Alimento espiritual

Orando en Lourdes
Fotografía: Lawrence OP (Flickr)

Fr. Rafael Pascual Elías, OCD | El que no come se muere. Así de claro y directo. Esto no lo puede negar nadie. El cuerpo necesita alimento para mantenerse con vida. ¿Y el alma? ¡Pues también! Y el alimento espiritual, a parte del Pan vivo bajado del cielo, es la oración que ensancha el alma y la lleva a la unión con Dios.

¡Tenemos que orar! La oración es una necesidad vital. ¿Se entiende bien esto? Es algo transcendental, no podemos dejarla de lado porque entonces morimos. Sí, morimos del todo porque dejamos que reine en nosotros el pecado. Al no rezar no estamos en camino hacia Dios y nos perdemos por caminos que nos llevan al abismo. Y del abismo es difícil salir. Oscuridad, condena y sufrimiento…

¡Falta Dios cuando uno vive en el pecado al no dejarse llevar por el Espíritu Santo que siempre nos ayuda a orar en nosotros levantando la mirada a Dios! ¡Es la clave! Tenemos que dejarnos llevar por el Espíritu o dicho de otro modo, ser movidos por el Espíritu.

Cada vez cuesta más ver gente en oración. Pero los hay. Y hacen un gran bien. No sólo para ellos, sino para toda la humanidad. Al rezar uno se abre a Dios y con Él a todos aquellos que han sido creados por amor de Dios para ser felices en una vocación concreta.

Y es que con la oración se puede todo. ¡Todo! Y lo repito: ¡Todo! Todo porque estamos puestos en las manos de Dios. Lo que parece imposible, es posible porque para Dios nada hay imposible. Lo difícil se hace más fácil y lo más importante, que vemos el camino a seguir para no tropezarnos con las piedras de nuestros pecados.

Pero no podemos quedarnos aquí, en salvar el alma al crecer en la vida espiritual por medio de la oración. Tenemos que orar por todos. El que reza cada día está bien alimentado y puede subir por los senderos más intrincados hasta la unión con Dios. El que no reza no puede ni dar el primer paso. ¡Por eso tenemos que comer todos los días! ¡Acudamos todos los días a la eucaristía y comulguemos!, pero en gracia. Mucho cuidado con comulgar si el alma no está limpia; ¡eso nos lleva a la perdición! Un alma limpia, clara, luminosa que frecuenta la eucaristía y reza de corazón cada día de su existencia tiene mucha fuerza espiritual.

El que por el contrario no alimenta su alma se pierde, y lo que es peor, puede caer preso y quedar así toda su vida sufriendo las consecuciones de no estar bien alimentado espiritualmente. Por eso tenemos que rezar, para estar fuertes y ayudar a los que por falta de alimento espiritual sufren en gran medida.

Oremos por nosotros y por todos, para que estemos siempre abiertos a seguir el camino de la oración que nos da las fuerzas necesarias para entablar el combate de la vida espiritual. ¿Podemos tener todo y morir de hambre? Aunque parezca mentira sí puede suceder porque el pecado nos tiene encadenados y nos impide acercarnos al alimento diario de la oración y la eucaristía, al alimento espiritual. Es lo que tiene la vida de oración, que lo corporal nos ayuda a entender mejor lo espiritual.

Acudamos a una gran maestra de oración para comprobar que o comemos en condiciones todos los días o sufriremos muerte cruel. Puede parecer muy duro, pero es así, sin alimento espiritual el alma muere. Y si muere, el alma no se une a Dios, y si no se une a Dios, es presa de las cadenas del pecado que cambian por completo la vida. Leamos a Santa Teresa de Jesús para comprobar una vez más que tenemos una gran ayuda en sus obras para conocer, crecer y conducir a todos por el camino de la oración donde todo es diferente, todo es Dios. Si falta la oración nos falta todo y nos morimos. Entremos al Castillo interior de la mística doctora y pasemos de morada en morada hasta llegar a la última, donde vemos la importancia de alimentar espiritualmente no sólo nuestra alma. ¡Oremos!:

“Es grandísima limosna rogar por los que están en pecado mortal; muy mayor que sería si viésemos un cristiano atadas las manos atrás con una fuerte cadena y él amarrado a un poste y muriendo de hambre, y no por falta de qué coma, que tiene cabe sí muy extremados manjares, sino que no los puede tomar para llegarlos a la boca, y aun está con grande hastío, y ve que va ya a expirar, y no muerte como acá, sino eterna, ¿no sería gran crueldad estarle mirando y no le llegar a la boca qué comiese? Pues ¿qué si por vuestra oración le quitasen las cadenas? Ya lo veis. Por amor de Dios os pido que siempre tengáis acuerdo en vuestras oraciones de almas semejantes” (Santa Teresa de Jesús, Castillo interior 7,1,4).

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