Agua viva, manantial de espiritualidad

Gorrión bebiendo agua de una fuente

Ricado Vargas, Director de agua viva entre 2005-2011 | 25 años. Se dice pronto, pero se tarda un poco más en recorrerlos. Todavía recuerdo lo primero que me enseñó Carlos, nuestro primer diseñador gráfico, cuando en 2005 me hice cargo de la dirección de agua viva: “La gente cree que es difícil hacer una revista. Hacer una revista es fácil. Juntas unos cuantos artículos, algunas imágenes, y ya la tienes. Lo difícil de verdad es hacer una cada mes.”

Y agua viva lo ha ido haciendo. Siempre fiel a su cita, sin faltar nunca. 25 años llevando sin descanso esas gotitas frescas del amor sin límites del Corazón de Jesús hasta el hogar de cada suscriptor, de cada familia, de cada comunidad. Con la humildad de las cosas de Dios, siempre tan sencillas. Con la ilusión de comunicar la gran noticia de este Dios que ama con corazón de hombre a cada uno, y entrega su vida para rescatar la nuestra de tantas situaciones que nos desgarran y nos roban la alegría. Con el anhelo de suscitar en sus lectores una respuesta de gratitud y correspondencia ante tanto don recibido, pues “amor con amor se paga”, y “obras son amores, y no buenas razones”, como dice nuestro rico refranero popular.

Nunca quisimos ser una revista de formación cristiana, que ya las hay muy buenas. Tampoco una revista de información eclesial, que tampoco faltan, gracias a Dios, en nuestro panorama editorial. Lo que de verdad siempre quisimos ser es eso: un manantial vivo de espiritualidad al que acudir para saciar la sed de Espíritu que late en el corazón de cada ser humano. Un cauce para provocar el encuentro personal, de tú a tú, con Jesucristo, y cultivar esa bendita amistad. Nada más que eso. Y nada menos.

Hoy doy gracias a Dios por haber formado parte de este proyecto durante algunos años. Agradezco también su dedicación a tantos colaboradores que lo han sostenido todo este tiempo con sus iniciativas, con su trabajo tan eficaz como escondido en mil y una tareas, con sus aportaciones en forma de artículos, de entrevistas, de material gráfico. Y reservo finalmente una especial gratitud para vosotros, los que leéis e incluso -me consta- releéis cada número de la revista. Vuestra sed es la razón de ser de esta agua viva, y el mejor acicate para quienes siguen hoy trabajando, mucho y bien, para hacerla llegar hasta vuestra puerta.

“¿Cómo pagaré al Señor todo el bien que me ha hecho?”, exclamaba el salmista. También a mí me brotan de dentro esas palabras. Si a ti también te pasa, te propongo algo: no dejes que esta agua viva se empantane en ti. Conviértete también tú en su cauce para que la frescura del amor de Cristo alcance a los que te rodean. Múdate en altavoz que replica y amplifica a su alrededor la gran noticia: “¿Sabes? Dios te ama. Cristo ha venido por ti. En él encontrarás salvación”.

Y luego, de vuelta al manantial, para seguir caminando y… ¡a por otros 25!

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