El libro de la Vida, el libro de la Verdad

137-07

Fr. Rafael Pascual Elías, OCD | El modo más común de pedir el Espíritu Santo es invocar al Padre por medio de Jesucristo para que nos lo dé; y con Él seamos conducidos hacia la Verdad. Este proceso lo encontramos de manera patente en el primer libro escrito por Santa Teresa de Jesús: Vida. A lo largo de sus páginas ofrece su propia vida, su infancia, adolescencia, entrada en el Carmelo y fundación del primer Carmelo Descalzo: San José de Ávila. Y además un pequeño, pero enjundioso, tratado de oración además de los inicios en la vida mística.

Es la Santa abulense la que nos abre la puerta a su corazón, a su vida, y que quiso dejarla por escrito. Una vida que engaña, pues no es un mero relato cronológico de aquellos momentos importantes de su biografía, que también, sino que es precisamente eso: el libro de su Vida escrito y leído a la luz del Espíritu Santo que la guía en todo momento. La historia de una Santa sin igual que descubre que es el mismo Dios quien penetra en su interior y la lleva, encamina y dirige hacia la meta prometida: la Verdad.

Santa Teresa de Jesús pone por escrito todo lo que ha descubierto a lo largo de sus años hasta que funda el convento de San José; y reconoce que ahí está Dios. Recorre su existencia y descubre la presencia divina en todo aquello que en principio no sería así. Si abre su alma a Dios es porque se sabe, reconoce y asume con alegría desbordante que sólo con la guía del Espíritu Santo podría haber llegado al estado en que se encuentra en esos momentos.

Por eso la Madre Teresa nos invita hoy, cuando lees estas líneas, y de manera especial durante este año de gracia que la Iglesia nos ofrece en el V Centenario de su Nacimiento a abrir nuestras vidas a Dios, a dejar que sea el Espíritu Santo quien tome las riendas de nuestro ser; porque sólo de este modo podremos llegar a la meta final: a vivir desde la Verdad y desde ese encuentro con Jesucristo que enamoró a Santa Teresa y que tiene que enamorarnos a nosotros. Teresa, la de Jesús, no se calló esta experiencia, sino que la proclamó a los cuatro vientos. Jesucristo vive, llena su vida, es más, la guía; y sólo con Él podemos llegar al verdadero y único sentido de nuestra vida: el Encuentro profundo, transformante y renovador con Aquel que sabemos nos ama y que nos entrega su Espíritu.

En las últimas páginas de Vida la Santa de Ávila inmortaliza para siempre ese encuentro con Jesucristo, que gracias a Él recibe el Espíritu Santo, el Espíritu de la Verdad: “Esta verdad que digo se me dio a entender, es en sí misma verdad, y es sin principio ni fin, y todas las demás verdades dependen de esta verdad, como todos los demás amores de este amor, y todas las demás grandezas de esta grandeza, aunque esto va dicho oscuro para la claridad con que a mí el Señor quiso se me diese a entender. ¡Y cómo se parece el poder de esta Majestad, pues en tan breve tiempo deja tan gran ganancia y tales cosas imprimidas en el alma!” (Libro de la Vida 40,4).

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