Los padrinos y la fe

Cruz dorada

Francisco Castro, Diácono Permanente | El Bautismo es el primero de los sacramentos de la iniciación cristina, a través del cual nacemos a una vida nueva y nos incorporamos a la Iglesia, integrándonos en su construcción para ser morada de Dios, por el Espíritu (Ef. 2,22), y nos unimos a la vida cristiana, a la vida del Señor Resucitado.

El Bautismo es el sacramento de la fe, es la puerta de la vida y del reino, que Cristo propuso a todos para que tuvieran vida eterna y que después confió a su Iglesia juntamente con su Evangelio, cuando mandó a los Apóstoles: “Id y haced discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo.

Por el Bautismo se nos incorpora a la familia de Dios Padre, entramos a formar parte de la Iglesia que es la familia de Dios, nos une a Jesucristo haciéndonos hermanos suyos y partícipes de su muerte y resurrección, pasando de la muerte del pecado a la vida en plenitud. Nos llena del Espíritu Santo que es la luz que nos ilumina, la gracia que nos renueva, y la fuerza que nos empuja a vivir el Evangelio y a amar a todos nuestros semejantes.

En la celebración del Bautismo hay personas que tienen un mayor protagonismo de testimonio sobre las demás: el niño o niña a bautizar, sus padres y los padrinos, (sin olvidar al ministro ordinario del Bautismo), cada uno con una responsabilidad especial.

En la mayoría de los casos el niño a bautizar suele ser de muy corta edad, por lo que son sus padres quienes asumen la responsabilidad de traer a su hijo para que sea bautizado y con ello se realice su incorporación a la Iglesia. Estos padres son los que a lo largo de su vida tienen que velar por la educación y la formación de sus hijos, no sólo en el ámbito religioso, sino en el académico, educativo y social, para que como decía mi abuela “sea una buena persona educada y de provecho”.

Pero me voy a detener en la importancia que tienen los padrinos en el Bautismo y en su responsabilidad para con su ahijado.

Cuando previamente al Bautismo tenemos una charla con los padres y padrinos, casi siempre surgen las mismas dudas:

  • ¿Quiénes pueden ser padrinos?
  • ¿Qué requisitos se necesitan?
  • ¿Cuántos pueden ser?
  • ¿Cuáles son sus funciones?
  • ¿Cuál es el papel de los padrinos?

Antes de contestar a esas preguntas, haré un poco de historia. La palabra padrino viene del latín padrinus y hace referencia aquél que sin ser padre, ejerce cierta función paterna, y esto mismo podemos aplicarlo al término en femenino: madrina. Ya desde los primeros siglos del cristianismo aparece la figura de los padrinos que eran los responsables de presentar a la comunidad al aspirante a la iniciación cristiana (en los primeros siglos del cristianismo los aspirantes al bautismo eran adultos) y se comprometía a ayudar a los padres o a la misma persona bautizada en el camino de la fe. Actualmente el papel de los padrinos sigue siendo muy valorado por la Iglesia.

El Ritual del Bautismo de niños recomienda que los padres se tomen muy en serio la elección de unos buenos padrinos para sus hijos, a fin de que el padrinazgo no se convierta en una institución de puro trámite y formalismo. No deben dejarse guiar únicamente por razones de parentesco, amistad o prestigio social, sino por un deseo sincero de asegurar a sus hijos unos padrinos que, por su edad, proximidad, formación y vida cristianas, sean capaces de influir, en su día, eficazmente en la educación cristiana de aquellos.

El Código de Derecho Canónico (c. 873-874) nos indica que para que alguien pueda ser admitido como padrino es necesario que haya sido elegido por quien va a bautizarse o por sus padres, que haya cumplido los 16 años, que haya recibido los tres sacramentos de iniciación cristiana: Bautismo, Confirmación y Eucaristía, y que no sea el padre o la madre de quien se ha de bautizar. En cuanto al número de padrinos, puede ser uno solo, o una sola madrina, o uno y una.

Bueno, ya sabemos quienes pueden ser madrina o padrino, pero queda lo más importante, saber cuál es la función de ellos, cual es su verdadera responsabilidad hacia su ahijado, y es aquí donde el Ritual de Bautismo nos da la respuesta. Al principio del Bautismo el ministro pregunta a los padres si saben que al pedir el Bautismo para su hijo están obligados a educarlo en la fe, para que guardando los mandamientos de Dios, ame al Señor y al prójimo como Cristo nos enseña en el Evangelio. Y acto seguido se pregunta a los padrinos: ¿estáis dispuestos a ayudar a sus padres en esa tarea? Evidentemente ambos contestan que sí están dispuestos. Este es el verdadero compromiso para con su ahijado: educar en la fe.

Vivimos tiempos difíciles para los que tenemos fe en Cristo. En nuestro entorno cada vez más hostil hacia la religión católica el mostrar nuestra fe no es un signo que sea bien acogido, más bien todo lo contrario, por eso, la figura de los padrinos actualmente, en relación con su ahijado es una tarea de gran importancia, porque no se trata sólo de rezar con su ahijado, o de recordarle la importancia de ser cristiano, se trata sobre todo ser testimonio vivo de fe, ejemplo de constancia cristiana para que pueda sentirse arropado por aquellos que el día de su Bautismo se comprometieron a acompañarle en su vida espiritual y con ello transmitirle su propia fe.

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