Lo que pasa entre el cielo y la tierra

Paisaje

Fr. Rafael Pascual Elías, OCD | La oración llena toda nuestra vida, rezamos cada día, cada semana y a lo largo de todo el año. Dejemos en este tiempo de Pascua que tres grandes concepcionistas franciscanas nos acerquen a estos ritmos de oración propios de todo aquel que busca el encuentro con Jesucristo.

A lo largo de la jornada tenemos diversas horas en las que rezar; son momentos clave en el quehacer cotidiano en los que nos acercarnos a nuestro Rey con salmos que nos ayudan a unir nuestros sentimientos a los de Cristo. Alabarle cada mañana por el nuevo día y presentarle las tareas a desarrollar en el rezo de laudes, acompañarle en el camino al caer la tarde durante las vísperas o antes de acostarnos revisar lo vivido y pedirle perdón por aquello que hemos fallado y agradecerle los bienes recibidos al rezar completas. Así podremos acercarnos a esa experiencia que tenía sor Patrocinio para decir con ella que “si supieseis lo que pasa entre el cielo y la tierra cuando se reza el oficio divino, desearíais que nunca se concluyese” (Vida admirable 248).

El domingo, día del Señor por excelencia, es el culmen e inicio de cada semana. Tenemos que vivir el domingo como eje del ciclo semanal. Vamos a la eucaristía dominical donde toda la comunidad cristiana celebra la Resurrección de Jesucristo. Nuestro ser vive en oración y revive asimismo la Pasión y Muerte del Salvador. Si acudimos en compañía de Nuestra Madre la Virgen, como hacía Madre Ángeles Sorazu, el provecho será sin medida: “en la misa me unía a las intenciones de la Virgen cuando asistió a los misterios de la vida, pasión y muerte de su divino Hijo y me inspiraba en Ella para todos los actos que deseaba realizar a favor de Jesús, Víctima en el altar” (Vida espiritual 411).

Y las semanas dan paso a los meses y los meses al año, que a nivel orante lo denominamos año litúrgico. Qué regalo poder orar con el Señor en Adviento, Navidad, Tiempo Ordinario, Cuaresma, Semana Santa y Pascua. A ello sumamos los misterios de la vida de la Virgen y los Santos que nos ayudan a entrar en el Corazón de Cristo. Este recorrido por la vida de nuestro Señor queda recogido con sumo detalle en tono orante en la obra maestra de sor María de Jesús de Ágreda: Mística Ciudad de Dios. Os recomiendo su lectura para saborear las escenas pascuales de estos días: “las llagas que antes afeaban su cuerpo quedaron tan hermosas, refulgentes y brillantes, que le hacían más vistoso y agraciado. Con esta belleza y gloria se levantó nuestro Salvador del sepulcro…” (MCD II, 1468).

¡Feliz Pascua de Resurrección!

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