Don de Inteligencia (I)

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Mons. José Ignacio Munilla, Obispo de San Sebastián | Comenzamos a tratar el don de inteligencia o don de entendimiento como también se llama.

Tanto el don de entendimiento como el don de ciencia son dones que perfeccionan, con la acción del Espíritu Santo, la virtud teologal de la fe bajo aspectos distintos como después veremos en la explicación. Por tanto, es bueno decir de entrada que los dones tienen puntos comunes, que inciden en los mismos aspectos. Lo podemos decir de estos tres dones que se insertan en el entendimiento, en la razón –el don de sabiduría, el don de entendimiento y el don de ciencia– de tal manera que cuando empiezas a explicarlos uno se pregunta ¿donde está la frontera entre uno y otro? No es tan fácil establecerla. Pero sí hay cosas especificas que ahora vamos a subrayar como por ejemplo que el don de entendimiento y de ciencia perfeccionan la virtud teologal de la fe aunque desde aspectos distintos.

El don de entendimiento ilustra el conocimiento de la fe, nos abre el sentido de las Escrituras Sagradas. Por tanto, es algo distinto al don de ciencia del cual decíamos que lo que hace es ver todas las realidades creadas, ver toda la creación, en referencia al creador; mientras que el don de entendimiento en primer lugar lo que hace mas bien es ilustrar el conocimiento de la fe con una luz especial, nos abre el sentido más profundo de las Escrituras y nos permite contemplar el conjunto de la Revelación con una armoniosa belleza, con una armonía muy grande. Es como quien asiste a un concierto y dice ‘fíjate qué conjunción tan grande tienen todos los instrumentos’ y como el director está dirigiendo en una armonía perfecta todos los instrumentos que ahí se están tocando y como suena como una única sintonía. Esto mismo es lo que permite el don de entendimiento. Permite contemplar el conjunto de la revelación viéndola con una perfecta armonía.

De tal manera que el que no tiene este don se arma como un cierto ‘lio’ y dice ‘yo es que hay cosas que no entiendo, y esto me cuesta más, y esto no se qué es…’ Sin embargo el don de entendimiento ve la perfecta armonía entre todas las verdades reveladas, entre el conjunto de la revelación. Y además, como ya hemos estado distinguiendo entre virtud y don, decimos que la virtud lógicamente hace un proceso más discursivo sin embargo el don de entendimiento no tiene que hacer un proceso de discurrir si no que es una especie de intuición, es como una aprensión de los misterios, es una especie de fogonazo que nos ilumina.

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San Francisco de Asís en sus escritos decía que los religiosos que siguen exclusivamente la letra de las Sagradas Escrituras son ‘matados por la letra’ y que también hay que seguir el Espíritu de esa letra de la Sagrada Escritura que está escrita en la Biblia. La letra únicamente lo que hace es que yo aprenda un texto, es decir, que Jesús dijo ‘tal cosa’, lo aprendo y se lo enseño a otro. Pero si yo no he recibido el Espíritu de esa letra, de ese pasaje de la Biblia, no me lo aplico, no lo hago vida. La letra sola mata, es el Espíritu el que da vida y también por lo tanto hace falta tener ese Espíritu que es el don de entendimiento para ver qué me quiere decir el Señor con este pasaje, que no solamente, ya lo sé, ya lo he entendido y se lo enseño a otro la clase de religión. No, es a mí a quien el Señor en concreto me quiere decir algo con este pasaje evangélico. Esto lo ilumina el don de entendimiento y de una manera muy especial.

Lo podemos definir –el don de entendimiento– como un hábito sobrenatural infundido en la inteligencia del hombre bajo la acción iluminadora del Espíritu Santo, que nos hace aptos para una intuición penetrante de las verdades reveladas. Esta es un poco la explicación que podemos dar: que nos hace aptos para una intuición penetrante de las verdades reveladas. No solamente de las verdades teóricas sino también de las prácticas y morales, de lo que el Señor me quiere decir a mi, aquí y ahora. Por tanto no es una teoría, una especulación de la fe, un entender las cuestiones complicadas del credo. No solamente esto sino un entender también las verdades reveladas para ti y en concreto que te quiere decir el Señor a ti y como lo aplicas esto en tu vida.

Esta es un poco la definición: un habito sobrenatural infundido en la inteligencia para que bajo la luz del Espíritu Santo tengamos una intuición penetrante de las cosas reveladas tanto las mas teóricas o la mas prácticas de nuestra vida. La virtud de la fe proporciona al entendimiento conocimiento al modo humano mientras que el don de entendimiento o de inteligencia nos hace aptos para la penetración al modo divino, al modo sobrenatural mediante una intuición.

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