Madero tomado por el fuego

Hoguera

Fr. Rafael Pascual Elías, OCD | Cuando uno reza dejándose llevar por el Espíritu Santo, se ora de otro modo. La razón es clara, es Él quien mueve nuestros corazones para pedir y vivir lo que realmente necesitamos. Se trastoca todo para que el plan divino salga siempre adelante. Ahí tenemos que poner nuestra confianza, en dejar a Dios hacer todo en nosotros. Para ello es imprescindible una vida de oración seria en apertura al Espíritu.

No sólo tenemos que dejar al Fuego divino moverse en nosotros, sino que estamos llamados a seguir lo que el Padre nos quiere dar en su Hijo, que primero ha muerto en la cruz por nosotros para luego resucitar y enviarnos el Santo Espíritu. Nos da a su Hijo único y nos entrega su Espíritu ¿Qué más podemos pedir? ¡Lo tenemos todo! ¡Lo podemos todo! ¡Lo entendemos todo!

¡Eso es entrar en la vida de oración! Ver cómo nuestro corazón se transforma a medida que la oración forma parte de nuestra existencia. Cuesta. No es cosa de dos días ni dos semanas ni dos meses. Hay que mojarse. Dejarse llenar. Abrir los ojos del alma y pedir de corazón al Padre que queremos hacer su voluntad siguiendo a su Hijo, impulsados por el Espíritu Santo.

Si unimos todo ello tenemos mucho camino recorrido. Pero no hay que preocuparse. Cada uno lleva un ritmo. Lo importante es saber aprovechar cada tiempo litúrgico. Ahora, en la Pascua, lo mejor es pedir Espíritu Santo, pedir mucho Espíritu Santo en nuestra vida para que vaya entrando y haciendo su obra. A veces la podemos ver pronto, otras veces han de pasar los días para notar que algo empieza a cambiar por dentro de nuestro ser.

Lo importante es no acobardarse porque parezca que es difícil o no sabemos por dónde empezar. Tiene fácil solución. Sólo hay que pedir ayuda. Y si lo hacemos con humildad, mucho mejor. Entonces pronto tendremos un guía u otro que nos lleve de la mano para que nuestra alma sea transformada en una llama de amor viva que arde, llamea y resplandece. Con estas palabas parece que ya sabemos quién va a ser el maestro que en esta ocasión nos regale un texto que nos ayude a rezar, a poner en acción nuestro corazón orante para darlo todo a Dios y vivir en la paz de Dios.

Llega la hora. San Juan de la Cruz está deseando mostrarnos uno de sus poemas más encendidos, la Llama de amor viva; con él hemos de entrar en el comentario que hace de dicho poema. Es sublime. Hay que leerlo con calma para saborearlo y sacar todo el provecho posible. Y si lo leemos más veces, mejor. Así va calando y notándose si de verdad entendemos y hacemos caso a nuestro profesor particular en este momento. Estamos ante un doctor de la Iglesia que nos muestra un camino precioso de unión con Dios a la luz de Espíritu Santo, que transforma el alma en Dios asemejado a un madero que arde y al final es pura llama. Busquemos el libro. Hagamos un hueco en nuestra jornada. Dejemos lejos el móvil. Abramos el corazón. Pidamos Espíritu Santo. Callemos lo que ronda por la cabeza. Miremos al cielo. Leamos. Oremos. Disfrutemos. Amemos a Dios. Dejémonos amar por Dios. ¿Cómo? Pues como un madero que es tomado por el fuego:

“En lo cual es de saber que antes que este divino fuego de amor se introduzca y una en la sustancia del alma por acabada y perfecta purgación y pureza esta llama está hiriendo en el alma gastándole y consumiéndole las imperfecciones de sus malos hábitos y ésta es la operación del Espíritu Santo en la cual la dispone para la divina unión y transformación sustancial en Dios por amor. Porque el mismo fuego de amor que después se une con ella glorificando es el que antes la embiste purgando; bien así como el mismo fuego que entra en el madero es el que primero le está embistiendo e hiriendo con su llama enjugándole y desnudándole de sus feos accidentes hasta disponerle con su calor tanto que pueda entrar en él y transformarle en sí” (Llama de amor viva 1,19).

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