Más allá de la Medicina…

Fr. , OCD | Una de esas frases de San Juan de la Cruz que más se difunden y llegan hasta lo más profundo de nuestro corazón es esa que dice “Callar y obrar”. Es bien directo. No da rodeos, va al grano, a la vida de todo cristiano. Silencio y trabajo. Callar y trabajar. Y de ahí damos el paso a orar y poner en práctica lo que recibimos en la oración. ¿Y no es lo mismo que hace el mismo Cristo siempre que llega un momento crucial en su vida? Recordemos la elección de los doce, algunos milagros, la Pasión… Es un Corazón vivo que mana vida y mucho amor. Es un Corazón abierto del que brota el agua viva que nos lleva a la vida eterna. Tenemos que llegar a esa fuente viva. Para ello contamos con maestros de vida espiritual que nos ayudan a aplicarlo mejor a nuestras vidas; de fondo está el evangelio. El evangelio es la base de toda vida cristiana: “Todo lo que pidáis al Padre en mi nombre os lo concederá. Lo que os mando es que os améis los unos a los otros” (Jn. 15,16-17).
Aquí tenemos la teoría. Pasemos a la práctica. Ha de quedar muy claro que la oración y la vida cristiana son inseparables. ¿Por qué? Muy fácil, pues porque se trata del mismo amor y de la misma renuncia que procede del amor. Es poner todo en las manos del Padre y no sólo esto; sino que hay que ir todavía más allá, es vivir abiertos a la acción del espíritu Santo que nos une y conforma, según pasa el tiempo de nuestra vida y rezamos con el corazón más abierto y puesto en Dios, al mismo Corazón de Cristo. ¡Es el amor de Cristo a toda la humanidad! ¡El amor de Dios hecho carne que no se cansa de amar! ¡Es lo que nos cambia la vida, el amor!
El amor crece y une a las personas, pero si ese amor nace de la oración ofrecida, compartida y manifestada en obras es cuando todo queda bajo un amor puro que no es otro que el del Sagrado Corazón de Jesús. Mirar ese Sagrado Corazón y pedir, agradecer, interceder, callar, obrar, esperar,… y amar. ¡Amar siempre para estar cada vez más unido a ese Corazón! Y con él amar también a la Virgen y a San José, los que conviven, custodian y ver crecer al que un día será clavado en una cruz y allí su pecho será abierto por una lanza para que su Corazón quede abierto para siempre.
Algo de esto vivo hace pocos días cuando, en una tarde de domingo, presento en la oración a dos estudiantes de medicina agobiados por los exámenes finales de curso. Les digo que rezo por ellos mientras estudian, pero que lo importante es que miren al cielo, que recen ellos también; entonces ese trabajo del estudio tendrá su recompensa. Les invito a orar unidos ante la Virgen y también con San José. Por último los llevo en oración ante el que nos ha puesto en el camino, el Hijo de María y de San José, ¡Jesucristo! ¡El Buen Pastor! ¡El Pan vivo expuesto en la custodia!
¡Hay que ir a la fuente de la oración y del obrar! Ellos lo saben; es más, lo ponen en práctica todas las semanas cuando van una tarde a adorar al Amor hecho carne que les espera en una iglesia dedicada a la Virgen. Todo les ayuda porque estudian, rezan y son coherentes con su vida de fe tanto en los estudios como en la relación con sus familiares y amigos. Además no queda todo ahí, quieren más, quieren dedicar tiempo al silencio, a callar y obrar cuando llegue el verano y tengan vacaciones. Lo piden ellos sin decirles nada, tienen sed del amor de Dios…
Entonces me acuerdo, sin decirles nada, del Beato Lucas de San José, que entre sus muchos escritos nos deja un itinerario muy completo de seguimiento de Dios a partir de Santa Teresa de Jesús y San Juan de la Cruz. Cuando llegue el momento entraremos en materia. Lo importante es que comiencen a afianzar esa unión tan importante y necesaria entre la oración y su vida cristiana. Así verán todo de otro modo, como Dios quiere y con la luz y paz que sólo Él da cuando ponemos nuestro corazón ante su Sagrado Corazón. Es uno de los primeros pasos que todo hijo de Dios debe dar en su vida. Es vital para seguir caminando.
De momento dejo aquí una muestra que puede ayudar a quitar agobios a esos universitarios que sueñan con ser médicos de cuerpos, guiados espiritualmente por médicos de almas, y también a los que dejan todo en Dios en momentos de angustia ya sea por exámenes, enfermedades, disputas, malentendidos, fallecimientos,… Siempre les digo a estos jóvenes que estudian el cuerpo humano con sus enfermedades y tratamientos que cuando uno es médico de almas va mucho más allá que ellos porque es capaz de adentrarse en el corazón de la persona. Esto es imposible cuando uno estudia Medicina. Es algo tan grande y maravilloso entrar en un alma que a través de la oración y su vida cristiana se abre a Dios para buscar la salud espiritual… Así es como mejor podemos hacer vida ese “nada te turbe, nada te espante” de Santa Teresa “porque Dios se ha complacido en formar de muy extraña manera el corazón humano: tan pequeño que una flor le entretiene y tan inmenso que sólo lo infinito puede llenarle; tan débil que una palabra le desconcierta y una sonrisa de amor le cautiva, y tan potente que ni los ángeles del cielo con su sabiduría, ni los hombres con sus astucias, ni los espíritus caídos con sus refinadas maldades pueden penetrar en él, ni adivinar sus pensamientos, ni cambiar sus inclinaciones, si él mismo no les permite la entrada. Sólo Dios conoce sus secretos y posee el misterio de su fuerza (Lucas de San José, Mi libro de consolaciones, p. 16).