Dogmas marianos. III. La Inmaculada Concepción

La Natividad de la Virgen
La Natividad de la Virgen (Jean Restout)

Francisco Castro, Diácono permanente | Alejandro Martínez Sierra en su obra titulada “La Inmaculada y el misterio del hombre”, asegura que no es fácil presentar el dogma de la Inmaculada Concepción al hombre moderno. La falta de control interno, la carencia del sentido del pecado, el desconocimiento de la gracia y la exaltación de la sexualidad, hacen que la figura de Maria Inmaculada resulte incomprensible y que no le diga nada respecto a su vida personal.

El dogma de la Inmaculada Concepción de la Virgen María fue declarado el 8 de diciembre de 1854 por el Papa Pío XI, en la bula pontificia Ineffabilis Deus, siendo formulada en los siguientes términos:

“…Para honor de la santa e indivisa Trinidad, para gloria y ornamento de la Virgen Madre de Dios, para exaltación de la fe católica y acrecentamiento de la religión cristiana, con la autoridad de nuestro Señor Jesucristo, de los bienaventurados Apóstoles Pedro y Pablo y con la nuestra declaramos, proclamamos y definimos que la doctrina que sostiene que la beatísima Virgen María fue preservada inmune de toda mancha de la culpa original en el primer instante de su concepción por singular gracia y privilegio de Dios omnipotente, en atención a los méritos de Cristo Jesús Salvador del género humano, está revelada por Dios y debe ser por tanto firme y constantemente creída por todos los fieles” (DS 2803).

Pero para llegar a esta afirmación dogmática el camino ha sido largo y en ocasiones tortuoso. Una evolución que intentaré describir en esta breve aportación.

Hoy el dogma de la Inmaculada Concepción es una unidad dogmática, pero en un principio se vio fuertemente obstaculizada por dos ideas teológicas fundamentales: la universalidad de la redención y la universalidad del pecado original. La superación de estos dos grandes obstáculos fue lenta y en ocasiones dramática.

Lo que nos dice la universalidad de la redención es que Cristo es el salvador de todo género humano, es el salvador de toda la creación. Entonces quiere decir que María también ha necesitado de esa salvación y por lo tanto algo habría en ella para necesitar esa salvación. Y en cuanto a la universalidad del pecado original, la tradición ha mantenido esta afirmación hasta el Concilio de Trento y por lo tanto María no podía ser una excepción. Es decir, si tiene que ser redimida es que ha tenido algún pecado.

La Sagrada Escritura no habla de los orígenes históricos de María, ni alude expresamente a privilegio alguno en su concepción. Ello, no obstante, a lo largo del camino recorrido por la fe de la Iglesia fue viéndose implícitamente contenida la verdad acerca de su concepción inmaculada, es decir, de su inmunidad de pecado original desde el primer instante de su existencia en dos lugares bíblicos. Uno de esos lugares es el protoevangelio de Santiago (s. II) donde se habla de María en forma positiva y el otro lugar es el evangelio de Lucas en el relato de la anunciación donde el arcángel Gabriel saluda a Maria, llamándola “llena de gracia” (Lc1,28).

Hasta el Concilio de Éfeso (s. IV) hubo autores que se manifestaron en contra tanto de la virginidad, como de la Inmaculada Concepción de María. Entre los autores que se declararon anti-inmaculistas se encontraban San Anselmo, quien negaba la Inmaculada Concepción por la dificultad de conciliar la Inmaculada Concepción con la redención universal de Cristo. San Bernardo basa su negativa en que María no ha sido concebida virginalmente, es decir que ha sido concebida por el pecado original (por relación carnal de sus padres). Y San Alberto Magno afirma que fue concebida con pecado original, aunque fue santificada poco después de la animación (insuflada el alma). Pero también existen autores que estuvieron a favor, citaré a tres de los más relevantes: Eadmero de Inglaterra, que fue el primero dentro de occidente de defender este dogma. Y para ello usó el razonamiento teológico: “Posuoit, Voloiut, Feche”: Pudo, Quiso, Hizo. Pudo por era Dios. Quiso porque era Hijo, luego lo hizo porque era Dios y también Hijo. Por lo tanto, Dios que es omnipotente pudo hacer que María naciera inmaculada. Guillermo de Ware, monje franciscano, es el primero que formula la idea de la llamada “redención preventiva”. Es decir, Dios redimió a María, en prevención de que iba a ser la madre de Jesús. Fue protegida antes de contraer el pecado, fue protegida antes de caer en el mal. Otro autor defensor de este dogma fue el también franciscano Duns Scoto, alumno de Guillermo de Ware, quien desarrolló y divulgó la doctrina preventiva de su maestro, que no sólo exceptúa a María de la redención universal, sino que la hace objeto de una redención más excelente.

Desde el siglo XIV y hasta la definición dogmática hubo varias intervenciones magistrales: el Concilio de Basilea (1436), también conocido con Concilio de Florencia, donde se enfrentaron dos corrientes, una a favor y otra en contra, que terminó con una fórmula favorable a la Inmaculada Concepción. En 1476 el Papa Sixto IV, aprueba una misa y un oficio de la fiesta de la Inmaculada. En el s. XVI muchas universidades católicas se adhieren a la tesis de la Inmaculada. El Concilio de Trento no habla de una forma directa sobre la Inmaculada, pero si lo hace de forma indirecta en el decreto sobre el pecado original, excluyendo a la Virgen María. San Pio V condenó el año 1561, el error de Miguel Bayo (sacerdote flamenco) quien decía que María había estado sujeta al pecado original. En 1661 el Papa Alejandro VII afirmó que casi todos los católicos admitían la Inmaculada Concepción. Clemente XI con la bula papal Commisivobis (1708), instituye la fiesta de la Inmaculada Concepción como día de prefecto el 8 de diciembre, justo un siglo antes del dogma. Y en 1854 Pío IX hace una convocatoria universal a todos los obispos, para que manifestaran su sentir y el de sus fieles en este asunto. De los 603 obispos preguntados, 546 se declararon favorables a la definición del dogma de la Inmaculada Concepción.

Para concluir cito la declaración que muchos años después de la declaración de este dogma, hizo el Papa Benedicto XVI en su libro “La Hija de Sión” donde se preguntaba qué significa inmaculada, y qué es el pecado original.

Su respuesta fue, que el pecado original es una afirmación que debe ser comprendida en términos de relación entre el hombre y Dios. Es una antropología de relación. El pecado original es la fractura entre aquello que el hombre es a partir de Dios y aquello que él es en sí mismo. La oposición entre el querer del creador y el ser empírico del hombre: esto es el pecado original.

Para Benedicto XVI, María está exenta del pecado original. En María el proyecto de Dios coincide perfectamente con la realidad que es María, por lo que no hay pecado. María no se cierra a sí misma, sino que ella es total donación. Vive en una actitud en la cual no existe ningún resquicio al egoísmo, no se reserva para ella ningún resquicio de su ser.

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