Para Dios nada es imposible

Paisaje

Juan José Infantes, Presbítero | Nuestra vida de fe está íntimamente unida a nuestro amor y devoción a la Virgen María, es inseparable. Tanto es así que para vivir en profundidad nuestra relación con el Corazón de Cristo, tenemos que contemplar la vida de la Virgen con deseo de aprender y sobre todo de imitarla.

En numerosas ocasiones podemos pensar que Dios se contradice, sin embargo, tenemos que ser muy fieles a lo que nos pide el Señor en cada momento. De la misma manera que la Virgen fue fiel y se fió totalmente de Dios, nosotros podemos también imitar esta virtud de María. No podemos asustarnos de las contradicciones de Dios porque Él tiene un plan concreto para cada uno de nosotros, la respuesta que le demos ha de estar impregnada de mucha generosidad: Fiat.

Revisando nuestra vida con facilidad vamos a descubrir que el Señor nos ha ido cuidando con delicadeza y amor en cada momento y situación que hemos vivido. Lo hemos sentido cerca, nos ha ido marcando el camino, y además el mejor, el que más nos convenía, precisamente porque como le dijo el Ángel Gabriel a la Virgen en la Anunciación: “para Dios nada hay imposible”.

Acogiendo el plan de Dios en nuestra vida nos convertimos en sus testigos, y además esto nos capacita para entregarnos de verdad y por medio de esta entrega ir transformando nuestro mundo. En su autobiografía, Santa Margarita María declara sobre la Virgen: “En un día de retiro me honró con su visita. Llevaba en sus brazos a su Divino Hijo, que puso en los míos, diciéndome: `He aquí que viene a enseñarte lo que debes hacer´”.

La Virgen María nos lleva siempre al Corazón de Cristo. Nos queda patente en las Bodas de Caná, en las que María actúa como intermediaria entre los novios que se quedan sin vino y su Hijo. Ella tiene claro dónde está la solución de la dificultad que están viviendo, en su Hijo, por eso hace una invitación rotunda: Haced lo que Él os diga. Son palabras que indican una total confianza. Cuando nuestra confianza es total en Corazón de Jesús, sentimos su cercanía en nuestra vida. Con María, podemos decir nosotros con mucha frecuencia: “Sagrado Corazón de Jesús, en Ti confío”.

Esta confianza en Dios llevó a María a estar al pie de la Cruz, viendo como su Hijo moría entregando la Vida por nuestra Salvación. Supo estar de pie, supo estar firme, y tal vez pensando en las promesas que le había hecho el Ángel. Pero no vacila, no se rinde… porque para Dios nada hay imposible.

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