La Misericordia del Corazón de Cristo en Santa Margarita María

Santa Margarita María

Juan José Infantes, Presbítero | ¡Qué dulce es arrojarse en los brazos de un Dios que muere por amor nuestro y que no busca otra cosa, que darnos parte de sus misericordias!

Son palabras de Santa Margarita María, una joven visitandina que había nacido el 22 de julio de 1647 en un pueblo de la Borgoña, cercano a Paray-le-Monial. Desde pequeña tiene y cuida su experiencia de Dios y su relación con Jesús Eucaristía y la Virgen. Después de lograr superar dificultades y enfermedad durante su juventud, a los 23 años, ingresa en el Monasterio de la Visitación de Paray. Apenas entrar en el recinto del Monasterio escucha que el Señor le dice: Aquí es donde te quiero. Elige la Orden de la Visitación de Santa María, que había sido fundada en 1610 por San Francisco de Sales y Santa Juana Francisca de Chantal, por ser toda de la Virgen María. El mismo San Francisco de Sales escribe: Nuestra pequeña congregación es obra del Corazón de Jesús y de María. El Salvador al morir nos ha dado a luz por la abertura de su Sagrado Corazón.

Desde la profesión perpetua, hasta su muerte, tiene el privilegio de gozar de la presencia de Jesús de una manera distinta a la que había experimentado hasta ese momento: una de las mayores gracias que el Señor le concede a las almas que Él elige. Un buen día escuchó en lo íntimo de su corazón la voz del Señor que le decía: “Quiero hacer de ti un compuesto de mi Amor y de mi Misericordia”. Y ella puso todo su ser en manos de Aquel que la “escogió por esposa”… y la eligió para dar a conocer al mundo que Dios tiene un Corazón rebosante de Misericordia.

¿Quién iba a pensar que para realizar tan ingente cometido de propagar por todo el mundo la devoción a su Sagrado Corazón escogería a una religiosa de clausura encerrada en las cuatro paredes de su Monasterio? Dijo el Corazón de Cristo a Santa Margarita María: “Mira este Corazón que tanto ha amado a los hombres…” De este modo tan explícito, Jesús expresa el infinito amor que tiene a todos los hombres por quienes dio hasta la última gota de sangre de su Corazón. Quiere que todo hombre conozca con certeza que en ese Corazón encontrará el amor y la misericordia que el mundo no puede darle. Con este convencimiento, exclama Santa Margarita María: “Al amarlo hasta la locura, y al hacer que sea amado muchísimo, esto me bastará.”

La misión y obra de Santa Margarita conserva toda su fuerza y apasionante actualidad para nuestro mundo de hoy: ella nos revela la misericordia de Dios, a la cual podemos responder nosotros. En primer lugar, nos muestra una “nueva” relación de intimidad con Dios. Necesitamos conocer a Dios como Perdón, Amor y Ternura, para convertirnos, no desanimarnos ante las dificultades e incomprensiones, y seguir creciendo. Para salir de la soledad, el vacío, la rutina, la amargura, la mediocridad… Para basar nuestra vida espiritual en un fundamento capaz de entusiasmar y de atraer a los hombres y mujeres de nuestro mundo. Él mismo se encarga de decirnos: Venid a mí… En segundo lugar, lleva a una “nueva” relación con el prójimo. No de odio, rivalidad, envidias, egoísmos, frialdad, aislamiento, recelos, sino de perdón, comprensión, amor, sensibilidad, cariño. La Misericordia es la única que puede establecer la “Civilización del Amor”. Nos lleva no sólo a dar, sino a darnos. Y en tercer lugar, establece una “nueva” relación con nosotros mismos, de comprensión, perdón, reconciliación,… aceptando nuestro pasado, aceptándonos como somos y aspirando a lo que debemos ser.

A Santa Margarita María de Alacoque el Sagrado Corazón, le revela la profundidad de su amor por los hombres, amor hasta el extremo de dejarse traspasar por la lanza del soldado, consumir, llegar hasta los mayores sufrimientos, concluidos en la muerte en la Cruz. El Corazón de Jesús le dice a Santa Margarita: «Mi Divino Corazón, está tan apasionado de Amor a los hombres, en particular hacia ti, que, no pudiendo contener en el las llamas de su ardiente caridad, es menester que las derrame valiéndose de ti y se manifieste a ellos para enriquecerlos con los preciosos dones que te estoy descubriendo los cuales contienen las gracias santificantes y saludables necesarias para separarles del abismo de perdición».

No podemos olvidar que siempre en las revelaciones del Sagrado Corazón, Jesús manifiesta que es menester revelar su Corazón cuando el mundo se enfría en el amor y que es como un último remedio. Un ejemplo claro se descubre cuando Jesús le dice a Santa Margarita que la revelación de su Corazón era, como un último esfuerzo de su amor, en estos últimos siglos, para calentar a un mundo frío, para intentar salvar las almas que se pierden, como un medio seguro de calmar la justicia divina y de alcanzar misericordia de Dios, y como una fuente abundante de bendiciones. Santa Margarita, en una confidencia que hace a su superiora le comunica: Se me presentó mi Señor descubriéndome su Corazón lleno de amor y me dijo: este es el Maestro que te doy. Él te enseñará todo lo que debes hacer por mi amor. Por eso tú serás su discípula predilecta. Sentí una gran alegría. Me abandoné del todo a Él.

Para Santa Margarita María, nuestra respuesta de misericordia se resume en la consagración al Corazón de Jesús, pues constituye una entrega total de sí a Cristo, que compromete toda nuestra vida. Con frecuencia invita a las personas con las que mantiene correspondencia a propagar esta consagración y lo hace con una fuerza irresistible, pues ella misma ha descubierto y experimentado lo fundamental que es entregarse al amor de Cristo. En varias ocasiones, Santa Margarita asegura, de parte del Señor, que las personas que se consagran al Corazón de Jesús no perecerán. Pero se refiere a una consagración vivida, traducida en obras en la vida cotidiana. La misericordia que experimenta y vive Santa Margarita no está alejada de los hombres aun viviendo en clausura. Sabe que es imposible amar a Dios sin amar a los hermanos. Ella escribe: Le rogué en la oración que me diera a conocer el medio de satisfacer mi deseo de amarle. Y me hizo ver que no es posible demostrarle mejor nuestro amor que amando al prójimo por amor a Él, y que debía ocuparme en procurar su salvación, siendo necesario que olvidara mis intereses para hacer míos los del prójimo.

La misericordia del Corazón de Jesús se convierte para Santa Margarita en un “tesoro escondido”, en un “océano sin límite”, que como ella misma dice: “no quiere sino manifestarse a nosotros, repartirse y distribuirse para enriquecer a los verdaderos pobres”. Es también el “canal de las misericordias del Padre” para con todos los hombres y muy especialmente para con los pecadores: En este Corazón hay tres canales que manan sin cesar: el primero de misericordia para con los pecadores…; el segundo es de caridad, que se extiende sobre quienes tienen alguna necesidad y particularmente sobre los que tienden a la perfección; del tercero brotan el amor y la luz para los amigos perfectos que Él quiere unir a Sí, para comunicarles su ciencia y sus deseos.

Quisiera finalizar con unas palabras de Santa Margarita María que nos ayuda a profundizar en el amor y la devoción al Corazón de Jesús: Ojalá pudiera contar todo lo que se de esta devoción al Sagrado Corazón de Jesús y descubrir a toda la tierra los tesoros de gracias que Jesucristo encierra en su Corazón adorable, y que quiere derramar con abundancia sobre todos los que la practiquen.

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