La oración de intercesión de María

Flores para María

Mons. José Ignacio Munilla, Obispo de San Sebastián | La afirmación de que para Dios nada hay imposible tiene en cuenta la omnipotencia suplicante que Dios ha puesto en manos de la Virgen María. Dios es el omnipotente, pero a María la ha puesto en un lugar tan emblemático, tan unido a su Hijo, que su intercesión la hace omnipotente.

Pío XII decía que, puesto que en el Calvario todos los hombres fueron encomendados al amor maternal de María –«ahí tienes a tu hijo», «ahí tienes a tu madre»-, Ella se preocupa y ama. Se está preocupando y está amando a todos aquellos que son santos, y a todos aquellos que también están llamados a serlo y dan la espalda a la santidad. María sufre por ellos como su Hijo. Pío XII insiste que, en el fíat que pronunció la Virgen, en su «hágase», María se quedó constituida ya no sólo como madre de Jesucristo, sino también se hizo Madre en el orden sobrenatural de la gracia. Madre de todos, por obra del Espíritu Santo.

No es sólo madre de la cabeza, sino de todo el cuerpo místico de Cristo. Es decir, somos hijos de María y éste es el misterio en el que Ella está perfectamente asociada a la obra de su Hijo y, por eso, la necesitamos tanto. Es un puesto clave, determinante, en el que Dios ha puesto a la Virgen.

¿Cómo es la oración de intercesión de María? El catecismo nos indica: «ora por nosotros, como Ella oró por sí misma». Así es como reza delante de Dios por nosotros. Dice: «Hágase en mí según tu palabra». Nos confía su oración, abandonándonos mediante ella a la voluntad de Dios.

Es curioso que el catecismo explique esto de una manera tan fundamental. No pensemos en cosas raras. A veces, por intentar ensalzar a la Virgen María podemos deformar los misterios. La Virgen ruega delante de Dios como lo hizo por sí misma. Lo mismo que dice por sí misma, que sea tu voluntad, dice por nosotros.

En ocasiones, nos hemos hecho algunas representaciones, tratando de ensalzarla, que son un tanto deformadoras de la realidad y que, aun suscitando devoción, son falsas comprensiones. Por ejemplo, cuando se dice que intercede ante su Hijo de manera que Ella le convence para que se salven las almas que iban a condenarse, como si fuese más misericordiosa que Jesucristo. Desde esa perspectiva, estaría como regateando a Dios para salvar almas que el Señor había decidido condenar, pero por María acaban salvándose. Estas son formas de hablar de la piedad mariana que seguro que brotan de un corazón que ama mucho a la Virgen, pero que obviamente están deformadas.

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