Saciar al sediento con Agua Viva

Obras de Misericordia (Maestro de Alkmaar)
Retablo de las Obras de Misericordia -fragmento- (Maestro de Alkmaar)

Guillermo Camino Beazcua, Presbítero y Profesor de Historia del Arte

Palabras de Jesús al sediento:
Te espero junto al pozo como cada día
sé que vienes a deshoras, cuando el calor asfixia
porque huyes de miradas y de toda compañía
vienes a buscar un agua que te refresque la vida.

Te espero junto al pozo y como cada día
evitas hablarme por miedo a lo que diría
pues no te sientes plena, no te sientes viva
no encuentras la alegría y te juzgas a ti misma

Yo no quiero juzgarte, ni señalarte con el dedo
tengo sed de ti… y cada día, por ti espero…
levanta tu mirada porque en ella está el reflejo
del agua que deseas, del amor que esperas
y en mi… podrás beberlo.

Las manos del misericorde saben hacer a la par dos cosas: tender el pan en la una y en la otra un vaso de agua fresca. Y por el contrario decimos que “dar de comer a secas” es imperfecto. Al menos con pan y agua se recuperan fuerzas y si el vaso lleva vino, el camino es más corto. Quien quiera dar de comer sentirá que al dar de beber completa la tarea (no en vano el Banco de Alimentos lo es de comida y bebida). Si bien dar de beber tiene sus particularidades, en principio se antoja cómo más sencillo. Regalar el alimento es compartir, casi siempre hay que adquirirlo o elaborarlo. Por el contrario, dar de beber es más próximo, pues ante todo, ha de ser agua. El agua en nuestro contexto geomorfológico español, es inmediata, tenemos acceso a ella por medio de fuentes, pozos, grifos o dispensarios, la embalsamos y canalizamos. Dar de beber responde a una necesidad también más primaria y constante: la sed. Quien tiene sed necesita el agua en el acto y ofrecerla casi siempre está a nuestro alcance. ¿Quién se atreve a negar un vaso de agua, aunque sea en un bar?

El Camino de Santiago y otros caminos de peregrinos, manifiestan la sensibilidad de tantos residentes que cada día ofrecen el agua de casa a los caminantes, incluso sin que éstos lo pidan, ya es buena razón para comenzar a sentirse acogido. A lo largo del Camino, se venera a diversos santos que además de construir puentes, acondicionaron fuentes y abrevaderos, y en torno a éstos y pozos se narran aún sus milagros (San Juan de Ortega, San Lesmes o San Amaro en el tramo burgalés). Y nosotros copiamos algo de su santidad en nuestra educación pues cuando alguien llega a casa, casi el saludo se abraza al ”¿quieres tomar algo?”

Podríamos pensar que la mayor parte de nosotros quizá nunca hayamos pasado un hambre severa, pero sí una sed acuciante en algunas circunstancias del verano. Hemos estado sedientos. Y también habremos experimentado el sabor extraordinario de quien ha puesto remedio a nuestra sed. Te invito a recordar el sabor a existencia que han tenido alguno de esos momentos… ¡Qué rica en sabor es el agua, si la bebemos existencial y teológicamente! Por eso qué oportuno fue Jesús al precisarle a la Samaritana, que si fresca es el agua del pozo, sólo Él puede dar Agua Viva.

Con nuestra imaginación… ya estamos en Sicar. Y allí, en el pozo de Jacob, donde se concentra la historia de Israel y donde empieza la nueva historia cristiana. Juan 3 contiene un pasaje que nos abre al infinito de la Vida. (Artículo íntegro sólo para suscriptores)

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