Humildad y paciencia

Navidad
Navidad (Botticelli)

Ana Isabel Carballo

José entró en el pueblo, encontró a la gente arremolinada hablando, de pronto unos amigos le llamaron: «José, José, ven. ¿Qué sucede, pasa algo malo? Imagínate José, el emperador romano ha ordenado que se haga un censo, unos centuriones han traído la noticia».

José se alejó pensativo «a María no le falta mucho para dar a Luz, vaya momento para emprender un viaje».

Cuando se acercó a la casa vio a María que salía feliz del taller y acercándose a él hablaba emocionada: «José es una cuna preciosa y las otras cosas ¡Qué bonitas! Gracias».

«Pero mujer, si era una sorpresa. Además, es una cuna humilde». «Pues por eso es preciosa», respondió María, con esos ojos llenos de amor, que a José le parecía que abrazaban al mundo entero.

Vamos a casa, José. Te enseñaré la ropita del Niño. No es mucha pero está bien y, además las vecinas…

María seguía hablando. José pensaba en cómo darle la noticia. Cuando entraron en la casa, María se volvió y viendo la cara de José dijo: «Te noto serio, ¿pasa algo?»

«Siéntate, María, por favor. Verás. El emperador ha ordenado un nuevo censo y debemos partir enseguida para Belén, sólo podremos llevar lo imprescindible, la cuna tendrá que esperar, pero un viaje en tu estado…».

«Está bien, respondió María sin perder ese sol de sonrisa, estaré lista enseguida y no te preocupes. José. Confía en el Señor».

Entretanto en Belén…

Un ángel, estaba ocupadísimo, tenía que escoger a los animales que mejor pudiesen ayudar a la Sagrada Familia en el pesebre. Me llevará bastante tiempo, así que ¡manos a la obra!

Bien de mañana reunió a todos los animales a las afueras de pueblo.

«Qué alboroto, a ver, por favor, de uno en uno, no os amontonéis» poco a poco se fue imponiendo el orden, cuando de pronto, apareció el León y todos se apartaron a su paso llenos de temor.

«Yo soy el Rey y serviré al Rey del Mundo, acabaré con cualquiera que se acerque a Él», tronó con voz potente.

«Eres violento y agresivo» dijo el ángel.

A continuación se acercó el Pavo real, presumido y coqueto, desplegando sus alas deslumbró a todos con sus tornasolados colores, y le dijo: «Yo haré de aquel pobre establo el más bello palacio del mundo, será la envidia del mismísimo emperador romano».

«Uf, eres muy vanidoso», respondió el ángel.

«Pues nosotros le llevaríamos de paseo», dijeron los Camellos. De veras que os lo agradezco, rió el ángel, pero tendréis que esperar a que crezca un poco».

Adelantándose a otros animales se presentó el astuto Zorro y habló «Dejaros de tonterías, yo soy lo que necesitas, robaré por las mañanas leche para el Niño y algún pollo o tal vez un conejo para María y José».

«¡Oh no! Eres ladrón e inmoral» dijo el ángel.

Alejándose un poco, se sentó el ángel pensativo, a la sombra de un árbol. De pronto alzando la vista, atisbó, allá a lo lejos un Asno y un Buey. Se acercó y les dijo: «¿Por qué no habéis venido a la selección?»

¿Nosotros? Respondió el asno, «pero si no tenemos qué ofrecer». El buey sin despegar sus grandes ojos del suelo, se atrevió a hablar: «Tal vez podríamos darle un poco de calor con nuestro aliento». El asno le dijo al ángel: «sólo sabemos de humildad y paciencia».

El ángel sonriendo les dijo: POR ESO SOIS LOS ELEGIDOS.

PD: Por cierto, con el transcurrir de los siglos se olvidó el nombre de aquel ángel, ¿o tal vez, se conserve perdido en alguna bilioteca?»

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