La Infancia de Jesús

Sagrada Familia del pajarito
Sagrada Familia del pajarito (Murillo)

Francisco Castro, Diácono permanente | La figura de Jesucristo ha sido central en la historia del cristianismo, y su vida ha sido objeto de innumerables estudios, reflexiones y representaciones artísticas. Sin embargo, uno de los períodos menos documentados en los Evangelios canónicos es su infancia. Tanto Mateo como Lucas ofrecen algunos relatos sobre los primeros años de vida de Jesús, mientras que Marcos y Juan omiten por completo esta etapa. Por su parte, los evangelios apócrifos, (escritos fuera del canon bíblico), expanden considerablemente los detalles de su niñez, incluyendo episodios milagrosos y situaciones que intentan explicar el misterio de su divinidad desde temprana edad.

En esta colaboración intentaré comparar y analizar la representación de la infancia de Jesús en los textos canónicos y apócrifos, destacando sus diferencias, coincidencias y el valor que aportan a la comprensión de la figura de Cristo.

Comenzaré por los Evangelios canónicos, en concreto por el Evangelio de Mateo que narra varios episodios relacionados con la infancia de Jesús, aunque enfocados más en su nacimiento y en los eventos que lo rodean. Mateo menciona el nacimiento de Jesús en Belén en tiempos de Herodes y la visita de los Magos de Oriente, quienes guiados por una estrella, reconocen al niño como el rey de los judíos y le ofrecen oro, incienso y mirra (Mt 2,1-11). Relata la huida a Egipto cuando un ángel advierte a José en sueños sobre la intención de Herodes de matar al niño. Este evento se vincula con la profecía de Oseas: “De Egipto llamé a mi hijo” (Os 11,1). Nos habla de la matanza de los inocentes donde Herodes ordena asesinar a todos los niños menores de dos años de Belén y su comarca (Mt 2,13). Para finalmente narra el regreso de la Sagrada Familia a Nazaret, cumpliendo así la profecía de que Jesús será llamado “nazareno”.

El relato de Mateo subraya el cumplimiento de las profecías del Antiguo Testamento y presenta a Jesús como el Mesías prometido desde su infancia.

El Evangelio de Lucas es el que más detalles ofrece sobre la infancia de Jesús. En él se encuentran: La anunciación a María por el ángel Gabriel, que le comunica que concebiría al Hijo de Dios (Lc 1,26-38). El nacimiento en Belén, incluyendo la escena del pesebre, los pastores y el canto de los ángeles (Lc 2,1-20). La circuncisión de Jesús y la presentación en el Templo, donde el anciano Simeón y la profetisa Ana reconocen en el niño al Salvador (Lc 2,21-28). El regreso a Nazaret y el crecimiento del niño: “Y el niño crecía y se fortalecía, llenándose de sabiduría; y la gracia de Dios estaba sobre él” (Lc 2,40). Y El episodio en el Templo a los doce años, donde Jesús es hallado discutiendo con los doctores de la ley, demostrando una sabiduría extraordinaria (Lc 2,41-50).

Lucas enfatiza la humanidad y divinidad de Jesús, destacando el desarrollo progresivo de su conciencia y misión.

Como he indicado los Evangelios de Marcos y Juan no contienen relatos de la infancia de Jesús. Marcos comienza directamente con el bautismo de Jesús por Juan el Bautista. Y Juan, por su parte, se inicia con un prólogo teológico (“En el principio era el Verbo…”), y también introduce a Jesús como adulto.

Esto sugiere que para Marcos y Juan la infancia de Jesús no era central para su mensaje teológico, que se enfoca en su vida pública, muerte y resurrección.

Ante el vacío narrativo de los evangelios canónicos respecto a la niñez de Jesús, surgieron una serie de textos llamados Evangelios apócrifos, que intentan llenar esos espacios con relatos milagrosos y legendarios. Aunque no forman parte del canon bíblico, fueron populares en ciertos círculos cristianos primitivos y medievales.

Entre estos textos está el Evangelio del Pseudo Tomás, un texto, probablemente escrito en el siglo II, que relata episodios de la infancia de Jesús entre los 5 y los 12 años. Algunos de los episodios más llamativos incluyen a Jesús modelando pajaritos de barro y dándoles vida. En otra ocasión narra cómo castigó con la muerte a un niño que lo empujó y luego revivirlo. O realizando milagros espontáneos, como estirar una tabla para ayudar a su padre José en la carpintería.

El Evangelio Árabe de la Infancia combina relatos de otros evangelios apócrifos y agrega elementos propios, como milagros realizados por Jesús en Egipto durante la huida con María y José. La curación de enfermos, animales y personas heridas. La interacción de Jesús con ídolos, que caen a su paso.

Otro texto es el Evangelio Armenio de la infancia, que nos narra la adoración de los Magos, y es este autor quien les describe como hermanos y nos facilita sus nombres, siendo el primero “Melkon”, que reinaba sobre los persas, después “Baltasar”, que reinaba sobre los indios y el tercero “Gaspar”, que tenía en posesión el país de los árabes. Este texto también narra algunas travesuras de Jesús en el brocal de un pozo o haciendo que un árbol se inclinara para que subieran otros niños con él.

Estos relatos muestran a un Jesús-niño con un poder inmenso, a veces caprichoso o severo, pero que también aprende a controlar su poder con el tiempo. El tono es casi legendario y refleja una preocupación por explicar cómo alguien tan divino pudo vivir una infancia humana.

En resumen los evangelios canónicos presentan a un Jesús cuyo nacimiento está rodeado de eventos extraordinarios, pero cuya infancia transcurre en gran medida en silencio. Los autores canónicos parecían más interesados en su papel como Mesías adulto que en detallar su niñez.

En contraste, los evangelios apócrifos buscan explicar lo que los canónicos no abordan, presentando a un niño Jesús poderoso, a veces temido, pero también en formación

Teológicamente, la Iglesia rechazó estos relatos por su carácter legendario, su falta de fundamento apostólico y por presentar una imagen de Jesús poco coherente con la humildad que caracteriza su figura en los textos canónicos.

Como conclusión la infancia de Jesús sigue siendo una etapa enigmática. Mientras que Mateo y Lucas ofrecen algunos pasajes significativos, Marcos y Juan omiten totalmente esta fase. Los Evangelios apócrifos suplen esa ausencia con relatos maravillosos, que aunque no aceptados oficialmente por la Iglesia, permiten vislumbrar cómo las primeras comunidades cristianas buscaban entender la encarnación de Dios desde el principio de la vida humana. Estos textos, aunque no históricos, siguen siendo valiosos para el estudio de la literatura cristiana primitiva, la devoción popular y la evolución de la cristología. Estos Evangelios apócrifos están recopilados en el libro: Los Evangelios apócrifos. Autor Aurelio de Santos Otero, editorial Biblioteca de Autores Cristianos (BAC).

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