no hecha por manos de hombre, es decir, no de este mundo creado. No lleva sangre de machos cabríos, ni de becerros, sino la suya propia; y así ha entrado en el santuario una vez para siempre, consiguiendo la liberación eterna» (Heb 9,11-12).

Del cielo nuevo y la tierra nueva nos llega una voz: «”He aquí la morada de Dios entre los hombres, y morará entre ellos, y ellos serán su pueblo, y el “Dios con ellos” será su Dios”. Y enjugará toda lágrima de sus ojos, y ya no habrá muerte, ni duelo, ni llanto ni dolor, porque lo primero ha desaparecido» (Ap 21,1-4).

Esta es la morada/tabernáculo del Altísimo: el Corazón de Jesús.

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