Pedro Asúa Mendía: arquitecto, sacerdote y mártir

, Presbítero | Cuando la Iglesia celebra, dentro del calendario litúrgico, la memoria de los innumerables mártires que han dado su vida por Jesucristo, lo hace para elogiar la vida y no la muerte, queriendo hacer realidad esa certeza de fe que nos fortalece: si morimos con Él, viviremos con Él. Si perseveramos con Él, reinaremos con Él. Si lo negamos, también Él nos negará. Si somos infieles, Él permanece fiel, porque no puede negarse a sí mismo. (2 Tim 2, 11-13)
Un nuevo Beato: Pedro Asúa Mendía
El 1 de noviembre del pasado año, se celebró con gran solemnidad en la Concatedral de María Inmaculada de Vitoria, la beatificación de Pedro Asúa Mendía, presidida por el Cardenal Angelo Amato, Prefecto de la Congregación para la causa de los santos. Pedro fue arquitecto y sacerdote, y terminó sus días en la tierra entregando su vida como testigo de la fe que alimentaba su corazón, siendo fusilado unas horas antes de cumplir 46 años.
Nació en Balmaseda, Vizcaya, el 30 de agosto de 1890. Cursó estudios de bachillerato y posteriormente marchó a Madrid a realizar estudios de arquitectura, hasta 1914. Los que lo conocieron señalan que fue un estudiante responsable, muy vinculado a su familia, y también un cristiano militante y apóstol activo. Entre los años 1915 y 1919 ejerció su profesión de arquitecto entre Bilbao y Madrid, llegando a fundar, en 1917, la Adoración Nocturna en Balmaseda. A los 29 años, decidió dejarlo todo por Cristo, pues se sintió llamado por Él al sacerdocio. Solo desde la experiencia de seguimiento y relación profunda con Cristo en la oración y en la actividad apostólica se explica el paso de arquitecto recién estrenado y valorado por los resultados a aspirar a ser sacerdote diocesano. Así, en 1920, ingresó en el Seminario de Vitoria, y siendo todavía seminarista recibió el encargo de realizar los planos del Nuevo Seminario de Vitoria. El 14 de junio de 1924 fue ordenado sacerdote y realizó de manera impecable su labor pastoral, que conjugaba con su carrera civil de arquitecto.
En 1936, en plena persecución religiosa en España, fue detenido por los milicianos y asesinado por ser sacerdote. Ocurrió el 29 de agosto, un día antes de cumplir 46 años, cuando a las 11 de la noche le dispararon dos tiros en la cabeza y uno en el omóplato, mientras Pedro no se cansaba de pronunciar palabras de perdón hacia sus enemigos.
La santidad no destruye; edifica
El Papa Francisco, en la Carta Apostólica de su beatificación, definió al Beato Pedro como un sacerdote diocesano mártir que, confortado en Cristo piedra angular, ofreció la vida por la edificación del Reino. En efecto, todos los mártires de Jesucristo nos edifican con su testimonio valiente y nos animan a imitar su fe. Ellos, como nadie, experimentaron en su martirio que Dios es un padre misericordioso y el Dios de toda consolación, por eso se comprende que pudieran morir implorando el perdón del Señor para sus asesinos.
El Cardenal Amato, en la homilía de beatificación, señaló algunas de las virtudes del nuevo Beato: Su corazón se nutría de la gracia eucarística; su fortaleza estaba sostenida por la caridad de Cristo. Fue generoso con los pobres y enfermos; magnánimo en el apoyo a las iniciativas apostólicas. Fue un sacerdote auténtico, enteramente entregado a Cristo y a la Iglesia. No obstante su brillante inteligencia y creatividad, se mantuvo siempre humilde, al margen de cualquier protagonismo.
El recuerdo de nuestra vocación: la santidad
Celebrar una beatificación o canonización es celebrar la victoria de Cristo sobre el mal y la muerte. Todos nosotros, desde nuestro Bautismo, hemos sido llamados a la santidad y al gozo de la vida plena con Jesucristo en el cielo. Contemplar la vida del Beato Pedro y la de tantos mártires que la Iglesia venera, nos recuerda que estamos en este mundo para buscar la gloria de Dios y su honra. Imitar las virtudes de los santos es imitar al mismo Jesucristo, que luce a través de sus palabras y obras. Ellos, en tiempos recios, supieron ser amigos fuertes de Dios. Le damos gracias al Señor de la vida por regalarnos este nuevo Beato para la Iglesia y le pedimos la gracia necesaria para imitarlo en la bondad y en la caridad.
¡Beato Pedro Asúa Mendía, ruega por nosotros!