La Esposa del Espíritu Santo

Pentecostés
Fotografía: Lawrence OP (Flickr)

Fr. Rafael Pascual Elías, OCD | En pleno verano, cuando todos miramos a María al acercarse la fiesta de su Asunción al cielo y multitud de pueblos honran a nuestra Madre, contamos con una ayuda deslumbrante que nos ayuda a rezar y a dejarnos llevar por Dios por un camino que todos conocemos y muchas veces nos cuesta asumir: la cruz de Cristo.

Hablamos de Santa Teresa Benedicta de la Cruz (Edith Stein), una mujer conversa del judaísmo, maestra en filosofía y al final de su vida carmelita descalza y mártir en el campo de concentración de Auschwitz el 9 de agosto de 1942. Su vida nos ayuda a darlo todo por ese Dios vivo que cambia nuestras vidas cuando entramos de lleno en la oración. Esta destacada hija de Santa Teresa de Jesús sabe muy bien que Jesús ora en nosotros, en nuestro lugar y en favor nuestro. La oración es el eje clave en su vida de conversión y más tarde también de entrega sin límites una vez dentro de la clausura carmelitana.

Cuando miramos la cruz como la miraba Santa Teresa Benedicta, nos damos cuenta que todas nuestra peticiones están allí recogidas. ¡Cristo acoge en la Cruz todo lo que le presentamos para llevarlo al Padre! En la resurrección todo queda culminado. La promesa de la vida eterna se muestra con todo su poder. Y el Padre recibe todo lo que su Hijo le presenta. Mucho de esto nos deja detallado esta santa carmelita en su obra culmen, La Ciencia de la Cruz. Se trata de una presentación de la vida espiritual unida a la doctrina del maestro sin par San Juan de la Cruz. Leamos con calma esta obra y metámonos en la espesura de la Cruz este verano.

Hay que orar como Edith, y como todos los que se dejan en Dios, unidos a Jesús, orar unidos a la plegaria de Cristo al Padre, en confianza total y audacia filial singular. De este modo obtenemos todo lo que pedimos en su nombre y en muchas ocasiones, mucho más de lo que nos atrevemos a pedir. ¿Por qué? ¡Pues porque en la oración recibimos al Espíritu Santo que nos regala todos sus dones!

¿Y si ahora volvemos al inicio y ponemos la mirada en nuestra Madre la Virgen María? Es lo que hace Santa Teresa Benedicta en uno de sus poemas. No sólo escribe meditaciones breves llenas de vida espiritual y obras de peso tanto a nivel teológico como filosófico, sino también poemas que nos elevan el alma a Dios y nos muestran lo que un alma vive por dentro cuando arde en amor de Dios. Todo brota de la acción del Espíritu Santo y de saber que tenemos una Madre que nos quiere a todos con locura y quiere llevarnos a su Hijo.

¡Rezar! ¡Callar! ¡Amar! ¡Contemplar! ¡Agradecer! ¡Creer! ¡Ofrecer! ¡Interceder! ¡Esperar! ¡Acoger!… ¡Vivir en Dios! Eso es lo que hace Santa Teresa Benedicta de la Cruz y que nos puede servir de ayuda en este caluroso verano para que, cuando celebremos la Asunción de María en cuerpo y alma a los cielos, nos acordemos de una monja de clausura que nos enseña a dirigir la mirada al cielo invocando a nuestra Madre María virgen como Esposa del Espíritu Santo:

“La brillante gloria de la plenitud de la gracia

la ha elegido desde la eternidad para el Trono,

y a través de ella fluye hacia la tierra

y todo don viene de sus manos.

Como esposa está unida a ti indisolublemente.

¡Oh dulce Espíritu! Yo te he encontrado.

Tú me revelas la luz de tu divinidad,

clara resplandeciente, en el rostro de María”

(Final del poema Esposa del Espíritu Santo).

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