Buscando a Dios por montes y riberas

Río

Fr. Rafael Pascual Elías, OCD | Cristo nos enseña a orar, a buscarle y a encontrarnos con Él en el silencio de la oración; además nos pone también palabras vivas para rezar con nuestra boca y pedir al Padre todo lo que necesitamos. Tenemos que hacerlo en unión a Cristo. Invocar al Padre estando unidos al Hijo. Es lo que sucede cuando oramos con la boca y con el corazón el Padrenuestro. Esta oración es el resumen de todo el evangelio. A todo lo que dice en dicha oración, añade por otro lado la invitación a pedir al Padre sabiendo que lo que pidamos nos lo va a dar. El “pedid y se os dará” se llena de sentido junto al Padrenuestro. Hay más oraciones en la Escritura, y también contamos con muchos modos de orar al Padre: puede ser para pedir, pero también para dar gracias, interceder, arrepentirse, desahogarse… A fin de cuentas siempre estamos en torno a lo que nos deja en el Padrenuestro. Ahí tenemos todo, y luego el corazón se ensancha y va abriéndose más y más según la oración es más interior y mental que externa y de boca. Pero hay que empezar para poder llegar a la preciosa unión en Dios.

Para este camino contamos con un maestro y doctor que nos ha dejado, por así decirlo, un padrenuestro del camino espiritual desde el inicio de la búsqueda de Dios hasta la visión beatífica donde el alma vive la plena unión con Dios. El autor es San Juan de la Cruz y la oración es su Cántico espiritual, su obra más completa en la que nos muestra paso a paso cómo ha de vivir el alma según el momento espiritual en que se encuentre.

Vamos al principio, a los comienzos, a los primeros pasos, cuando uno sabe que Dios le ama y quiere amarlo más y conocerlo más y estar más cerca de su Sagrado Corazón. Luego vendrán los momentos de los aprovechados en el camino espiritual que van ganando altura sobre la visión de Dios hasta llegar a la perfección de la unión con Dios. No hay prisa, lo importante es llegar y conocer las bases para poder adentrarse en el misterio del amor de Dios que queda descrito en el Cántico espiritual. Leer, entrar y dejarse llevar por los versos del Cántico espiritual es algo que ayuda a todo orante que está en búsqueda de Dios y quiere amar cada día más a Dios porque según lo busca, más ama y más amor de Dios descubre. Al final llega la unión transformante, el alma en Dios y Dios en el alma, todo un camino de unión que tiene su fin en las últimas canciones del Cántico.

¡Comencemos ya! Para ello sirvámonos de una vivencia por la que puede ser que hayamos pasado o quizá alguno lo viva ahora en primera persona: el inicio de una vida nueva al ir a estudiar en la universidad. Ha quedado atrás el verano y el curso está en marcha. Los jóvenes que han dejado su casa para empezar la universidad conocen los edificios de las facultades donde estudian y pasan muchas horas allí, como también en la sencillez y anonimato de sus habitaciones de residencias y colegios mayores. Los novatos quieren saber más de la carrera que empiezan con ganas porque es su sueño, su meta: llegar al final y vivir de tal modo que esos estudios sean los que les abran la puerta a la vida de madurez según pasen los años. Pero no pueden adelantarse. Hay que ir año a año y dejarse acompañar y guiar por sus veteranos. Y el primer año es todo un vivir en fuego de deseo de estudio de aquello que tanto se ama.

Esto nos ayuda a entender lo que nos deja San Juan de la Cruz por escrito cuando nos explica cómo buscar a Dios siendo novatos en la vida espiritual, esos que comienzan a dar pasos encaminándose hacia los altos montes en las universidades y recorriendo también las escondidas riberas al llegar a sus habitaciones donde estudian por el día y descansan por la noche. Y si van sin compañía de guía espirituales es más difícil. Los veteranos les hacen conocer mejor los territorios y caminos por donde es más fácil el encuentro con Dios. Todos buscan el amor, el sentido a su vida, y se busca por todos los lugares, por los montes y riberas, es decir, ejercitando las virtudes y también las mortificaciones y ejercicios espirituales. Ir a lo más alto y gozar en Dios es algo único, sobre todo cuando uno tiene ganas de darlo todo por Dios y comenzar una vida nueva; como un novato universitario que se admira ante la grandeza de los edificios de la universidad y al llegar a su lugar de residencia no deja de buscar a Dios y estudiar en su habitación. Allí se recoge en lo más secreto de su corazón para decir con todas sus fuerzas, en unión al místico doctor San Juan de la Cruz, lo que brota de su más profundo centro:

“Iré por esos montes y riberas.

Por los montes, que son altos, entiende aquí las virtudes: lo uno, por la alteza de ellas; lo otro, por la dificultad y trabajo que se pasa en subir a ellas, por las cuales dice que irá ejercitando la vida contemplativa. Por las riberas, que son bajas, entiende las mortificaciones, penitencias y ejercicios espirituales, por las cuales también dice que irá ejercitando en ellas la vida activa, junto con la contemplativa que ha dicho; porque, para buscar a lo cierto a Dios y adquirir las virtudes, la una y la otra son menester. Es, pues tanto como decir: buscando a mi Amado, iré poniendo por obra las altas virtudes y humillándome en las bajas mortificaciones y ejercicios humildes. Esto dice porque el camino de buscar a Dios es ir obrando en Dios el bien y mortificando en sí el mal” (Cántico espiritual B 3,4).

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