Aquí estoy, Señor

Adoración del Santísimo Sacramento

Juan José Infantes, Presbítero | Estas palabras nos son familiares. Sobre todo cuando hemos asistido a una Profesión de votos en la Vida Consagrada o cuando hay Ordenaciones Sacerdotales. Son las palabras que responden los candidatos al ser llamados por la Iglesia.

Nos damos cuenta que estas palabras que muestran una gran disponibilidad y generosidad, cada vez son menos pronunciadas, y sobre todo ha aumentado el temor a decirlas.

Aquí estoy, Señor, para una convivencia, para un campo de trabajo, para un voluntariado… no cuesta tanto, es algo que tiene fecha de caducidad, de ida y vuelta. El problema es “el para siempre”.

Hoy en nuestra sociedad hay lo que podemos llamar “crisis del para siempre”. Es cierto que no sólo nos referimos al aspecto religioso, porque también lo vemos en la vida matrimonial, incluso en la vida laboral, es como si la rutina se apoderase de nosotros y nos invade el deseo de cambiar, de hacer otra cosa, de ir a otro lugar…

Como cristianos tenemos que pedir constantemente para los sacerdotes, consagrados… el para siempre. Y no pedirlo una vez, sino el no cansarnos de pedirlo. Nuestra vida consagrada a Dios no tiene sentido sin el para siempre. Ya el Papa Francisco advertía a seminaristas y novicios que la vocación no es un contrato temporal. A nosotros nos ocurre como al Papa, queremos una vida de “para siempre”.

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